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Review: Nrmal 2018

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Fotografías: Alonso Aguilar

Es cuestión de ver la ecléctica selección de artistas que componen su cartel para caer en cuenta que el Nrmal no es cualquier festival. En tiempos de eventos masivos con nombres deslumbrantes, el festival mexicano se distingue por un compromiso claro con las propuestas emergentes más osadas y los nombres más idiosincrásicos del underground mundial.

Adecuado ahora a un formato de un día, su iteración de 2018 tuvo lugar en el ya icónico Deportivo Lomas Altas, donde la música abarcó por completo todo el sábado 3 de marzo, desde las vibras veraniegas de la soleada tarde hasta el aura boscoso de la helada madrugada.

A sabiendas de la larga jornada por venir, fue necesario empezar cargando energías con unas extraordinarias quesadillas antes de acercarse al Black Stage para el set de Norwayy.

La gente apenas empezaba a amontonarse y las filas por cerveza eran extensas, pero las chicas de Guadalajara lograron cautivar a todo aquel presente con las texturas atmosféricas y envolventes melodías de su ameno dream pop.  

Cruzamos al Tent para ver los minutos finales del set de Sailawway, proyecto de Monterrey con similar énfasis en lo etéreo, pero con una clara demarcación más electrónica y por momentos hasta disonante. Por si solos sus temas movían de lado a lado a las decenas de personas, pero son sus irrupciones de experimentación sonora las que terminaron por destacar su presentación.

Nos mantuvimos en este stage techado a la espera de Pelada, pero las pantallas anunciaban que la presentación del dúo de Montreal se pasaba a las 5:15, en el horario originalmente destinado a Moor Mother, quienes lastimosamente no pudieron llegar al festival por problemas en sus vuelos. En este tipo de festivales siempre está la posibilidad de sucedan cosas que se salen del control de la organización, por lo que lo ideal es tener una agenda abierta. En este caso, esto significó ver un poco del show debut de Sol Oosel, ex-cantante de She’s A Tease y otras bandas importantes en la escena mexicana. Su presentación es directa y estoica, lo que si bien complementa la estética sintética de su música, puede llegar a generar cierto distanciamiento con el público.

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Norwayy, Sailawway y Sol Oosel (en orden) mostraron un poco de la diversidad de la escena independiente méxicana. 

Lo opuesto sucede con el trio dominicano Mula, quienes desde el primer segundo de su set encienden el escenario con su descarga de dembow futurista. Sus atuendos parecen venir de una estación intergalactica de palmeras y neón, mientras que su carisma en escena es tan frenético como los ritmos tropicales de sus canciones. Aún con tan solo dos álbumes, las caribeñas ya cuentan con un repertorio que puede convertir cualquier espacio en una fiesta, y en el Nrmal lo demostraron con creces.

Lo justo luego de tal baile era descansar, por lo que esperamos con paciencia a que Pelada finalmente tomara el escenario. Con un sentido de urgencia palpable, Chris Vargas cautivó a propios y extraños con sus vocales cargados de angustia y su imponente lenguaje corporal, ese que se conjuga a la perfección con los oscuros beats de Tobias Rochman. Aquellos que fueron por su dosis de techno político debieron salir más que complacidos.

De los novatos a sus mentores, pasamos a ver a Essaie Pas en el Blue Stage. El también dúo canadiense brinda una propuesta menos confrontativa que sus coterráneos, enfatizando más bien la creación de atmósferas oscuras desde secuenciaciones industriales y bases rítmicas minimalistas. La frivolidad intencional de sus intérpretes puede no ser bien tomada por algunos en el contexto de un festival, pero cuando es parte de la propuesta musical, no hay mucho que reprochar.

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Mula, Pelada y Essaie Pas deleitaron con sus disimiles maneras de poner a bailar

Concluido el set, volvimos rápidamente al Tent para ver a Mhysa, uno de nuestros shows más anticipados del festival. Su poco ortodoxa apropiación del R&B yuxtapone elementos que van desde el trap hasta la música experimental y en vivo este enigma musical se traduce en una puesta en escena donde la sensualidad y lo atmosférico se tornan protagonistas. Además, como fanáticos de fantasii (2017), verlo interpretado casi por completo se vuelve un agregado nada despreciable.

La misteriosa figura de Mhysa sin lugar a duda es distintiva, pero en cuanto a personalidades excéntricas, pocos se acercan al delirante Felix Kubin. De nuevo en el Blue Stage, su extraño humor teutón y su aún más desconcertante electrónica retro-futurista encantaron a todos aquellos con afinidad por lo estrafalario, y cuando decimos estrafalario nos referimos a solos de 6 minutos de glockenspiel imaginario.

Ya la tendencia de personajes pintorescos estaba cementada, y eso que aún faltaban Kevin Barnes y Mac DeMarco por tomar el escenario. Primero fue el turno del cantautor líder de of Montreal, quien no decepcionó al salir a tarima con un vestido y una energía desbordante.

Con un set centrado en su obra maestra, Hissing Fauna, Are You The Destroyer? (2007), la icónica banda de Ohio deleitó a sus seguidores con un set frenético y lleno de la colorida personalidad que compone su hiperactiva mezcla de glam rock y neo-psicodelia.

