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De lo humano y lo divino: Conversando con Cristóbal Briceño

En esta entrevista conversamos con el cantautor chileno Cristóbal Briceño respecto a distintos aspectos que rondan su actividad musical y personal, los cuales van desde su visión del entretenimiento, qué es ser un artista y el deber formativo que ha tomado el discurso en las canciones de Ases Falsos durante el último tiempo.

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Cristóbal Briceño: Hay en taller unas 300 o 400 canciones que están ahí, listas para salir a la cancha cuando se requiera y que tienen la chance de ser publicadas, porque tengo muchas descartadas. Tengo una carpeta que se llama “Arsenal de demos”.

DTTR: ¿Y las vas ordenando todas en otras carpetas más?

CB: Sí, por proyectos cuando más o menos siento para donde van. Además, tengo una carpeta que se llama “pack de buenos temas” y ahí deben haber más o menos 150 o 200 temas que pueden ir para cualquier lado, que todavía no tienen identidad definida. Pero la mayoría está sin letra, son sólo ideas melódicas, que para mí es lo más importante. Quizás se me da harta atención por las letras, pero para mí son absolutamente secundarias a la música. No me vale nada una canción mala con una letra buena. Creo que aparte, no existen. Pero sí conocemos canciones buenas con letras no tan buenas. Cuando la música es buena, como una alquimia, no se puede realmente separar letra y música, sino que funcionan mancomunadas. Quizás pueda parecer que soy un incontinente que no tiene ningún filtro, pero tengo un departamento de censura facistoide dentro mío, dictatorial.

DTTR: Igual eres mucho del autoboicot, ¿o no?

CB: No, es que, si no me siento obligado a hacer una canción, no la voy a hacer. O sea, las canciones que he publicado – todas en su momento – me subyugaron melódicamente, la mayoría después me dejaron de importar y algunas ya ni me gustan.

DTTR: Dentro de esas canciones que no te gustan, siempre hablas del No soy uno de Fother Muckers, que ya no te gusta tanto…

CB: Ah sí, igual sabes que lo he revisado ahora. Cuando decía eso ni lo había escuchado. Por ejemplo, ahora estoy en una serie de conciertos junto a mi compañero Héctor Muñoz y ahí tuve que revisar algunas canciones y encuentro que están bastante bien, cosas que hasta hace poco desprecié, la verdad es que sin mucho fundamento y me siento tranquilo con todo el trabajo que he hecho. Aparte que creo que no hice lo que a los Sex Pistols les pasó, que hicieron un primer disco increíble y después todo se fue desmenuzando, yo creo que me ha costado mucho ir encontrando mi tono, mi estilo, creo que ha ido progresando en calidad. Eso pienso yo, pero eso creen todos, todos los músicos creen que su último disco es su mejor obra, hasta Montaner…

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La historia musical de Cristóbal Briceño, en un contexto como el chileno, es bastante especial. Debido a su gran cantidad de canciones lanzadas en doce años de carrera, se le otorgó el título del compositor “más prolífico” de la escena, epíteto que se justifica en que, por ejemplo, este año ya ha lanzado dos discos de composiciones originales – Mala Fama y Para Hondo – además del disco Cumbias guitarreadas en el que, junto a su compañero Gonzalo Núñez, reversionan distintas canciones en clave de cumbia.

Y si no es por su música, a Briceño se le conoce por razones extra musicales, pero que terminan influenciando a la obra del artista. Sus declaraciones en distintas entrevistas y/o sus posteos en Facebook, han tenido una recepción polarizada en el público, mientras su fanaticada lo defiende, la opinión pública lo destroza en cientos de comentarios que hasta el día de hoy se pueden encontrar en distintas redes sociales.

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Ases Falsos – Teatro Caupolicán

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Si tuve alguna duda, ahora no

DTTR: Me acuerdo de que hace algún tiempo conversamos que la producción de canciones para ti es como una fábrica de salchichas y que has sentido que te funciona a lo largo de los años…

CB: Es un trabajo artesanal, sí. No me considero un artista

DTTR: ¿Y por qué no?

