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Entrevista Chema Alfaro (El Sótano): “El primer producto de consumo fue la cultura”

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Fotografías: Gerson Vargas

Hace unas semanas, tras el anuncio del cierre de Amón Solar y El Sótano, recordabamos algunos de los momentos que marcaron sus 5 años como uno de los espacios referentes de la actividad cultural en San José. Esas memorias son las que evoca la mera mención del lugar, un espacio que a todas luces se apreciaba por su compromiso con facilitar un panorama artístico heterogéneo y diverso.

Al considerar la conversación que su cierre trae a la mesa en torno a la gestión cultural y la vacante que deja en oferta artística, decidimos conversar con su director durante estos años, José María Alfaro, sobre las razones detrás y lo que se puede vislumbrar a futuro en esta área tan complicada.


DTTR: Luego de ser un espacio referente por cinco años, se ha mencionado el cierre por motivos de insolvencia económica, pero ¿por qué en este momento específico?

José María Alfaro: Bueno, este año se juntaron muchas cosas. Hay un productor nacional digamos, que nos debe un montón de plata desde noviembre del año pasado de un concierto internacional que hicimos y ahora se está haciendo “el ruso”.

Entonces desde ese momento en noviembre venimos como con los brazos atados para trabajar y eso es algo que se hace más grande, ¿verdad?

Cuando uno está tratando de tapar huecos y ver de dónde saca plata para hacer más cosas, hay cosas que fallan o que no se pueden resolver antes y le impiden a uno funcionar bien y generar más dinero.

Este año creemos que se unió un poco a la situación política del país, ¿verdad? En el cambio de Gobierno la gente siempre está un poco más temerosa y en especial este año con todo este tema del déficit fiscal di la gente está viendo a ver ¿qué va a suceder? Y con mucho miedo entonces no están consumiendo tanto y lo primero que dejan de consumir es la cultura, ¿verdad? Que no es un bien necesario, o sea básico para la sobrevivencia.

Este… y para rematar, hace como la semana ante pasada, tuvimos un par de conciertos en un fin de semana que teníamos varios conciertos internacionales a los cuáles no asistió la cantidad de gente necesaria para cubrir los costos del artista, digamos: los pasajes aéreos, hospedaje, la alimentación y el fee del artista y también fue como ya una decepción… este… ver eventos que parecían de súper alta calidad, pero la gente di al final no respondió y ya fue cómo… ya la decisión de también desde un punto donde ya no se podía sostener económicamente el proyecto.

DTTR: En los últimos años ha habido todo un ciclo de cierres. Empezó en el Steinvorth, el Lobo Estepario, el Hoxton, ahora el Sótano. ¿Cuál es la relación entre productores y espacio culturales aquí en el país? ¿Existe un futuro en donde se puede llegar a un equilibrio en el que esta idea de legitimizar el arte sea sostenible?

JMA: Bueno, yo creo que cada caso es específico, ¿verdad? No creo que todos los casos que mencionó que han cerrado o cambiado su manera de operar, como es el caso del que mencionó del Steinvorth, sigue funcionando pero de una manera muy diferente. Igual, tampoco es comparable lo que hacía el Hoxton con nosotros (El Sótano). El Hoxton era más un bar, a veces hacía conciertos, pero nosotros teníamos conciertos de lunes a domingo, todos los días, todas las semanas, varios conciertos y yo nunca vi un concierto de calypso o una obra de teatro. ¿Me entiende? Era muy diferente.

Nosotros no hacíamos Ladies Nights, ni carajadas de estas que son de un bar para vender licor. Nosotros siempre intentamos que en nuestros eventos el primer producto de consumo fuera la cultura. Y eso fue, por lo menos, lo que nos llevó a nosotros a una situación complicada porque estábamos produciendo un altísimo volumen de eventos culturales con un alto valor social y cultural, pero no altamente rentables.

Invertir miles de dólares en traer a un artista de jazz internacional que anda por todo el mundo tocando y traerlo aquí a un precio accesible no es la idea más rentable. Digamos, pero en nuestra cabeza es de mucho valor para la sociedad.

Y por eso, creo que causa tanto revuelo y tanta conmoción dentro del área, de no solo de los artistas, sino del público el anuncio del cierre. Nosotros no esperábamos que nos fueran a dar tanta bola porque con los otros espacios no sucedió así y creo que es porque la gente resintió mucho la perdida porque entendieron que el objetivo de este lugar no era necesariamente sacarles la plata. Si no más bien hacer como una labor social y abrir y presentar proyectos que nadie más estaba haciendo.

Por eso, no existe un lugar como este en todo el país y no se puede ni comparar con ningún otro espacio, creo.

 

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DTTR: Bueno, de hecho más allá de la amplia gama y la diversidad de las propuestas que acuñaron en todos estos años siempre había como un notable sentido de curaduría, . ¿Para usted cómo se componía esto? ¿Y si le parece realista en un ámbito tan difícil como es la cultura aquí en Costa Rica?

