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Review: El Estix

Casi en punto a las 9 de la noche comenzó El Estix. El lugar: La Moiras, un teatro y “cabaret” ubicado en San Pedro de Montes de Oca. Un espacio perfecto para una noche de rock instrumental bien trabajado. El recital contemplaba 4 bandas: Orquídea, Erth, Niño Koi y desde México, Vyctoria. Una novata pero con músicos muy experimentados llamada Orquídea y otras tres con algún tiempo de estar en los escenarios y con un sonido consolidado y voraz.

Orquídea

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Este proyecto comenzó con la inquietud y exploración de Federico Salas -guitarrista de Niño Koi y bajista de Ave Negra– en conjunto con otros músicos, logrando cosas que van desde post rock un poco más alternativo y algo similar al emo. Ahora en su formato de banda Orquídea se consolida con José Pablo Saenz, Diego Matamoros, Israel Umaña y Fede Salas como base. Su sonido a veces post rock, a veces math rock con vocales muy limpias y melódicas que nos obliga a poner a atención y admirar. Su set es ordenado y prolijo, meticuloso que busca la perfección.

Orquídea es una banda que se necesitaba en los escenarios costarricenses, que con su mística y manera de tocar envuelve al público seduciéndolo para dejarlo con ganas de más una vez que su tiempo se acaba. -Stuart Roldán

Erth

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La propuesta de Erth es una de las más eclécticas y distintivas del panorama musical nacional. Con elementos que van desde el jazz hasta la psicodelia, la banda josefina hipnotiza a través de poliritmos frenéticos y coloridas secuencias de melodía. En cuanto a su presentación en vivo, se trata de una experiencia intensa y demencial que avasalla los sentidos con indescriptibles barreras de experimentación.

Con la excentricidad de su música, Erth es una banda que cuesta conjugar dentro de un lineup, pero en El Estix su osado vanguardismo caló a la perfección y deslumbró a un público abierto a ser confrontado musicalmente. -Alonso Aguilar

Niño Koi

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Suben al escenario cuatro personas. Tres de ellas parte de la usual alineación de la banda herediana, pero esta vez Chris Robinson, sigue sentado entre el público. Este es el primer concierto sin Chris -quien fue parte de la alineación original de la banda desde 2010- pero el primero con su nuevo bajista: Sebastián Uribe (Kilo Watt).

La expectativa era alta ya que desde que los Koi se reunieron en 2016 luego de una pausa de año y medio, su sonido había evolucionado con una formación minimalista y les había permitido alcanzar un sonido fuerte, profundo y muy depurado.

La muy esperada presentación de Niño Koi -quienes no tocan desde Domingo en Mingo #5- logro encantar a la fanaticada que llegó a verlos. Su sonido, unos cuantos niveles más pesado por la incorporación de un bajo más predominante, tiene la capacidad sugerir que las personas se empujen unas contra otras, muevan sus cabezas al ritmo de la frenética, pero milimétrica precisión, de la batería de Fabrizio.

Niño Koi no pasa de moda, no aburre, no se avejenta. Niño Koi es posiblemente una de esas bandas costarricenses más subvaloradas de nuestra escena. Esperamos con ansias nuevas de esta banda ahora con su tercera alineación. -Stuart Roldán

Vyctoria

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En los tiempos hiperbólicos del internet, el término  “épico” se ha banalizado al punto del absurdo, pero muy de vez en cuando esta se convierte en la única palabra que puede describir un hecho. Tal es el caso de la presentación de Vyctoria en El Estix, quizás la más potente de sus cuatro shows en el país

Luego de una jornada de osadas propuestas musicales, los mexicanos cerraron su gira nacional reventando las paredes de Las Moiras con su enfática distorsión y atmósferas oscuras.

Durante más de una hora Vyctoria amplificó el ruido y la intensidad, nutriéndose de la energía de un público totalmente inmerso en los paisajes más disonantes de V (2016) y Ahora Veo Más Claro (2017). Desde headbang intenso al son de los riffs más pesados hasta miradas de asombro ante los armoniosos momentos de calma, la música de la banda trasciende el mero espectáculo y se convierte en una experiencia visceral, donde los sentidos son avasallados y la narrativa sonora se hilvana en cada cuerpo.

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Como es costumbre, los de Ciudad de México dejan que la música hable, solo irrumpiendo el flujo hipnótico cuando es hora de agradecer y despedirse con un catártico  in crescendo final. En esta ocasión el hambre del público por más fue respondido por la banda con un tema más que hizo olvidar por completo los ocasionales problemas con el sonido y dejó a los presentes en extasis musical.

Aún luego de 4 parrafos de descripción, queda el sentir de que la experiencia de ver a Vyctoria en vivo es algo que solo se puede entender estando ahí, por lo que esperamos volver a verlos en nuestras tierras a futuro, ojalá en eventos de este tipo, donde su idiosincrásica propuesta musical se complementa con una destacada curaduría de osados proyectos nacionales. – Alonso Aguilar

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