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Selección Destacada: Abril y Marzo 2019

Disonancias, bajas frecuencias y letras confesionales componen los lanzamientos que más nos han atrapado en los últimos meses. Aquí les compartimos nuestras impresiones sobre estos universos musicales a los que tanto replay les hemos dado.


Marzo

Andrew Bird – My Finest Work Yet

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Dos años después de su LP Echolocations: River, Andrew Bird deja atrás su breve acercamiento a la experimentación ambient para retomar su ya cimentado estatus como una de las voces más prolíficas dentro de la esfera del indie folk.

El multinstrumentalista presenta en esta ocasión su faceta más tradicional; un álbum cargado de melodías pegajosas y un tratamiento lírico más directo, que antepone en gran medida la sutileza, experimentación y simbolismo de lanzamientos pasados frente a un estilo composicional más marcado y explosivo, centrado en la creación de momentos memorables y pasajes energéticos, recordando en ocasiones al trabajo de artistas como Father John Misty.

My Finest Work Yet ilustra uno de los trabajos más accesibles dentro del repertorio de Bird, presentando un tracklist cargado de canciones que muestran a un compositor dinámico, energético y confiado de sí mismo, una faceta atractiva que resulta en uno de sus álbumes más consistentes en más de media década. – José Mario Monge

Flume – Hi, This Is Flume

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Con 2 álbumes de estudio, 4 EPs y un Grammy bajo su manga, se podría pensar que la identidad de Flume como artista se encontraba ya cementada. Desde su mismo título, Hi, This is Flume viene a romper con esta concepción.

Los lustrosos beats y marcado énfasis melódico que fueron cimientos de Skin (2016) ahora son desfigurados al sumergirse en un delirante mundo de disonancias, donde texturas industriales y ritmos deconstruidos confrontan sin piedad.

Con la abrasividad como canvas, Flume recontextualiza la sensibilidad pop de sus idiosincrásicos trazos digitales en un novedoso paisaje sonoro; uno que en sus fugaces 35 minutos hipnotiza a través de estimulantes diálogos estéticos que retan los preconceptos sobre lo accesible, lo placentero, lo experimental y lo kitsch. – Alonso Aguilar

Helado Negro – This Is How You Smile

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Roberto Lange, mejor conocido como Helado Negro es un artista bastante prolífico, tanto que desde el 2010 ha estado produciendo material sin parar. En el caso de él, calidad y cantidad han ido de la mano. Con cada lanzamiento, se puede sentir la diversa y amplia visión de mundo que maneja.

This is How You Smile no es la excepción. El álbum es un viaje introspectivo a su pasado, mientras va avanzando, la reflexión se va tiñendo de melancolía. Se siente como ver por un cristal empañado a un pasado que ya se fue. La exposición de emociones que se logra sentir es apabullante. Todo se vuelve íntimo y cercano. Algunas frases se van quedando con nosotros, por ejemplo el final de “Please Won´t Please” will anyone rescue what’s left of me?”

Un álbum construido desde las emociones que se deja sentir, pero además musicalizado de gran manera. El sonido característico de Roberto aún funciona e incopora esta vez un piano que lo sabe aprovechar de la mejor forma. – Migue Chaves

Kokoroko – Kokoroko

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Apenas con un single en su haber, el genial proyecto de afro-beat liderado por el trompetista Sheila Maurice-Wright logra concatenar uno de los lanzamientos más dinámicos y consistentes en lo que va del año, un EP repleto de pasajes infecciosos y dinamismo que carga en sus hombros una refrescante caracterización del afro-jazz, sumando sus esfuerzos a la lista de proyectos indispensables de este subgénero que atraviesa un momento prolífico tanto en cantidad como en calidad.

Con cuatro canciones, el octeto presenta uno de los más consolidados acercamientos rítmicos respecto a la fusión de estilos de jazz, modelando su intensidad de forma impecable y permitiendo momentos de singular complejidad y dinamismo seguidos de pasajes más reflexivos y un tratamiento más sutil, como en el caso de la magnífica “Uman”.

