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En 2019, el hip-hop es arte, intelecto y negritud

Camp Flog Gnaw, Day 2, Los Angeles, USA - 13 Nov 2016

Luego de seguir los lanzamientos de hip-hop en los últimos años, se puede plantear la existencia de una “nueva generación” de raperos que retoman una narrativa sobre la negritud similar a la elaborada por intelectuales africanos, antillanos y afroamericanos a lo largo del siglo XX. Esta  está caracterizada por anhelos personales, la construcción de una identidad artística –y su consecuente comunidad–, la vivencia cotidiana de los suburbios, la discriminación y los juegos (contradictorios) de la asimilación étnico-racial en la definición de una identidad individual y colectiva.

Efectivamente, se puede pensar en la existencia de distintas “generaciones” de raperos, marcadas por la historicidad misma del género musical. No obstante, sus diferencias yacen en la forma de construir esas narrativas, el andamiaje musical que la soporta y la proyecta al público, y los recursos literarios y visuales empleados, no necesariamente por los discursos, conceptos y representaciones que conforman la narrativa. Es decir, el argumento inicial era excesivamente presentista, porque limitaba al hip-hop de su condición histórica inherente y de su cualidad artística natural.

En ese sentido, el hip-hop representa una vanguardia dentro la escena musical afrodescendiente, con el mismo impacto del blues, el jazz, el soul y el funk. En el 2018, el género fue canónicamente reconocido como una forma de creación literaria con cualidades únicas. El álbum DAMN. (2017) de Kendrick Lamar fue descrito en el comunicado oficial del Pulitzer como “una colección virtuosa de canciones unificadas por su autenticidad vernácula y dinamismo rítmico que ofrece anécdotas que tratan la complejidad de la vida afroamericana moderna”.

De esta forma, el hip-hop como creación literaria –y como un tipo de relato– con un estilo lírico y poético único tiene un impacto histórico en la conformación de narrativas y subjetividades sobre la negritud. Ese tipo de creación puede formar parte de la red artístico-intelectual de la negritud que se construyó desde el siglo XIX y que se intensificó en el siglo XX. Una red caracterizada por la construcción de conceptos propios, la utilización de distintos medios divulgativos, la comunicación global y la retroalimentación mutua.

Raza e integración

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Marcus Garvey

Desde la década de 1910, el activista jamaiquino –radicado en Costa Rica y posteriormente en Estados Unidos– Marcus Garvey conceptualizó la negritud como la definición de una “verdadera raza negra”, anclada en valores como la fe, la confianza en Dios, la disciplina y la ética. Para Garvey, la negritud era una condición prístina, no asimilada o europeizada, que se materializaba en el retorno a la nación africana, tierra prometida del futuro.

Algunos años después, el poeta y político martiniqués Aimé Césaire conceptualizó la negritud como una reivindicación a descubrir una identidad propia, activa y diversa, con distintos escenarios más allá del propio continente africano; una identidad transnacional sobre la base de una revolución cultural. Para Césaire, el tiempo desempeña un rol central en la construcción de esa identidad: recordar el pasado, determinado por el colonialismo, pero a la vez imaginar un futuro de liberación.

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Aimé Césaire

Esos son solo dos ejemplos de una red que se extendió a lo largo del siglo XX y por múltiples espacios, y que contiene nombres como los de W.E.B Dubois, Booker T. Washington, Franz Fanon, René Depestre, Édouard Glissant, Angela Davis, Dorothy Ashby, John Coltrane, Charles Mingus, Alice Coltrane, LeRoi Jones, Martin L. King, Malcom X, Jean-Michel Basquiat, Erykah Badu…

Esa red, como movimiento político, artístico e intelectual, debe ser entendida como un fenómeno global, que no debe ser definida en términos de un partido político, clase o grupo étnico, sino como un pensamiento profundo agrupado en torno a conceptos, identidades, ideas e -ismos. La negritud, como concepto y lucha identitaria, es diversa y transcultural, y una reivindicación humana histórica.

Negritud(es) en el hip-hop

En enero de 2018 murió Keorapetse Kgositsile, poeta sudafricano con una importante carrera en el Congreso Nacional Africano durante las décadas de 1960 y 1970, y estudioso de las manifestaciones culturales afro. En uno de sus poemas, titulado No Serenity Here, Kgositsile nos dice:

A finales del 2018, el rapero estadounidense Thebe Kgositsile –mejor conocido como Earl Sweatshirt– lanzó el álbum Some Rap Songs. En la letra del tema “The Mint, ejecutada junto con el rapero/productor neoyorquino Navy Blue, los artistas rapean con un tono que llama casi a la tranquilidad:

El verso “Crackers pilin’ in to the rape” contiene una fuerte crítica contra el colonialismo. La palabra “cracker” es un término popular utilizado para describir a la gente blanca y que hace referencia al tono de piel. En una entrevista publicada por Pitchfork en enero de 2019, Sweatshirt manifestó que ese verso “es una línea atemporal”, y que su álbum está “explícitamente concebido para oyentes negros […] es para una ecuación química específica.”

