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Lechuga Zafiro: Cuestionando la fiesta y su carga política

Aprovechando su paso por Chile, conversamos con el Dj y productor uruguayo Lechuga Zafiro, con quien analizamos la popularidad del sonido latino a nivel mundial, profundizamos en su sonido club y comentamos el trasfondo de cada uno de sus sets: sus luchas, el posicionamiento de la clase y la puesta en escena de sonidos desde regiones poco exploradas. 

Las visitas de Lechuga Zafiro (Pablo de Vargas) a Chile han sido constantes durante los últimos años. El Dj y productor uruguayo, co-fundador del sello Salviatek y colaborador de colectivos como Hiedrah Club de Baile o NAAFI, ha visitado el país más al sur de Latinoamérica con el propósito de participar en distintas fiestas como Sync Am – organizada por el productor chileno Imaabs – y de desarrollar su trabajo como documentalista, instancias que le han permitido analizar el panorama del cono sur en primera persona.

Con un set cargado a forjar una personalidad que fluctúa entre mezclar referentes amazónicos, la reivindicación de sonidos poco explorados y un hilo conductor que mucho tiene que ver con su origen: la clave como figura rítmica y el candombe uruguayo, el trabajo de Lechuga Zafiro se ha centrado en congeniar su mundo introvertido, sin perder la perspectiva de la música club.

La identidad puesta en juego

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Foto por Luz Andrea.

Su relación con la música comenzó a los 14 años, cuando empezó a hacer tracks de manera independiente. Ya a los 20, su carrera se extrapoló a las presentaciones en vivo con el grupo de música experimental Fiesta Animal, mientras que a la par, lanzó un par de EPs de forma independiente bajo el seudónimo de Carne Zafiro. En la actualidad y bajo otras ideas, desarrolla la producción de música bailable adoptando una nueva actitud como Lechuga Zafiro.

—Al revisar tu Soundcloud, se puede ver que partiste tomando canciones de cumbia villera, evolucionando hasta tu sonido actual, ¿cómo se dio todo esto?

Ahí comenzamos la verdad. Antes tenía un grupo que se llamaba Fiesta Animal, que era súper experimental. Éramos seis personas en escena, en donde mis compañeros venían más del mundo de las artes y yo más del mundo del sonido. Duramos un tiempo y después nos separamos, pero fue medio significativo para la escena Montevideana digamos – para cierto círculo – porque estaba re loco, era como bien instrumental, pero medio industrial y siempre hacíamos instalaciones o cosas distintas.

—¿Y cuál es el punto de inflexión hasta tu sonido actual?

Sabes, ya desde ahí, como con la cumbia, ¿no? Fue decir “ésta es la música que se baila acá”, todo con mucha inocencia, porque igual con Fiesta Animal, por distintas razones nos fuimos a trabajar a Francia y tocamos un par de veces. Y yo, con una pila de inocencia decía “pero, estos que no conocen esta música” y pensaba que era mi universo, ¿entendés?, que era lo mejor del mundo y al final, la gente no tenía idea.

—Por ejemplo, tenían mix con referentes como Proyecto Uno que al final es un sonido súper latino y todo, quizás era difícil de entenderse afuera.

Sí, ahí va. Al principio fue, creo que después se fue diversificando el concepto de identidad latina, latinoamericana. Al principio era más, como esas representaciones que son un poco más obvias digamos, ¿no? y después se fue complejizando un poco, como que unir un poco los mundos, más que de sonido experimental o cosas más industriales capaz, orgánicas, con estos ritmos.

—Y en la actualidad, ¿cuáles son tus sonidos favoritos de tus últimos dj sets? ¿Qué te pasa con el funk carioca?

Es que Brasil es un universo, como que no salís más de ahí y de hecho se están reinventando todo el tiempo, como que ahora hay toda una movida a 150 bpm que me parece fascinante y que el otro día descubrí. Ahí hay mil submundos dentro del 150 bpm. Por ejemplo, descubrí como que hay sub-ramas que son de un sample de tambor y se ocupan en un podcast que tiene el sample de ese tambor por 30 minutos y distintas bases y distintos cantantes arriba, y de eso hay cuatro o cinco nombres. El otro día me puse a pensar y estaría bueno rastrear de donde vienen, porque no sé si no son pre nación brasilera, la cosa es que están ahí y esas cosas me parecen fascinantes, ahí como que tenemos una historia musical que está re loca.