Kokoroko, vocablo del dialecto Orobe (Nigeria) que significa “sé fuerte” resulta el descriptivo perfecto para este novel proyecto londinense, que busca reafirmar el trabajo de artistas como Ebo Taylor, Fela Kuti y Tony Allen, y de paso generar una visión propia de este formato de jazz memorable y energético infundido de elementos influencia de música africana. – José Mario Monge

Oso Leone – Gallery Love

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El mes de marzo nos regaló mucha música, sin embargo el último disco de la banda española Oso Leone, destaca virtuosamente por varias razones: La agrupación alcanza con Gallery Love, su primer disco desde 2013, una producción mucho más profesional respecto a sus anteriores, y con algunos cambios en alineación han logrado una transformación estilística importante que se acomoda delicadamente . Un aire R&B, Jazz y Digital Soul se mezcla casi perfectamente creando atmósferas sencillas, suaves y hasta seductoras, apoyadas por la voz de Xavi Marín en un falsete permanente muy al estilo de Rhye.

Está claro que Oso Leone no es una banda que se estanca y es posible que escuchemos más de su evolución en producciones por venir sin embargo, y de momento Gallery Love es una delicada delicia que se degusta con calma. – Stuart Roldán

Tanya Tagaq – Toothsayer

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La artista canadiense Tanya Tagaq regresa en 2019 con Toothsayer, la más reciente iteración de su proyecto experimental de música, que continúa la yuxtaposición de estilos y géneros musicales en favor del desarrollo de un complejo juego de voces y atmósferas cuyo único propósito parece ser desconcertar al oyente de la forma más espeluznante posible.

Este nuevo EP es el segundo abordaje de corta duración en la carrera de la canadiense, un esfuerzo monumental que condensa el increíble tratamiento de la artista respecto a las tradiciones de la música inuit, contraponiéndolas con un característico acercamiento a la música electrónica que lleva más allá la naturaleza cruda y animalística de las interpretaciones vocales y logra poner en perspectiva las asperezas melódicas y rítmicas como un elemento más de esta fusión de estilos complejos y poco accesibles de música.

Con Toothsayer, Tagaq continúa su intrigante experimentación con sonidos tradicionales de la música inuit, fusionando el canto de garganta, los juegos vocales (katajjaq) y los pasajes ritualísticos de música electrónica con una apabullante concatenación de atmósferas ambient, que resultan en uno de los lanzamientos más siniestros e hipnóticos del año. – José Mario Monge

Abril

Cala Vento – Balanceo

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3 discos de larga duración en 3 años y una fanaticada que cruza el océano es algo sorprendente para esta joven banda. Luego de Cala Vento (2016) y Fruto Panorama (2017) este dúo tenía la barra bastante alta, sin embargo, la creatividad musical de estos dos jóvenes españoles parece no tener límites. Balanceo, nombre de su tercer disco, es justo el álbum que estábamos esperando una vez que terminamos de escuchar Fruto Panorama por primera vez.

Una vez más, esta banda de Barcelona nos enamora con su música y nos obliga a cantar cada una de sus canciones a todo pulmón, siendo imposible resistirse a sus riffs de guitarra repentinos y distorsionados, o a la batería técnica y coherente. Balanceo es un discazo que sirve como música de fondo, como soundtrack o como titular principal. – Stuart Roldán

Fontaines D.C. – Dogrel

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Para tiempos convulsos y llenos de angustia  es necesario un soundtrack que refleje esos aspectos crudos de la realidad. La banda de Dublín Fontaines DC se encarga de hacerlo desde la trinchera del irreverente punk y el catártico post-punk, encontrando así una trinchera que explota y se expande de gran forma.  

La angustia es la constante en su debut, esa sensación pesada de impotencia y frustración encuentra un nicho en Dogrel. Desde el inicio el golpe es tremendo. Se vaticina un viaje catártico de emociones explosivas. Conforme se avanza, la ira y la energía crece cada tanto, canciones como “Too Real”  ”Hurricane Laughter”, son el ejemplo de la fuerza arremetedora que la banda posee.

Dogrel es una producción que intenta ser el soundtrack para una generación cansada y decepcionada. La ira y su sonido crudo son esas piezas claves que hacen del disco uno remarcable. – Migue Chaves

Kelsey Lu – Blood

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Kelsey Lu tiene mucha experiencia contribuyendo para discos de artistas tan variados como Florence + the Machine, Lady Gaga, Solange o Oneohtrix Point Never, principalmente como cellista. Pero también es bastante reconocida por su música propia, su estilo único de folk barroco y pop experimental que demostró con su EP debut Church en 2016.