JMA: Bueno, nosotros siempre tratamos de “curar”, al principio yo y un francés que trabajaba con nosotros, pero también tratábamos de decirle que sí a la mayor cantidad de cosas. Que esa es una de las diferencias que nos separa de otros venues musicales que han existido o que todavía están. Que usted a la hora de tomar solamente en consideración el dinero en la programación, entonces ya deja ser un espacio verdaderamente cultural.

Y se llena de conciertos de covers, tributos, stand up comedy, noches de plancha y complacencias de Luis Miguel en videos. Entonces ya no es un centro cultural, es lugar que ok tiene ciertos espacios para cultura y así, pero están sujetos a que generen dinero y no a la realidad, ¿verdad? O sea, nosotros aquí teníamos conciertos con bandas underground de Palmares y les prestábamos el espacio para que grabaran videos y cuando no tenían plata para devolverse o algo así di son familia y se quedaban a dormir aquí. Yo no sé en qué otro venue entraban esos costos y riesgos por creer en un proyecto que tal vez no es económicamente viable, pero para nosotros tenía mucho valor cultural.

DTTR: ¿Cómo concibe ese estandarte del Sótano de  “Activismo Cultural”? Y si va de la mano con la dimensión social que tiene el espacio, considerando el apoyo a las luchas feministas y eventos como  “Ruido por Amor”.

JMA: Bueno, es interesante que mencione esto del “Activismo Cultural” porque últimamente se lo he escuchado a mucha gente decir y ya lo utilizan como una cuestión propia. Ese es el lema Amón Solar de “Activismo Cultural” y ya se le metió en la cabeza a muchas personas que lo están adoptando para definir sus actividades o su gestión y es lindísimo porque significa que fue como una chispa dentro del ecosistema que generó que otra gente tomaran esta idea del “Activismo Cultural” para empezar a hacer las cosas uno porque el Gobierno no las va a hacer y si no las hace uno, nadie las va a hacer. Un poco esa fue la idea de este proyecto.

Yo estaba aquí y sentía que había un vacío de espacios que cierto tipo de proyectos no estaban recibiendo espacios. Muchos músicos nos decían: “uno va a otros lugares de este país y llega con una propuesta de música original y le ofrecen el martes” porque di el viernes y el sábado tiene que llenar. Entonces hacen un especial de Pink Floyd o el de Pearl Jam. Nosotros intentamos darle este espacio aquí a los músicos que están haciendo música original, siempre.

No sé, ni tengo idea de cuántos grupos hicieron su lanzamiento de disco aquí, grabaron sus videos aquí, hacían ensayos, aquí teníamos talleres… Una cuestión como esto de la lucha feminista y eso fue una cuestión que ya demostraba un poco que el proyecto se estaba saliendo ya nada más de ser mucho menos un bar, como dicen algunos, y un centro cultural que ya está tomando una posición política frente a la gente. En el concierto de “Ruido por Amor” también la coyuntura en la que se dio de las elecciones más recientes; un espacio súper interesante a dónde la gente podía venir y sentirse apoyada, que pertenecían a un grupo, que sentían que todo este discurso discriminatorio no iba a prevalecer.

La verdad, fueron un montón de cosas que creo que valieron la pena aunque hayamos sufrido tanto económicamente para mantener el espacio porque también ahora hay un montón de gente que sale y habla y dice que “una mala gestión y esto y lo otro”. Pero es gente que nunca ha producido nada, ¿verdad? No tiene la menor idea de qué es producir en un espacio de este tamaño. Una cosa es producir cuatro eventos al mes o un evento cada dos meses; otra cosa es producir 60 en un mes con múltiples bandas, diferentes géneros, diferentes vertientes artísticas y además mantener una casa de casi 100 años y un staff fijo… y pagar cargas sociales y pagar los impuestos y pagar patentes y luz y agua y impuestos territoriales, entonces es también como hemos recibido di… este… apoyo, hay cierta gente que di que tal vez está hablando más de lo que deberían, me parece.

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DTTR: Dentro de las expectativas que tenía inicialmente cuando empezó el proyecto y ahora un poco retrospectiva, ¿con qué se queda como legado que podría quedar del espacio? Y ¿qué cosas le hubieran gustado que quizá no se cumplieron totalmente?

JMA: Claro, yo creo que eso del activismo cultural. Escuchar a tanta gente usando el término que antes no se oía en el ecosistema. Ya eso es la semilla de lo que nosotros hacíamos. La gente, verdaderamente mucha, lo entendió. Que es eso, soñar con un espacio o proyectos que están enfocados en el valor cultural y no en el valor económico. Porque di es que si no estamos destinados a perder un montón de cosas y como cultura en general hay un montón de expresiones artísticas que se van a perder porque no son rentables.