CB: Bueno, porque mi trabajo es artesanal por definición. Estoy repitiendo una y otra vez la misma canción. Si bien tienen matices y trato de que sea una obra rica en términos armónicos, melódicos, de forma y contenido, al final estoy haciendo canciones de tres o cuatro minutos una y otra y otra vez. Creo que esa vez mencionaba a los mueblistas, a la gente que hace una silla y le va quedando mejor con el tiempo. O sea, no me considero un artesano tampoco, creo que también es una patudez, pero va más por ese lado.

O sea, es que, empezando, me carga la gente con temperamento de artista, que casi siempre se autodenomina de esa forma. ¿Cuál es el temperamento artístico para mi gusto? Ese que es esclavo de sus impulsos, “quedamos de acuerdo en hacer algo, ¿vamos a salir? Ay, me dio lata, sabes mejor que no”. No puedo lidiar con gente así, entonces el temperamento artístico me repele y, por otro lado, creo también que la definición de artista tiene que venir de afuera, desde un tercero, pero uno mismo autoproclamarse artista me parece raro, me parece improcedente, creo que no funciona así.

DTTR: Y ese tercero, ¿quién tendría que ser? ¿Cualquiera?

CB: Cualquiera puede, por ejemplo, si una niña en El Salvador escucha mis canciones y me considera un artista, qué le voy a hacer yo. No me voy a oponer, no me puedo oponer. Si mucha gente se pone de acuerdo en que Atahualpa Yupanqui es un artista, bueno qué va a hacer. No es que yo quiera ser considerado, pero ya si sucede, uno no tiene nada que hacer. Aparte, la trampa de creerse artista es tremenda, estás a un paso de sentirte incomprendido, poco valorado, puras weás así medias enfermas.

DTTR: Que son un poco los vicios en los que se cae recurrentemente cuando se empieza esa caracterización, ¿no?

CB: Sí  y la autocompasión. El creerse artista y ser autocompasivo, para mí, son hermanos. Yo trato de agachar la cabeza y hacer mi pega. Ya hay suficientes distracciones en nuestra época como con las redes sociales y el constante juicio emitido por usuarios anónimos de Internet, como para más encima uno, inventarse fantasmas en la cabeza. Para mí el arte es un ente fantasmagórico, no me interesa, es como creer en Dios, creer en el arte, quizás suene feo, es como creer en el amor. Qué importa si existe, si al final lo que tengas que sentir lo vas a sentir igual, para qué estar agrupándolo todo en grandes entidades divinas, como el amor, el arte, qué me importa, para mí todas esas cosas – y el mismo Dios – son todos territorios misteriosos que deben permanecer en el misterio. Y es un pecado, no sólo en mi concepción, sino que, en la concepción antigua, es un pecado denominarlo, porque nombrar es poseer. Yo creo que hay que dejar cosas sin nombrar y también incluso, sin explorar, hay que dejar que las cosas se acerquen a ti, no nosotros acercarnos a las cosas. Esas entidades misteriosas o esos terrenos, esas zonas misteriosas tienen que empaparnos a nosotros, no nosotros ir y echarlas a perder con toda nuestra palabrería.

Si voy a comer mierda, que sea a mí manera

DTTR: Con Ases Falsos siempre has comentado que hay un deber más formativo detrás, ¿sientes que hay otro de tus proyectos que tenga esa misma intención?

CB: No, es que ahora, creo que por ejemplo el Para Hondo es mucho más de compañía. Es feo decir que lo de Ases Falsos es más vertical, pero trato también de hacerlo con sutileza, no voy a hacer canciones bobas, que sean banderas que los niños puedan después andar enarbolando y haciendo el ridículo. No me interesa hacer canciones en contra de cosas en las que confío que con mi público ya estamos de acuerdo. No vamos a hacer una canción a favor de causas obvias, nunca ha sido lo nuestro. Por ejemplo, hay canciones que tú escuchas y es como ¿en serio? ¿en serio tu enemigo es la derecha? Lo encuentro patético.

