Review: FYF 2017

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Por Alonso Aguilar
Fotografias por Alonso Aguilar y Carlos Soto

Luego de años consolidándose como un festival de culto para los angelinos con afinidad a la disonancia (dentro de sus primeros headliners estuvieron Black Flag y Envy, para darse una idea), FYF empezó su crecimiento de la mano de actos de renombre de la escena alternativa como Deerhunter, Panda Bear y Yeah Yeah Yeahs. Esta evolución progresiva llevó al festival curado por el promotor Sean Carlson a albergar nombres del indie rock de la talla de Phoenix, The Strokes y My Bloody Valentine.

Si bien Sean siempre dejaba espacio para propuestas emergentes que iban desde electrónica experimental hasta hip-hop, no fue hasta el 2015 en que estas nuevas tendencias de la música independiente tomaron protagonismo en un cartel que incluyó a FKA Twigs, Solange, Run The Jewels, Death Grips y originalmente a Frank Ocean (quien en una de sus infames cancelaciones fue reemplazado a último minuto por Kanye West).

A pesar de todo esto, no fue hasta su edición del año pasado en que FYF realmente estalló gracias a un cartel que los posicionó como uno de los referentes para el melómano contemporáneo. Como mencionamos en nuestra cobertura del año pasado, el festival parecía haber encontrado la fórmula para un balance ideal, por lo que su expansión este año a tres días resultó como el paso lógico a dar.

Ahora con los ojos del mundo encima y la presión de seguirle a una edición histórica, el FYF 2017 afrontó el reto con un cartel impresionante y un fin de semana que los cementa como uno de los eventos insignia del año musical.

Aquí relatamos nuestra memorias en forma de crónica.

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Día 1: 

Al considerar la labor maratónica que vendría, lo ideal para el día antes del festival quizás hubiera sido ahorrar fuerzas, pero Los Angeles es una ciudad que no descansa, así que tratamos de seguirle el juego e ir a alguna de las múltiples presentaciones de antesala que se daban en la ciudad. Muchas eran de artistas que ya estaban en el cartel de FYF, por lo que nos decantamos por un show gratuito de Zola Jesus en el edificio del MOCA en Little Tokyo.

La presentación de la artista de Milwaukee contó con interesantes presentaciones previas de voces emergentes como Smerz y Lawrence Rothman, y por si sola fue un set intenso que exploró varios de sus temas más envolventes como “Hikikomori” y “Skin” y dió espacio para el material de su álbum venidero, que por lo adelantado suena genial (“Exhumed” tiene el potencial de ser un estandarte de su repertorio).

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El poder gótico de Zola Jesus

Luego de unas cuantas horas de sueño y de aprovechar el inicio tardío de la jornada de viernes para explorar la ciudad, nos movilizamos a Exposition Park. A diferencia del primer día del año pasado, la entrada fue precisa, y de inmediato tuvimos chance de hacer memoria del terreno y la distancia entre stages antes de la dosis de reverb de Beach Fossils.

Así como DIIV el año pasado, la banda de Brooklyn dió inicio a la jornada con su efectiva mezcla de vibras playeras e influencia shoegaze. A diferencia de la banda de Zachary Cole, la recepción fue mucho más amena para Dustin Payseur y compañía. Quizás tenga que ver el hecho de que no está el contraste con el público de Vince Staples, o más bien podría ser que la banda inició de entrada con fan favorites cómo “Shallow” y “Youth”, pero la realidad es que Beach Fossils enganchó de inmediato a todo aquel cerca del Lawn Stage.

Más allá de un ridículo sombrero por parte de Payseur, la presentación de la banda es bastante directa, y se enfocó en la ejecución hipnótica del material de su más reciente lanzamiento, Somersault. El mayor sobresalto se dio cuando en “Tangerine” Rachel Goswell de Slowdive se les unió en el escenario para una bella postal de convivencia indie intergeneracional.