Una cosa que este espacio siempre abogó era por la diversidad. Yo decía un poco en broma que aquí no teníamos discriminación de género aquí hacíamos rock n’ roll, reggae, jazz, blues, funk, música experimental, noise, calypso, tango, música clásica, de cámara, cantautores, ni sé. Entonces era como una broma, discriminación de género, pero también porque teníamos toda la apertura hacia todas las corrientes sociales o de expresión. Siempre quisimos creer que teníamos un espacio que por medio de esa diversidad como que refleja esa diversidad y esa tolerancia que necesitamos en la sociedad.

Di estamos aquí, la casa está en un punto muy conflictivo de San José. Ahora la gente como ya se acostumbró y tenemos seis años casi de estar aquí ni recuerdan. Pero nosotros sí nos acordamos cómo era la esquina de Vips hace seis años. Las peleas que se veían a cada rato o redadas y violencia y cosas casi que desaparecieron totalmente. O sea, el negocio sigue ahí, pero a un nivel muchísimo más tranquilo que cuando nosotros abrimos.

Entonces se puede lo que un proyecto cultural puede tener sobre un espacio de la ciudad. Que es lo más triste cuando teníamos que luchar contra el Gobierno, contra la municipalidad para mantenernos abiertos y venían a cerrarnos como si estuviéramos haciendo cosas malas digamos o crimen cuando uno ve en la California que apuñalan ocho veces a un muchacho un fin de semana y nosotros estamos más cerca de la Zona Roja aquí en San José y nunca en la historia del Sótano se escuchó una historia así. Por lo mismo, porque la gente viene aquí a consumir cultura, el licor es secundario.

DTTR: En cuanto a esto que menciona de convergencia cultural, ¿cuál fue la percepción desde la perspectiva artística a hacer este tipo de iniciativa en la que sabían que estaban tocando, no sé, metal aquí abajo (en el Sótano) y arriba está sonando Calypso (en Amón Solar)? ¿Cómo se encuentra este sentido de comunidad más allá del género? Porque también es bien sabido que las escenas en Costa Rica son  bastante recluídas.

JMA: Yo creo que al principio la gente no entendía y creían que estábamos como un poco locos. Pero después, la gente como que se fue dando cuenta de lo interesante que lo hacía porque entonces habían diferentes tipos de público en la casa conviviendo al mismo tiempo y no se generaba ese elitismo o ese sentimiento de que era un grupo cerrado de gente y por esa misma cosa era tan interesante porque promovía la tolerancia porque digamos aquí abajo podía haber una reunión o un conversatorio de música latina y salsa y arriba un concierto de rock alternativo y entonces la gente de la salsa se echaba un ojo así y ya tal vez no le iban… o de metal y ya no le iban a tener tanto miedo en la calle cuando vieran gente pasar con unas chaquetas de cuero y pelo en picos. Generaba este roce forzado de diferentes vertientes culturales que es valiosísimo para vivir en una sociedad con menos discriminación y más tolerancia.

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DTTR: Este tipo iniciativas aquí en Costa Rica siempre suelen ser autogestionadas, ¿no hay una luz en el Gobierno desde donde la gestión cultural se pueda dar de otra forma?

JMA: Esa va a ser nuestra próxima lucha. Creemos totalmente en el proyecto, todavía seguimos creyendo. Y en otras partes del mundo, que tal vez esta legislación es más avanzada existe todo un marco legal para proteger específicamente este tipo de proyectos.

En Inglaterra, justo este año hay un proyecto que está así firmado y avalado por gente como Paul McCartney para defender los venues que están enfocados en música local de pequeña y mediana escala como el dice sin este tipo de lugares los músicos no tienen a dónde empezar, a donde darse a conocer. Y si los otros lugares de este país no les están dando espacio, tienen que existir estos lugares. Porque si no la escena muere porque no existe un lugar para las bandas nuevas.

En Colombia, existe todo un proyecto de ley que se llama la Ley de Espectáculos Públicos que es la que estaríamos tratando de escribir y redactar por parte de un cierto grupo de personas y por parte de nuestra propia experiencia y los proyectos que ya existen en otros países. Donde se da una serie… un reglamento que apoya e incentiva por parte del Estado este tipo de lugares.

Porque digamos la escena de la música y de las artes ocupa de ciertos diferentes actores. Los artistas no son nadie si no tienen un espacio donde presentar su trabajo. Entonces tenemos que trabajar en conjunto los productores, los espacios y los artistas para generar un ecosistema saludable y en este año han cerrado como tres o cuatro proyectos culturales privados también. La Casona Iluminada, que era más de teatro que quedaba aquí cerca como a 200 metros. Y las Moiras que también era un espacio escénico que creo que acababa de cumplir un año está en proceso cómo de un cierre técnico.

Entonces es como una epidemia y hay algo detrás de lo que está sucediendo y eso fue lo que vieron en Inglaterra. En Inglaterra era una cosa así como que el 30% o el 40% de los lugares pequeños habían cerrado el último año.

Y entonces la idea es ver qué es lo que está pasando y ver qué se puede hacer. Ya sea para que nosotros abrir en un futuro otra vez o para los que vengan más adelante tengan el camino que sea un poquito más fácil.

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