DTTR: No ser un capitán obvio, como también comentaste alguna vez…

CB: Jajajaj sí. No sé y en esa misma línea, hay canciones en Mala Fama que van en contra de la subyugación, por ejemplo, es obvio que abusar de alguien más débil está mal, para qué voy a hacer una canción acerca de eso. Yo hago canciones a favor de la subyugación y en ese disco también, a favor de la obediencia, pero de la subyugación que tú puedas sentir por ti mismo, la obediencia que tú puedas sentir por ti mismo, obviamente no quiero, no voy a tratar de que me rindan a mí pleitesía ni honor. Creo que se nota que he estado preocupado sistemáticamente a lo largo de los más de diez años que llevo en esto, de que me gusta que me suban al columpio, pareciera que me gusta ser material de los weones, porque una de mis premisas personales es el abandono del poder, de todo poder. Entonces, por ejemplo, esa es una de las razones por las que tengo tantas bandas, porque no quiero concentrar poder, creo que es muy nocivo. El poder vuelve estúpido a cualquiera, idiotiza. Entonces, también estoy en paz por ser lapidado o linchado una vez al año por Internet, porque eso me resta poder, porque leo también harto halago por ahí y me parece que eso no le hace bien ni a la persona que escribe eso en Internet ni a mí.

DTTR: Quizás por lo mismo te has definido siempre como un entretenedor más que como un artista, que tiene que ver con lo que acabas de decir, que entretener igual es parte de ser material de los weones…

CB: Claro, la controversia siempre ha sido una herramienta de la entretención y viceversa. Sí, bueno, esa es mi pega. Es que mira, tiene que ver también con cosas muy prácticas, yo toco todos los años en los mismos lugares, si no soy entretenido me voy a la chucha, no me van a ver más. Ahora mismo voy a tocar en Santiago (de Chile) como seis veces en dos meses, es una locura. Entonces para que a la quinta todavía siga yendo gente, tengo que ser entretenido y también es porque es mi manera de aprender, no puedo aprender de algo que no me entretiene, no tengo la capacidad, nunca la tuve. Entonces, si soy ya lo suficientemente pretencioso para esperar que mis temas tengan contenido nutritivo – que creo que es ya algo súper pretencioso de mi parte – pero si quiero hacerlo funcionar y que realmente nutra, tiene que ser entretenido. Por ejemplo, yo inventé una pirámide, o sea no la inventé…

DTTR: ¿La adaptaste?

CB: Hace muchos años. Es una pirámide invertida, entonces lo que primero ves de la pirámide es la punta, que es lo más chiquitito, pero que para mí es lo que tiene que llegar primero, que es el asombro. Algo tiene que ser asombroso para que capture tu atención, para que capture a tu niño interior, que es el que me interesa a mí cultivar. Y también creo que a los demás, cuando nos gusta algo, hay que relacionarlo con la infancia, aunque sea muy adulto lo que nos guste, entonces tiene que ser asombroso. Luego, tiene que ser verosímil, eso viene después del asombro y es que, lo que yo te esté contando tú puedas creértelo, independiente de que sea una historia de ciencia ficción o lo que sea y luego, al final de la pirámide, que es lo más grande, pero está al final, es una palabra muy grande, ya no la usaría, pero en ese momento la usaba, que es la verdad, que es como que hay algo de verdad, que esto es de verdad, pero la verdad sólo se puede conseguir por medio de la verosimilitud, que sólo se puede conseguir por medio del asombro. Eso lo pensé hace no sé, diez años atrás y el otro día me acordaba de esa estupidez, pero todavía creo que tiene algo. Al menos eso me ha pasado a mí con las obras que me han llamado la atención, hay un barniz por sobre esas cosas, esa cuestión invisible que los hace brillar, esa chispa y que tiene un nombre, que voy a decir porque vale la pena, y es Gracia y la Gracia está en extinción. Tú antes ibas a una comida familiar y había un par de familiares muy graciosos, que tenían mucha Gracia. Ahora con los teléfonos, puta que cuesta encontrar gente graciosa.