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Beach Fossils con Rachel Goswell de Slowdive

Concluído el set de Beach Fossils había un pequeño espacio antes del de Angel Olsen, por lo que corrimos al Trees Stage para ver un poco del show de Badbadnotgood.

El público era sorprendentemente numeroso para un acto de jazz, y apenas iniciaron las notas de “And That Too” el sonido psicodélico del cuarteto canadiense cautivó la atención de los presentes. Aparentemente la presentación de BBNG contó con Denzel Curry como invitado, pero tuvimos que correr al Lawn antes de eso. Al menos pudimos escuchar nuestros temas favoritos de IV.

Una vez de vuelta en Lawn, la banda de Angel Olsen empezaba a salir con sus trajes pastel y corbatines e iniciaba un jam que transicionaría hacia “High and Wild”. La cantautora de Missouri era una de nuestras presentaciones más anticipadas gracias a buen word of mouth y a lo genial de su más reciente lanzamiento, My Woman, y basándonos en la ovación que recibió al salir con su guitarra y look desatendido, parece que no eramos los unicos.

Siguiendo por su faceta más roquera, Olsen prosiguió con el energético golpe doble de “Shut Up Kiss Me” y “Give It Up”. Su voz en vivo igual de potente, y su habilidad en guitarra destacada en solos e improvisaciones oportunas. El carisma de Angel es desbordante, algo que aprovechó a la hora de interactuar con el público a través de su humor seco y bromas casuales.

La segunda parte de su set es considerablemente más pausada, con un énfasis en lo emotivo y el baile lento que hizo de temas como “Acrobat”, “Sister” y “Woman” una experiencia intima mientras caía el anochecer.

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El anochecer con Angel Olsen: combinación perfecta. 

Justo concluidas las últimas notas de “Woman” nos movilizamos a nuestra primera experiencia del fin de semana en Main Stage, y, ¿que mejor forma que con la siempre estimulante Björk?

Como todo aquel que la haya visto en vivo sabe, las presentaciones de la diva islandesa son una experiencia innegable, pero este show en particular tenía el valor agregado de ser la última parada en Estados Unidos con énfasis en el majestuoso Vulnicura.

Antes de siquiera empezar las primeras notas de “Stonemilker”, un conjunto de cuerdas de 15 personas se posicionaba alrededor del escenario, y en el centro se encontraba casualmente Arca con su equipo de DJ.

Sonó la primera melodía orquestal de este tema, y la excéntrica nórdica  salió a escena en un traje multicolor similar a una piñata. Las pantallas detrás de ella mostrando videos de su experiencia de realidad virtual.

Más allá de toda la extravagancia, el énfasis de las presentaciones de Björk es esencialmente la música. Su incomparable voz guía con potencia la melancolía de los temas de Vulnicura, mientras que la orquestación en vivo le añade una dimensión orgánica que deja boquiabierto. A esto se le suman las precisas inserciones disonantes de Arca, y  estamos hablando de una experiencia genuinamente trascendental.

Por si fuera poco, el repertorio se alejó un poco del que estaba tocando en gira, y dio espacio a una gama de temas que explora la evolución de su amplio catálogo. Desde “Come To Me” de Debut hasta “Mutual Core” de Biophilia, todas las canciones fueron pensadas y recompuestas para este montaje, por lo que el recorrido mantiene una cohesión que en papel parecería impensable.

Hitos como “Jóga” e “Isobel” y deep cuts como “Bachelorette” y “Wanderlust” fueron igual de emocionantes en una presentación que no podía terminar de otra manera que con pirotecnia y “Hyperballad”. Si el silencio sepulcral durante los temas no lo demostraba ya, la interminable ovación hizo explícito el sentimiento de que acabamos de presenciar uno de los puntos altos del festival, y aún faltaban 2 actos de viernes y dos días más por venir.

