Review: Motorama en Costa Rica

Fotos por Gerson Vargas

Motorama siempre ha sido una especie de banda “pequeña y de culto” en Costa Rica. Siempre ha mantenido un perfil bajo, y pareciera que eso es lo que más nos llama la atención en la vida de las personas, su misticismo y eso que no podemos explicar, pero nos conmueve profundamente. Con un Amon Solar a más de su máxima capacidad, los rusos dejaron una sensación de que los conciertos pequeños despiertan las más grandes emociones. Aunque experimentarlos de forma incomoda no sea una linda sensación.

Kill Spencer

La velada no empezó a la hora pactada pero si de la manera que se esperaba. Kill Spencer, liderados por Oscar Washington, tomaron el Sótano para hacer lo que mejor saben hacer, con una naturalidad y una calidez musical, crearon una implosión de ritmos melodiosos, que terminó por hacer una noche íntima en algo grande, llena de alegría y mucho sudor.

-Pablo Acuña

The Hills

La siguiente banda en tomar El Sótano fue The Hills, quienes cautivaron al público presente con su propuesta de post-punk ameno.

Su set varió entre  la melancolía de temas melódicos con sensibilidad pop que invitaban al baile lento y descargas energéticas de dance que pusieron a mover las decenas de cuerpos en el recinto subterráneo.  A pesar de todavía ser una banda emergente y de la corta presentación, los de Heredia aprovecharon la oportunidad para demostrar sus fortalezas y consolidar su lugar en esta nueva ola de bandas alternativas. 

-Alonso Aguilar

Desorden Siniestro

A lo largo de un set que no superó las diez canciones, Desorden Siniestro demostró nuevamente lo que mejor ha hecho: encantar con la angustia. Hilando su repertorio bajo su lúgubre post-punk, los de Palmares sumaron al pequeño festival de Indie-Go, la crudeza que durante la velada, se le pudo encargar específica y únicamente a una banda tal trayectoria.

Y, aunque la experiencia de este concierto haya sido compartida con la noción de ver por última vez a la banda reunida en un escenario, la característica fuerza del quinteto no se puso en duda durante los casi 30 minutos de su presentación. Pasando por momentos como “El vacío me acompaña” y la -ahora- inmortal “Rock n’ Roll”, Desorden Siniestro deja en un pequeño público, razones suficientes para extrañar sus sus vestimentas negras y coros apocalípticos.

-Alejandro Ortiz

Los Waldners

Dado el atraso del evento, Los Waldners aparecían sobre El Solar empatando con la presentación de Desorden Siniestro en El Sótano. Aún así, el desajuste en el horario de los shows no frenó la calidad en las bandas.

Del quinteto josefino no se pueden buscar muchos peros. La verdad es que, aunque el tiempo ya ha ido pesando en su carrera (entiéndase esto como un factor positivo), Los Waldners siguen manifestando esa cordura y balance que los hace jugar tanto en la cancha de los muy avanzados -por su carrera- como en la de los crédulos -reflejado en su lírica-.

Reflejando parte de ese pasado cercano en canciones como “Papalotes” y trazando un nuevo repertorio con canciones como “No me visto para vos”, la banda puede jactarse de ser una parte esencial de esta generación. Prueba de esto es ver un espacio como El Solar lleno de cabezas y piernas moviéndose al ritmo de cada riff y cada entonación, llenos de dulzura como de inquietud.

-Alejandro Ortiz

Sway

A pesar de su ímpetu y buen show, Sway se topó con complicaciones como telonero. No por su música, la cuál regala un respiro emotivo y bello,  pero más por las condiciones en las que se realizó su presentación: un aposento sobrevendido, gente más enfocada por las personas que empujaban para tratar de ir por una cerveza y las ansias de ver a los rusos. Sway logró establecer ciertas conexiones con el publico mediante sus expresiones o incluso hasta con su manera de tocar pero no pudo competir con los evitables obstáculos que puede presentar un concierto en un venue mediano. 

-Pablo Acuña

Motorama

A eso de las 10:30pm, Vlad, Oleg y Max salieron al escenario para ser recibidos con un mar de aplausos. Con su característico temple mesurado, los miembros de la banda de Rostov-On-Don tomaron sus instrumentos y sin mucho preámbulo empezaron a sonar temas de Dialogues. A pesar de ser su trabajo más reciente, los coros de “Tell Me” y “Sign” fueron coreados como clásicos.

Esta efervescencia se consolidó cuando se escucharon los acordes iniciales de “Wind In Her Hair”, icónico tema del Alps que en vivo es interpretado con ciertos matices funk que lo recontextualizan de gran manera con el sonido actual más pop de la banda.

Pasada media hora del set surgieron algunos problemas técnicos con el sonido de una guitarra y la voz de Vlad, pero estos se sobrepusieron rápidamente, y se pudo de disfrutar de deep cuts como “Normandy” y “Rose In The Vase” sin mayor inconveniente.

Muy fiel a su estilo, la presentación de Motorama es precisa y austera, sin mayor parafernalia o interacción fuera del ocasional “thank you” al finalizar un bloque de canciones. Es cuestión de notar el sentir que expresa Vladislav en cada palabra que recita para caer en cuenta de que el énfasis es la música y la experiencia llega de la resonancia de esta siendo interpretada. Aún así, mediante el repertorio de temas avanzaba, la banda demostraba mayor soltura, culminando en una segunda mitad impetuosa y llena de júbilo.

Las texturas sintéticas de “Heavy Wave”, “Holy Day” y “Corona” complementaron los melodiosos ritmos rápidos de hitos como “Alps”, “To The South” y “She Is There”, encontrando un balance sonoro similar a lo propuesto por los temas del Dialogues, los cuales fueron la espina dorsal del show.  Al final del día, lo que da unidad es lo palpable de los paisajes melancólicos que pinta la banda, y en eso su maestría es indiscutible.

Ya hacia el final, la tríada “Lottery”- “Ghost”-”Eyes” guío hacia un clímax de intensidad en donde las explosiones contenidas de energía por parte de la banda fueron en sintonía con la reacción de un público que nunca dejó de moverse, más allá del hacinamiento.

La banda se despidió, pero luego de unos minutos retornó para deleitar con “Empty Bed” y redondear lo que fue un set destacado en su ritmo y cohesión.

Así como las imágenes que evoca su música, Motorama en vivo es una experiencia íntima que hipnotiza con sus sutiles expresiones de emoción y lo genuino de su sentir, dejando a todo presente con una sensación cálida que por un instante deja en segundo plano todo lo demás.  Ese es el sello de una banda que cumple, y en su venida al país lo confirmaron con creces. 

-Alonso Aguilar

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