Review: J Balvin | Colores

Desde al menos principio del milenio, la popularidad del reggaetón a través de Latinoamérica siempre fue alta, pero este género jamás se sintió tan global como en los últimos años. Esto fue en parte gracias al crossover de “Despacito” de Luis Fonsi y Daddy Yankee en 2017, remixado por Justin Bieber quien contribuyó a que fuese número uno en las listas estadounidenses, pero también a “Mi Gente” de J Balvin, que hoy en día cuenta con 2,6 mil millones de vistas en YouTube y llegó al top 3 del Billboard Hot 100 gracias a una versión con nada más ni nada menos que Beyoncé.

El colombiano J Balvin (nacido José Osorio en 1985) es uno de los cantantes latinos que más éxito tuvo en estos últimos años, y junto con artistas nuevos como Bad Bunny, Ozuna, Karol G, Anuel AA, Natti Natasha, Sech o Maluma llevaron a la música latina (o hispanoparlante, si se quiere incluir a Rosalía o C. Tangana) a un terreno igual al de la música anglófona en nivel de popularidad.

En su disco Vibras (2018), él llevaba al reggaetón más allá de los límites del mainstream. Sin llegar a ser experimental (como lo es en muchas instancias del “neoperreo”), lograba ser interesante y mucho más arriesgado, en parte a las producciones poco tradicionales de su aliado Sky Rompiendo, pero también dejando ver un lado agradable de su personalidad. Se podría decir que, sí, era un disco de reggaetón para quienes no les gusta el género, pero al mismo tiempo valía la pena en nivel de calidad.

Al tener un álbum tan exitoso, las expectativas estaban muy altas. Después de algunos temas sueltos y un disco colaborativo con Bad Bunny, el aclamado OASIS (2019), Balvin lanzó Colores, su quinto disco. Con una portada diseñada por el artista visual japonés Takashi Murakami, se supone que cada canción del álbum está en cierta forma inspirada por distintos colores –y excepto por la alegre colaboración con el nigeriano Mr. Eazi, “Arcoiris”, cada uno de los diez temas del disco tiene por nombre un color. Si Vibras consolidó a José como un artista respetado en el mundo de la música latina y también con los críticos musicales, Colores intenta demostrar que también vale como superestrella pop a nivel mundial, llevando lo latino a una plataforma lo más grande posible.

Igual, más allá de algo tan poco relevante como eso, no hay canción en Colores que no podría ver como un hit descomunal en el mundo hispanoparlante, e incluso llegar a un terreno mucho más amplio. Pero al mismo tiempo sacrifica toda la personalidad que demostró en sus discos anteriores. Un ejemplo de ello sería “Amarillo”, el tema que abre el disco y uno de los más decepcionantes, en el que hay rimas que suenan raras y que no ayudan a un estribillo tan mediocre (“¿Cómo te explico? No me complico / A mí me gusta pasarla rico”), o se referencian memes de hace al menos 6 años, y con una producción ligeramente influenciada en el pop africano, pero que deja mucho que desear.

Y si bien no hay otros temas que suenen tan tediosos, muchos de los temas se encuentran en una suerte de “middle of the road” que permea la mayor parte del reggaetón mainstream actual, pero no quedan bien en la música de J Balvin. Es demasiado suave para ser reggaeton, no es lo suficientemente memorable para ser pop, y no es exactamente una fusión exaltante entre ambos generos. Este es el problema de muchas de las baladas del disco – aunque hay excepciones, como “Rojo”, que logra transmitir un sentimiento más genuino a través de una producción mucho más suave y melodías super agradables.

Otros momentos en los que J Balvin brilla es cuando toma el reggaetón en su estado más sucio y puro. “Verde”, la primera canción en la carrera de Sky Rompiendo en la que este rapea, seguida por “Negro” (producida por King DouDou, quien antes trabajó con Bad Gyal, Ms. Nina o MC Buzzz) logran atraer algo del carisma de los orígenes del género. Quizás muchos puristas, en Puerto Rico y Panamá, no vieran con buenos ojos el hecho de que el colombiano se hiciese popular con una versión mucho más sanitizada de este, y a pesar de que puede verse como una suerte de búsqueda de aprobación, prueba que él es lo suficientemente versátil, y convence en este papel.

Quizás esta comparación sea muy básica, pero hace semanas atrás, su colaborador Bad Bunny lanzó YHLQMDLG, un álbum sumamente exitoso que lo solidificó como una de las estrellas más importantes del mundo de la música. Pero además de la popularidad del disco, su música tenía sustancia y sentimiento, así como también experimentación que jamás llegaba a ser vacía – se sentía como un disco que venía del puertorriqueño verdaderamente, lo que lo hizo un imán de merecidas críticas positivas. Y si bien Colores no es ni de cerca un disco malo, en verdad no tiene esa chispa que hizo el disco de Bad Bunny tan especial, ni tampoco lo que Vibras o incluso materiales anteriores como Energía (2016) y La Familia (2014) tienen.

Colores es un disco que puede llegar a ser divertido en momentos, pero también es muy calculado, marcado por decisiones cuestionables — pasando desde el mal uso de un sample de Buena Vista Social Club a el hecho de la posibilidad de retrasar el lanzamiento del mismo por la amenaza del coronavirus — y sin mayores riesgos: pone a J Balvin como si fuera una empresa multinacional de reggaetón, que colabora con artistas de todo el mundo (como Diplo o DJ Snake en este álbum), que tiene hit tras hit (como ya lo son “Blanco” o “Morado”), y que llega al mediotiempo del Super Bowl – pero que no tiene mucho más que demostrar.

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