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Björk siendo Björk

Parecía difícil sacudirse lo sublime de la experiencia Björk, pero la receta adecuada fue la atmósfera de fiesta de Anderson .Paak.

Llegamos a Lawn justo cuando empezaba “Glowed Up” y la marea de gente moviendo el cuerpo se extendía por doquier. Al final de cuentas era viernes por la noche, y desde su breakthrough el año pasado con Malibu y Yes Lawd! (este en el duo NxWorries con Knxwledge), la mezcla neo-soul, R&B y hip-hop de Paak parece haberse consolidado como un estandarte de la vida nocturna angelina.

Llegaba ese momento en donde las múltiples alternativas dividían a los asistentes (Slowdive, SURVIVE, Missy Elliott), pero a la hora de la hora el sentido baile que era “Lite Weight” y “Suede” en vivo fue suficiente para sumergirnos en la carismática presentación del californiano.

Gran parte de su set pasa en la batería, y desde ahí ya es un gran frontman, pero la última parte de su presentaciónlo vió apropiar por completo su rol de futura superestrella y poner a todas a saltar con “Am I Wrong” y “Luh You”. Con esta descarga de energía y la increíble respuesta a su música, no sería sorpresa que viéramos a Anderson llenar estadios en un par de años.

Concluído .Paak nos quedamos en el Lawn, ya que los demás sets que habían estaban concluyendo y queríamos un buen espacio para presenciar uno de los shows más promocionados del festival, Flying Lotus en 3-D.

El ambiente era ameno, por lo que muchos fans de FlyLo conversaban sobre sus expectativas con espectadores casuales quienes se interesaron gracias los anteojos 3-D que venían con el pase.

A eso de la medianoche un anuncio en las pantallas indicó que era tiempo de que todos se pusieran los anteojos, y de inmediato el creador de Brainfeeder Records salió a escena detrás de una consola que parecía salida de algún filme de ciencia ficción de los 50. No hubo que esperar para que los beats esotéricos del productor angelino empezaran cuando ya los presentes estábamos hipnotizados con sus visuales psicódelicos.

Su repertorio en vivo es tan ecléctico como su puesta en escena, variando entre temas de Cosmogramma y You’re Dead y covers que van desde Travis Scott hasta Twin Peaks y Ghost In The Shell. Steve hasta encontró espacio para deleitar con un par de temas de su alias rapero, Captain Murphy.

Si algo se le pudiera recriminar a FlyLo, es que su entusiasmo y experimentación con el formato lo hicieron perder la noción del tiempo, por lo que la segunda parte del set se notó bastante improvisada y un tanto desarticulada, pero aún así lo envolvente de su música, su carisma y el trance que fue la experiencia terminaron por ser un gran cierre para el primer día.

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FlyLo llevándonos a otra dimensión. 

Día 2:

Las fechas de fin de semana empezaban temprano, por lo que la única previa para el sábado fueron unas cuantas horas de sueño y un desayuno/almuerzo de pizza en las cercanías de USC.

La consigna era llegar con antelación para buscar el pop-up shop de Frank Ocean, quien estaría vendiendo mercadería limitada. Cuando finalmente encontramos el lugar, quizás 30 minutos de abiertas las puertas, ya había una fila de 100 metros y un oficial de seguridad evacuando. 500 camisas en 20 minutos, la fiebre por Frank era real.

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Frank-mania

Parece ser que aquellos que eventualmente pudieron conseguir mercadería del headliner tuvieron que esperar cerca de 3 horas, lo que hubiera significado perderse el carismático auto-flagelo de la música de Jonathan Richman.

Desde el fin de su etapa como líder de The Modern Lovers, Richman ha tenido una carrera de solista amparada en su jovial personalidad y humor inocente, creando todo un culto en torno a su figura. Aquellos que llegamos temprano nos deleitamos con su personaje y grandes temas (con geniales títulos) como “I Was Dancing At The Lesbian Bar” y “People Are Disgusting”.