Después, agarré una locura con cierta cumbia nueva en argentina que en un momento agarraron – que igual ya es desde hace un tiempo – pero esos Djs siguen haciendo cosas, le ponían perreo y una palabra al final, como perreo navideño, perreo católico, perreo folclórico y que agarraban samples así y le ponían un ritmo bien nuevo, bien turro.

También, en la actualidad estoy produciendo mucho en casa, intentando congeniar mi mundo introvertido, porque yo igual soy re bicho, me paso en mi casa haciendo música y a veces, como pierdo cierta perspectiva del club, porque no toco tanto en Montevideo y estoy intentando no perder la perspectiva y mantener las energías. Ahora va a salir un EP en NAAFI que es mucho más introvertido, mutante, como de búsqueda de sonidos y no tanto del ritmo, en un plan de escucha y no tanto como en un plan baile.

—Igual hay otra perspectiva en tu trabajo, con cosas más experimentales, hay más de Lechuga Zafiro que lo bailable.

Yo creo que está bueno igual, porque cuando uno más diversificado sea, menos se va a aburrir a la hora de crear o más motivado a estar, también sirve conectarse con distintas personas, para enterarse de ciertos intereses. Igual este año estamos con un proyecto que se llama F5, del cual formo parte de hace como 4 años en donde estamos haciendo cosas y este año nos pusimos las pilas para intentar hacerlo avanzar.

F5 es una comparsa del barrio sur allá en Montevideo de candombe, que son unos pibes que tienen una historia muy larga con el tambor y bueno, empezamos tocando y colaborando en vivo, yo llevaba unos temas y ellos tocaban arriba y ahora empezamos a componer juntos. Vamos a grabar un disco este año, con un par de clips, hicimos la música de una película brasileña y nos estamos empezando a mover. A mí me divirtió mucho porque es más pop de lo que yo venía haciendo, menos difícil para la gente y más del goce, del ritmo, como que me dio una nueva perspectiva y eso es una pata más para diversificarse, mantenerse.

Generar redes: la pista de baile latinoamericana

—¿Cómo es el contraste entre Uruguay y Chile respecto a la noche y el sonido club?

Es re distinta igual una cosa de la otra, si bien, como compartimos ciertas idiosincrasias y desgracias y aciertos, puedo rescatar separadamente lo que siento. Cuando fuimos a la charla de Boiler Room, me salió decirles que la verdad, me acongojaba un poco que Santiago fuera tan hegemónico en su distribución cultural digamos, de música de baile, como regía el house y el techno y eran las reglas institucionales casi, y que no había lugar para otras cosas. De hecho, recuerdo la fiesta del Imaabs del año pasado (Sync AM) que en un momento puse cumbia turra y la gente que estaba, empezó a mirar para otro lado, no sé, como molestos. Siento que amo la ciudad, me encanta y nada, yo soy pro de armar una red de conexión transnacional, porque igual para mí las naciones no significan nada y nosotros tenemos un pasado en común, así que podemos compartir y fortalecernos, entonces como que siempre soy pro de eso, por eso quiero venir siempre igual.

—¿Y cómo es el circuito en Montevideo?

Es mucho más chiquito, no tiene proyecciones económicas, igual Montevideo tiene sus cosas buenas, creo que la gente es un poco más abierta que acá y hay como una tradición afro y tropical que se ha metido históricamente en toda la música, y que creo que acá en Santiago y Argentina están más separados. Y después está la influencia afro en Uruguay que es como re importante para mí, como que no sé, fundamental en mi música, en el sello Salviatek que tenemos y con el proyecto F5 que es como tambores de candombe con mis producciones.

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Foto por Paula Altamirano

—¿Y qué te pareció la instancia de Boiler Room? 

Creo que esas instancias hacen bien para desanudar este problema que estábamos diciendo, es bueno que haya una instancia de pensar, más allá de salir a fiestas y bailar y escuchar la música, también entender qué pasa atrás y donde están las luchas.