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Mhysa, Felix Kubin y Kevin Barnes de of Montreal no pasaron desapercibidos con sus excéntricas formas de ser y estrafalarios atuendos.

Uno de los momentos más desgarradores de la publicación de horarios fue el choque entre el set de Mac DeMarco e Yves Tumor. Como detallamos en nuestra cobertura de FYF en 2016, el carisma del holgazán canadiense suele trasladarse a sus presentaciones, las cuales son un espacio ameno lleno de humor y melodías desentendidas, por lo que nos quedamos a presenciar el inicio de su set, el cual no perdió tiempo y de entrada emocionó con “On The Level”, “Salad Days” y “The Stars Keep On Calling My Name”. Los gritos de emoción eran constante, no es de menos, ya que fue durante su set donde se vió más gente aglutinada frente al escenario.

Justo cuando empezaban las notas de “This Old Dog” decidimos darnos una vuelta al Tent a presenciar a Yves Tumor. El artista de Tennessee situado en Turín se ha consolidado como una de las figuras más enigmáticas de la música experimental con álbumes como Serpent Music (2016) y Experiencing The Deposit of Faith (2017), donde las grabaciones de campo, el soul y el ambient se compenetran en un universo sonoro tan bello como espeluznante. Si bien estábamos emocionados por lo que era probablemente nuestro acto más anticipado, Yves aún así logró romper cualquier expectativa con un set totalmente demencial.

Beats avasalladores, luces estroboscópicas, torsos desnudos, bailarinas exóticas, noise, sombreros de vaquero. La enumeración podría seguir y aún así no se le podría hacer justicia a lo que fue sin lugar a duda el show más demencial de todo el Nrmal. Lejos de la hipnótica parsimonia de sus álbumes, Yves Tumor decidió dejarlo todo en un set visceral donde los gritos, el desenfreno y los mosh con el público fueron la norma. Tal fue el ímpetu que la energía se volvió inmanejable y el set culminó de manera abrupta antes de lo previsto. Normalmente se diría que fue una lástima, pero en este caso nadie estaba preparado para seguirle el ritmo a una presentación cuya disonancia rozaba lo performativo.

En un cambio radical de panorama sonoro, logramos cachar los últimos 5 temas del set de Mac, quien como siempre deja los temas más coreados como “Cooking Up Something Good”, “Freaking Out The Neighborhood” y “Still Together” para el final, complementando su humor campirano con la excentricidad de sus compañeros de banda, quienes no tienen problema en hacer crowd-surf y cantar covers irónicos de Red Hot Chili Peppers.

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Mac DeMarco e Yves Tumor chocaban en su horario, pero a su manera, cada uno dió un show imperdible. 

Justo cuando las luces del Blue se apagaban y el canadiense se despedía de su público, en el Black Stage tomaba el escenario otra de las bandas más anticipadas, Sleep.

Era claro que un sector importante del público venía al festival exclusivamente a ver a los padres del stoner, quienes se presentaban por primera vez en suelo latinoamericano. Sin mayor preámbulo, los riffs pesados y los tempos letárgicos se hicieron presentes para el éxtasis colectivo con un set compuesto por los temas más memorables del Sleep’s Holy Mountain (1993) y gratas sorpresas como “Sonic Titan” del legendario Dopesmoker (1999) y el “nuevo” sencillo “The Clarity” (lanzado en 2014). Sin adorno alguno más allá de sus potentes amplificadores, Sleep demostró con creces que cuando la fórmula es efectiva no hay porque modificarla. Los miles presentes que movían sus melenas al son de “Dragonaut” seguro estarán de acuerdo.

Con el clímax del festival en su máximo apogeo, Cornelius tomó el Blue Stage con su ecléctica propuesta sonora. Su pop cubista utiliza la deconstrucción y la reiteración como su fuerte, lo que en vivo genera interesantes disrupciones que sin previo aviso pasan de disco minimalista a desenfreno punk. Que la estética de la banda sea enteramente retro-futurista sin duda cala a la perfección con lo que es una experiencia en vivo guiada por la extrañeza y lo hermoso del desfase cultural.

Ya cuando la temperatura caía precipitadamente y algunos reposaban sus pies luego de la ajetreada jornada musical, Explosions In The Sky salió a tarima para maravillar con una presentación realmente trascendental.

Con un balance tonal y rítmico perfecto y una selección inmaculada de temas (todos de su “periodo de gracia” entre 2001 y 2007), las leyendas del post-rock crearon una narrativa musical que transportaba sensorialmente a una travesía emocional. Las barreras de sonido consumían por completo el cuerpo, mientras que las gentiles melodías de sus momentos más pausados exaltaban la belleza inherente a la melancolía.

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Sleep, Cornelius y Explosions In The Sky llevaron la noche a su apogeo.

Es en ese momento de contemplación que sumerge su música en donde la retrospectiva del festival se formula sola y queda en claro que las memorias de ese día perduraran por su amenidad.

Pueden haber cambios de ciudad, de formato o hasta de estructura, pero mientras el Nrmal se mantenga fiel a su enfoque melómano los buenos recuerdos seguirán gestándose cada marzo en el Deportivo Lomas Altas.

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