De la  misantropía cariñosa de Richman en The Club pasamos al ferviente amor por la vida de Seun Kuti en Lawn.

El hijo del legendario Fela Kuti lleva años tocando con Egypt 80, la banda de su padre, y a pesar de ser una de las apuestas más eclécticas del cartel, cientos se reunieron en pleno sol de verano para bailar al son del sabroso afro-beat permeado de crítica social del nigeriano. Nosotros aprovechamos para ver la segunda parte de su set a la sombra y recargar energías para el frenesí que vendría por la tarde, empezando inmediatamente al concluir Kuti con Thundercat.

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El calor no pudo detener el infeccioso ritmo de la descarga afro de Seun Kuti

El prodigio bajista, cantante y colaborador de Flying Lotus y Kendrick Lamar ha venido creciendo en cuanto a popularidad y expandiendo las barreras de su audiencia. Esto al punto de que en este 2017 habría que esforzarse para no toparse con el nombre del artista californiano en algún cartel.

Lejos de fatigarse, el público más bien respondió particularmente bien a quien deben ver como “uno de los de la casa”. Los temas de Drunk fueron coreados y las vibras funk pusieron a mover cuerpos, más allá del agobiante calor. Como es de esperarse, el nacido como Stephen Bruner deja espacio en sus temas para deslumbrar con su capacidad técnica, y el sentimiento que le adhiere a cada intrincada línea de bajo.

Terminado el set de Thundercat, nos dividimos por un momento entre la presentación de Noname en Trees y la de Cap’n Jazz en The Club. Los que fueron a Trees salieron satisfechos con el encanto y las vibras positivas de la rapera de Chicago, quien aparentemente llamó más público de lo esperado, mientras que la pequeña multitud que nos movilizamos a The Club vivimos todo lo que esperábamos de una de las bandas que iniciaron lo que hoy se conoce como post-hardcore.  

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El poderío de Thundercat al bajo 

Sin contar un pequeño show el jueves, esta era la primera presentación de la icónica banda de los hermanos Kinsella en 7 años, cuando en 2010 tuvieron una pequeña gira de reunión luego de su separación a finales de los 90. Para muchos, esta era nuestra primera (y probablemente única) oportunidad para verlos, por lo que desde el primer acorde de “Oh Messy Life” todo fue una descarga de energía, tanto de la banda como del público presente.

Un mosh pit constante, gritos a todo pulmón, ojos cerrados. Todas las emociones conjugadas de manera simultánea. Y es que a pesar de los años, Cap’n Jazz sigue tocando con la agresividad y el sentimiento que tenían cuando eran unos adolescentes llenos de angustia en Chicago.

El repertorio de la banda sigue siendo los mismos temas de Shmap’n Shmazz y algunas de aquellas canciones posteriores incluidas en Analphabetapolothology, por lo que cada melodía es inmediatamente reconocible y cada palabra recitada al unísono. Como buen frontman post-hardcore, Tim Kinsella hace bromas constantes a la seguridad, tira su pandereta al público, presta el micrófono y hasta conversa directamente con miembros de la audiencia mientras la banda juega con la disonancia y el destiempo como elementos de abrasividad.

Es difícil hablar de un clímax en un set tan directo, pero la favorita del público “Little League” contó con la presencia de Devendra Banhart para hacer coros y con crowdsurf por parte de Tim. Aún así, cada segundo de los 50 minutos que tocó Cap’n Jazz en The Club transmitió la energía y el sentido de comunidad que debió sentirse en un houseshow en el 95′.

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Cap’n Jazz generando muchos sentimientos

Con la caída de la noche, nos reencontramos e hidratamos antes de que Perfume Genius tomara The Club.