Habiendo pasado casi tres años, se podría esperar que su primer álbum sea una extensión de sus primeras canciones, expandiendo más su paleta sonora. Y Blood hace exactamente eso, aunque de una forma mucho más diversa – temas como “Poor Fake”, puramente disco, “Due West”, una oda a California con tintes ligeros de música dancehall, o el dark ambient de “Down2ridE” no podrían existir en un contexto limitado, y surgen como experimentaciones exitosas que conviven de forma coherente con la música más orquestal y majestuosa del resto del álbum.

Pero algo en lo que también es exitoso este disco es en transmitir emociones. Blood es un disco rico en letras conmovedoras y melodías suaves, que logra un balance casi perfecto entre composiciones accesibles que puedan llegar a un público masivo y la innovación sonora. Kelsey Lu demuestra todas sus fuerzas y talentos en este, uno de los discos debuts más sorprendentes y consistentes de lo que va del año. – Tomás Gauna

Slauson Malone – A Quiet Farwell, 2016-2018

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Jasper Marsalis fue parte del colectivo neoyorquino Standing on the Corner, que además de colaborar con artistas como Earl Sweatshirt, Solange o MIKE, innovó con una amalgamación de estilos del hip hop más experimental, samples, jazz vanguardista, soul y psicodelia, pasado por un filtro lo-fi moderno.

Marsalis no pertenece más a Standing on the Corner, pero continúa haciendo música bajo el seudónimo Slauson Malone. Si bien mantiene el espíritu de su trabajo dentro del colectivo, también se da a lugar a experimentar, y lo hace – mucho. A Quiet Farwell, 2016-2018 es más atmosférico, impredecible, cercano a los trabajos basados en collages de gente como Klein, Elysia Crampton o Yves Tumor que a cualquier obra de hip hop de estos últimos años.

Sin embargo, el uso de samples, los estilos chopped and screwed y las colaboraciones de personas como Maxo o Pink Siifu lo siguen mantienendo dentro del mundo del rap – aunque sea en su forma más abstracta posible. De todas formas, eso es lo que lo hace tan atractivo e interesante en primer lugar. – Tomás Gauna

Sunn 0))) – Life Metal

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A lo largo de la historia de la humanidad, las múltiples interpretaciones del apocalipsis se han visto plasmadas en variedad de representaciones. Algunas severas, otras esperanzadoras, unas más esotéricas. Las mitologías pueden cambiar, así como las implicaciones que se entienden, pero la esencia devastadora del acontecimiento se mantiene infranqueable. Lo mismo sucede con la discografía de Sunn 0))).

Amparados desde siempre en el espectro más atmosférico de la música extrema, el icónico proyecto estadounidense se ha distinguido por un compromiso ontológico con la exploración de las bajas frecuencias y sus posibilidades de inmersión sensorial. En Life Metal esto significa alejarse de los lares más ominosos en favor de un tanteo con la luminosidad. La maldad avasalladora da lugar entonces a una contemplación más etérea. Una masa amorfa y fogosa, que así como el arte del álbum, refleja una lucha interna por contenerse.

De la mano del gran Steve Albini en producción, Sunn 0))) logra amplificar la visceralidad de su búsqueda de lo trascendental en un trance contemplativo donde las guitarras reemplazan a las trompetas del apocalipsis y el fin se anticipa desde el retumbar de los amplificadores. – Alonso Aguilar

Weyes Blood – Titanic Rising

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Weyes Blood da su producción hasta ahora más completa en todo sentido, desde la musicalización que logra ser una unión entre lo clásico y lo moderno, una voz que brilla sobre cualquier otro elemento, y además una temática que logra encantar.

El amor, concepto tan cliché y tan explotado en cualquier arte. Qué no se ha dicho y qué no se ha hecho en su nombre. Titanic Rising decide apropiarlo, pero su abordaje es definirlo paulatinamente. Diseccionar el concepto y construir uno propio.  Poco a poco en su viaje conoce y re-interpreta el sentimiento. Desde su visión realista, incorpora sensaciones como el dolor, la pérdida, las inseguridades. No intenta idealizar el amor, lo vive y lo vive como una experiencia humana e imperfecta, una experiencia total. Quizá su súplica “give me something to believe in”,  ayude a entender la fuerza con que la artista desea abrazar esa totalidad de emociones que conlleva tal ideal. Migue Chaves

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