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Daniel, I sure miss you

A través de las experiencias personales que pasamos a veces es difícil dejar ir a alguien que se convirtió esencial es nuestra cotidianidad. Daniel Johnston lo tenía claro en “Some things last a long time“:

Your picture
Is still
On my wall
On my wall
I think
About you
Often
Often
I can’t forget all the things we did
Some things last a long time
Some things last a long time

No hay tantos artistas que escribieron canciones tan tristes como lo hizo Johnston. Incluso la misma prosa era alabada constantemente por artistas como Kurt Cobain, David Bowie, Tom Waits, Flaming Lips, Yo la Tengo, incluso el creador de ‘Los Simpsons’, Matt Groening. Los rudimentos de la música de Johnston eran tan simples que daban la ilusión de que cualquiera podía hacer lo que hacía.

Johnston grabó un centenar de canciones que hablaban sobre el amor no correspondido, sus miedos, fantasmas, su percepción del cristianismo y más amor. Todas caían bajo un género ‘Lo-fi’ (Low Fidelity), que por lo general es grabado de manera casera, con equipos de baja fidelidad, sin mayores costos económicos, con el objetivo de alcanzar un sonido natural y auténtico. Estas piezas las juntaba en cintas, a las que le ponía sus dibujos de portada y las que repartía gratuitamente por la ciudad. Dentro de su extensa discografía hay más de 30 discos entre EP’s, LP’s y shows en vivo.

A finales de los 80’, Daniel alcanzó la popularidad en la escena local de Austin, Texas, haciéndose escuchar boca a boca de los jóvenes que querían conocer al artista de la voz aguda y extravagante propuesta musical. Tanto fue su éxito que la cadena MTV lo contactó para participar de un programa en vivo.

Johnston, a quien siempre me ha gustado contemplarlo y describirlo en mi cabeza como uno de los músicos más ermitaños e introspectivos del rock y amado por su inquietante presencia, murió este miércoles por causas naturales a los 58 años.

Daniel fue diagnosticado de trastorno bipolar extremo y depresión, capaz de provocar brotes de esquizofrenia. A raíz de esto, tuvo que ser internado en hospitales psiquiátricos en reiteradas veces por su maniático comportamiento. Dentro de sus delirios, él creía ser un profeta enviado por Dios para combatir con el diablo y salvar a la humanidad.

Un día quiso experimentar con drogas y probó el LSD. Los efectos del ácido, en conjunto con su enfermedad, le provocaron una tremenda inestabilidad, que conllevaron múltiples episodios de sicosis y paranoia. Uno de los más dramáticos fue al regreso de un show, iba con su padre en una avioneta cuando tuvo un repentino ataque de locura, lo que hizo perder el control del vehículo. Por suerte, su padre, que estuvo en la fuerza aérea, logró un aterrizaje forzoso. La avioneta terminó destruida, pero ellos milagrosamente quedaron ilesos.

Pero no era el estado mental y la paranoia de Johnston que lo distinguía. Era más bien elementos que lo unían a sus fanáticos. Dolor y paranoia que todos compartimos; es su capacidad de crear comunidad a pesar de, a través de, y debido a sus propias experiencias de dolor y paranoia lo que lo distingue.

En los últimos años, mientras el cuerpo de Johnston se deterioraba por el alto consumo de medicamentos, nosotros nos manteníamos acudiendo a su lírica disfrazada de desolación y sufrimiento, aquellas que había escrito en su sótano, y que describían sus reflexiones internas, siempre con ese minimalismo y pasión que lo caracteriza. Hoy lo lloramos, echando de menos su visión inocente y fantástica del mundo que lo rodeaba. Así de simple pero magnífico era Daniel Johnston. Hasta siempre.

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