A pesar de su gran catálogo, la fama de Mike Hadreas en festivales y presentaciones en vivo en general no es particularmente positiva. Se dice que la brutalidad emocional de su música  suele abrumar su puesta en escena, poniendo al de Seattle incómodo y removido. Así como su nuevo material muestra su lado más seguro de si mismo, parece que lo mismo se puede decir de su presencia escénica.  

Desde las primeras teclas de “Otherside”, Hadreas demostró estar en control absoluto. Sus movimientos lentos y vocales llenos de sentimiento cautivan de una manera visceral, lo que se complementa con un juego de luces y humo que le añade un misticismo apropiado a la atmósfera.  Desde el set de Björk el día anterior no se había visto a un público tan silente y en asombro.

La confianza que irradiaba Mike con su lenguaje corporal también se notó musicalmente, contando con una selección casi exclusiva de temas de No Shape y dejando por fuera su sencillo más famoso, “Queen” (importantes temas de material anterior como “Fool” y “Hood” si estuvieron presentes). Aún así, hacia el final Hadreas sació a cualquier escéptico al traer a Natalie Mering de Weyes Blood para el dueto “Sides” y culminar con el himno “Slip Away”.

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Perfume Genius deslumbró, figurativa y literalmente.

Luego de Perfume Genius nos mantuvimos en The Club para Arca. Sin darnos cuenta, armamos un recorrido sabatino por las distintas facetas de la música independiente LGTBQI y esta sería la segunda parada, antes de culminar con Frank Ocean.

Con un osado nuevo álbum bajo su nombre y una infame presentación en Sonár, el productor venezolano y su colaboración en vivo con Jesse Kanda se volvió uno de los actos más anticipados para un pequeño nicho de amantes de lo poco ortodoxo. Lastimosamente, la primera parte del show estuvo plagado de problemas técnicos en la pantalla que usaría Kanda para sus visuales, por lo que Arca tuvo que improvisar con sus nada despreciables dotes de DJ.

Desde versiones oscuras de temas de Madonna hasta tirar puro dembow sobre beats sin forma, Alejandro Ghersi logró entretener y hasta encantar al público que se quedó en The Club, pero para aquellos que seguimos los lanzamientos del colaborador de Björk y FKA Twigs, fue un tanto desalentador no escuchar nada de su material propio.

Cuando finalmente la pantalla funcionó, ya Arca estaba mentalizado en terminar su DJ Set, por lo que los confrontativos visuales de Kanda fueron puestos a nuevo propósito. Al menos se notó que todos estaban pasándola bien.

De The Club corrimos al Main Stage para conseguir un buen espacio. El sábado fue lleno total, y luego de ver la ferviente pasión por Frank en la mañana, era mejor no tomar riesgos.

A eso de las 11:10pm “Pretty Sweet” empezó a escucharse en lo que parecía ser un sonido surround. Los gritos estallaron y los celulares se encendieron. Todos los ojos estaban sobre la pasarela cuando se escucharon las primeras líneas de “Solo”. Estaba pasando.

Frank salió al escenario cómodamente con unos audifonos de alta fidelidad y una camisa Nike. Aparte de su sencillez, la escenografía también parecía estar concebida desde el minimalismo. El gear era visible, la edición que se veía en la grandes pantallas se hacía en la misma pasarela, y salvo un gran poste con parlantes y una bola disco, el artificio era nulo. Si la música de Ocean ya de por sí es sumamente personal, este concepto de show en vivo la eleva a un nivel de intimidad pocas veces vista en festivales de gran escala.

El repertorio, por su parte, es claramente un reflejo de donde se encuentra la visión artística de Frank hoy. Es cuestión de ver los 5 temas luego de “Solo”. Sus tres sencillos estrenados en su programa de radio, dos temas del no tan famoso álbum visual Endless y un cover de Buddy Ross en “Runnin’ Around”. Esto es lejos de ser una crítica negativa, ya que Ocean interpreta estos temas de forma inmaculada, y a pesar de tener tan solo meses de haber sido lanzados, ya han sido apropiados por su público (lo mismo puede decirse de Blonde, que increíblemente apenas tiene un año).