—Dejar el espacio de evasión…

Claro. Sí total. Igual es complejo mezclar la política con estas cosas, lo que pasa es que yo me meto hasta el punto de que no se pueda separar, todo lo que pueda separar lo separo. A mí me gusta más transmitir ideas políticas a través de las acciones y no tanto de los discursos, ¿me entendés? O sea, que vos me entiendas que un line up es inclusivo, por ejemplo, sin tener que decirlo, ya que lo ves, que lo entiendas, prefiero que sea así. Naturalizar los pensamientos.

—¿Pero tú igual prefieres llevarlo más a la práctica?

O sea, sí. No sé, es delicado eso, no me gustaría convertirme en un panfleto, a eso voy, porque al final del día igual hacemos música y se trata más de transmitir emociones a través de eso, pero hay cosas que para mí no se pueden separar, capaz que, por la educación de cada uno o los viejos, como a uno lo educaron, hay cosas que hay que hablarlas.

—Claro. Igual se ha dado la discusión de separar la obra de artista, pero al final igual es parte de un todo. 

Es que es re básico, ¿no? Uno hace lo que le inquieta y después ve cómo puede no morir haciendo eso y ahí ya saldrá la política, ya está. O sea, ahí está la supervivencia, la clase, donde estás parado en la sociedad con respecto a los otros, entender por qué tienen ciertos privilegios, por qué la gente te discrimina, no sé, como que todas esas cosas las tenés que pensar para sobrevivir también.

—Son distintos mecanismos igual…

Sí y al final como que el resultado termina siendo bien distinto a lo que se hacía antes, o sea digo, ahí creo que está el contraste interesante. No necesariamente tiene que haber un discurso político en medio de la noche para que la noche tenga una carga política, o sea, puede ser un reggaetón misógino igual y capaz que hay una lucha ahí. El simple hecho de pasar esa música ya significa una protesta.

—Porque al final tiene ver con sentir que lo que estás haciendo lo vale. En ese sentido, ¿crees que hay una necesidad constante por reivindicar ciertos sonidos y ciertos discursos?

Por supuesto, sí. O sea, porque es una mezcla de atracción no natural, como más intuitiva de la música y después como más intelectual y es por los dos lados que me entra a mí en realidad. Yo siempre jodía con que tenía la idea de hacer un mixtape bien techno y lograr que me contraten en un festival y después tocar todo cumbia y baile funk. Es un poco nuestra idea, sí, o por lo menos mezclarlo, ¿no? Mezclar un poco los mundos, ensuciar cada uno así.

—Claro, como que igual es necesario ensuciar todo.

Claro, estoy completamente de acuerdo, o sea en el mundo ideal no tendríamos que hacer ni discriminaciones, lo que pasa es lo que genera no sé. Ponele, yo salí acá jueves, viernes y sábado y lo único que escuché fue techno y entonces, al final uno dice “bueno, qué onda”. Hay que enfrentarse a eso.

—Y viendo un panorama más global, lo latino se ha posicionado tanto en un sonido club como pop, ¿podrías hacer una definición de sonido latino hoy?

Oh no, depende tanto de donde te quieras parar, como del mundo popular que está re marcado, sigue siendo lo mismo de siempre. No, la verdad no sé, es muy grande la verdad.

—¿Y sientes que ha cambiado el paradigma mundial en términos de fijarse más en lo latino dentro del sonido club?

Yo creo que sí, de hecho, la última vez que fui a tocar a un festival que se llamaba SAUNA en Polonia, después hice una gira por ahí, y todo el mundo tocaba baile funk ponele o reggaetón. Como que también, por eso siento que nos tienen que contratar y no sólo a nosotros, también los Djs populares, que son los que cambian la movida brasilera, los argentinos, como en los suburbios.

—Que son los que hacen el trabajo al final.

Claro, sí. Que empiezan géneros nuevos, que cambian los sonidos, esa gente son la que se tienen que llevar para allá, si igual allá en Europa hay carreras enteras hechas en esos sonidos.

—Y que a veces se especializan hasta volverlo algo académico…

Claro, por eso tenemos que aprovechar esta volada, para llevarnos nuestra tajada de la torta.

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