Además de la consanguinidad, a ambos poetas los une una narrativa común. Padre e hijo nos hablan de identidades comunes, que se construyen sobre la base de una crítica descolonial, y que a la vez tienen su raíz en viejos conceptos de una red artístico-intelectual histórica. Los medios son distintos: uno mediante un tipo de poesía universalmente reconocida, otro a través de un tipo de poesía recientemente aceptada. Los fines son los mismos: construir una identidad individual y colectiva, a la vez que esa red histórica se sigue (re)construyendo.

El hip-hop es múltiple, camaleónico. Se vincula geográficamente en distintas direcciones y refiere a identidades diversas. Mezcla numerosos ritmos, como el reggae, el house, el dub, el funk, el jazz, los ritmos latinos y africanos. Puede ser reproducido en grandes conciertos, clubs, pubs, fiestas caseras y, por supuesto, la calle. Son múltiples narrativas e identidades, que discuten y polemizan en el mismo sentido que se hizo décadas atrás.

Este tipo de expresión corresponde a la generación post-boom demográfico de la segunda mitad del siglo XX y es producto de una década de políticas conservadoras reaganianas, que dieron pie a un retroceso al proceso de desegregación y apertura del sistema educativo estadounidense. Desde sus inicios, el rap de los pioneros Afrika Bambaataa enfrentó esas políticas a través del afroactivismo del grupo Zulu Nation. Otras narrativas de enfrentamiento directo llegaron de la pluma de raperos como Schoolly D., Ice T. y N.W.A, que exaltaba la violencia como forma de luchar contra un racismo estructural..

Aún si no propone una confrontación directa, el álbum Some Rap Songs de Sweatshirt trata temáticas relacionadas con la muerte de su padre, la depresión, la visión del mundo en su carrera artística y el tributo a la música africana como patrimonio universal; es decir, la libertad artística para hablar sobre algo que históricamente le fue negado a la comunidad afrodescendiente. Todo sobre la base de rimas consistentes, una lírica con sustento popular e ingenio literario, y beats que rompen con la historicidad musical.

El sampleado, técnica de producción que ha existido por décadas, pero que el hip-hop ha explotado con una maestría absoluta, es un recurso que cumple esa función de recuperación histórica. En los temas “Shattered Dreams”, “Playing Possum” y “Riot!”, Sweatshirt incorpora samples del famoso discurso “The Artist’s Struggle for Integrity” de James Baldwin, el poema “Longer Than Sorrow” de su padre y la canción del compositor sudafricano Hugh Masekela. Ese tipo de referencias muestran una memoria amplia y con un sentido de la espacialidad global.

Otro ejemplo es el aclamado To Pimp a Butterfly (2015) de Kendrick Lamar, del cual se ha afirmado que representa el renacimiento del posmodernismo negro, como un álbum que explota la permeabilidad del rap, a través de una ambiciosa lírica callejera y una fuerte crítica sociopolítica. Es un tipo de creación artística que supera al artista mismo, al incorporar múltiples voces que refieren a múltiples narrativas. Sin duda, los juegos de la cosificación y la asimilación –de los cuales Lamar discute constantemente en su obra– se encuentran en ellas.

La(s) negritud(es) del hip-hop están marcadas por ambigüedades, metáforas y conceptos. Esa construcción queda plasmada en el corto Nowhere, Nobody (2019) de Sweatshirt, que muestra la cotidianidad de los barrios afroamericanos, pero a la vez se adentra en la narrativa de la asimilación a partir de metáforas visuales.

En el género actual se encuentran identidades que tienen a la negritud como eje central, pero que a la vez –como se refleja en el corto– están en disputa. Interactúan con la etnicidad, el género, la transnacionalidad, entre otros. Esto permite señalar que, al igual que lo hicieron artistas e intelectuales décadas atrás, los raperos discuten sobre conceptos  que definen esa identidad milenaria. Como señalan Foster Wallace y Costello, el rap es “el movimiento más revolucionario en diez años [y lo podemos extender el presente]… un movimiento que cuenta con parecidos al posmodernismo en arte, narrativa, música y poesía”.

En 2019, sus ritmos y estética son disfrutadas y apropiadas como parte de la cultura pop, pero es importante destacar y concebir un trasfondo de importancia histórica trascendental.

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