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La fórmula de pirámide invertida que relata Briceño llama la atención en su formulación. Ya van más de diez años haciendo música, múltiples discos lanzados a través de distintas plataformas y sellos, músicos en escena con los cuales se comunica y logra la sincronía que hace tan atrayente cada uno de sus proyectos. Por ejemplo, sincronía que es posible de observar en el reciente lanzamiento de Mala Fama (y su registro completo al final de esta entrevista), en donde a pesar de un aparente nerviosismo, interviene con palabras y sentido del humor cada vez que corresponde afinar algún instrumento o un silencio que se asoma. 

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Ases Falsos – Lanzamiento Mala Fama // Foto por Sebastián Romero para Larata.cl

Así como la entretención es relevante en su discurso y modo de ver su participación arriba de un escenario, también lo es la capacidad de sentirse ofendido, capacidad que en múltiples ha tenido que poner en práctica debido a comentarios desafortunados o derechamente, de provocación.

CB: El otro día leí a Terry Gilliam y le encontré la razón, es importante ofender a la gente, es importante.

DTTR: ¿Y dónde recae esa importancia? ¿En ver cómo reaccionan?

CB: No, porque te activa, te hace pensar, te hace sentir, pero de verdad. La ofensa te toca la fibra, te toca de verdad y ahí uno empieza a conocer realmente. Te voy a contar una historia, un poco larga, pero la voy a hacer lo más breve posible. Yo tengo un escritor de cabecera para mí, lo quiero mucho con todos sus defectos y se llama Giovanni Papini.

El otro día fui a la biblioteca, revisé el archivo digital y Papini había escrito un artículo en donde decía que América Latina no le había aportado nada al mundo, que Europa le había dado todo y no había devuelto nada. Decía, dentro de su esquema patriarcal, que no habíamos producido ningún hombre de genio. En eso, unos estudiantes de una revista literaria le pidieron a Gabriela Mistral que intercediera. Papini lo hace sabiendo que es una provocación, sabiendo que Europa antes de entregarnos de rebote su ciencia, su lengua, todo, devastaron este pueblo, es un polemista. Entonces Gabriela Mistral respondió una carta en donde los sienta a todos y es hermosa su respuesta. Quizás lo que ellos no sabían era que Mistral era amiga de Papini, él sentía mucho respeto por ella. En especial, un punto de la carta que quiero comentar es que ella en sus viajes por el mundo se había dado cuenta de que sólo los pueblos de espíritu débil tienen la necesidad de contestar a todas las ofensas y eso a mí, cuando lo leí, me hizo sentido. Supongo que todos nos sentimos ofendidos de una u otra manera, yo tengo mis razones, quizás más públicas, pero todos nos sentimos vejados y fue un gran consuelo. Ella decía que, para procurarnos un espíritu fuerte, que nos merecíamos nosotros como pueblo, teníamos que aprender ni siquiera a aceptar las críticas, ni siquiera a recibirlas, sino que tú las emites, vale, no pasa nada. No tienes que contestar todo, ¿me entiendes? Eso relacionado a por qué es importante ofender a la gente, porque también es importante que el ofendido aprenda a no sentirse de esa forma.

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2 comments

  1. Muchas gracias por la entrevista. Completísima.

    Una pequeña corrección (que puede no serlo): «Debido a su gran cantidad de canciones lanzadas en doce años de carrera, se le otorgó el título del compositor “más prolijo” de la escena», ni habrás querido decir “prolífico” ?

    Saludos

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