Justo luego de “Good Guy”, el aspecto meta de la presentación vuelve a hacerse presente cuando Frank decide repetir este tema y “Running Around” por no sentirse satisfecho con el resultado. Quizás el gran “acto” sea eso mismo, que el show que estamos viendo se está construyendo en simultáneo, todas las partes se conjugan en el mismo espacio en el mismo instante, desde las tomas en camcorder de Spike Jonze que se ven de inmediato en las pantallas hasta la calidad de las interpretaciones (¿quien aparte del ex-Odd Future tendría al director de Her y Adaptation como camarógrafo y a Alex G como miembro de banda y no hacer referencia a ello nunca?)

Siguiendo en la línea de las apariciones de estrellas, quizás el momento más comentado fue cuando Brad Pitt casualmente apareció para complementar “Close To You” con su propia interpretación performática de la melancólica letra. Quizás desde afuera este hecho fue la gran noticia sobre la presentación, pero en el momento esto no fue más que una anécdota más de una experiencia a la que todavía le faltaban “Ivy”, “Nights”, “Pink + White” y más. Es fácil darlo por sentado en este punto, pero la capacidad vocal de Ocean y el sentimiento que le añade a cada palabra que recita es algo que jamás deberá dejarse de elogiar.

Con este show, su primero en Estados Unidos desde hace 4 años y el primero desde la salida de Blonde, Frank Ocean demostró que a pesar de las controversiales cancelaciones y lo hermetica de su figura pública, su visión artística  cuenta con una determinación y entrega inigualable. Es que aún los momentos para saciar a los fanáticos como “Thinking About You” son a su manera, sobre un beat de J Dilla. El hype es real.

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Frank Ocean es real

Devastados emocional y físicamente, nos movilizamos a Trees para cerrar la jornada con un nuevo encuentro con un hermano hispano, el gran Nicolás Jaar.

Llegamos con su set ya iniciado, pero la afinidad hacia la experimentación y la deconstrucción del chileno-americano hizo que llegaramos justo a tiempo para sumergirnos en el trance bailable enfocado en su genial Sirens.

Quizás las partes más atmosféricas de temas como “Fight” y “Three Sides of Nazareth” desconcertó a aquellos con ansia de fiesta, pero el experimentado productor forjó un set envolvente que siguió la línea estética minimalista antes cementada por Ocean. Jaar en el centro en una consola, mucho humo y un juego de luces hipnótico complementan la abstracta música electrónica.

Nico está en un punto de su carrera en donde puede poner a bailar a 15 mil personas con un himno de protesta política sobre un beat basado en la cumbia chilena, y eso es algo que por si solo es digno de admirar.

Esta seguidilla final de “No”, “The Governor” y una versión de casi 20 minutos de “Space Is Only Noise” terminaron por ser un cierre de antología para un sabado ya de por sí inolvidable.

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Nicolas Jaar dando cátedra en como cerrar noches de sábado

Día 3: 

El día cero ya había sucedido, pero aún quedaban cerca de 10 horas de música por vivir. A pesar del desgaste físico de los dos días anteriores, la mayoría de los actos más “pesados” parecían haber quedado para el final, por lo que la distribución de energía se tornaría esencial para sobrellevar esta última jornada.

El día inició con Cherry Glazerr en Lawn, una de las bandas de garage rock más interesantes en surgir en los últimos tiempos. Su reciente álbum, Apocalipstick, los ha dado a conocer más allá de la escena local californiana, y la energía de su show en vivo sin lugar a duda cautivó a escuchas primerizos con su mezcla de estetica riot grrrl, noise rock e indie.

En el poco rato que pudimos presenciar a la banda, esta destacó por lo DIY de su escenografía y lo vigorizante de temas como “Had Ten Dollaz”, “Told You I’d Be With The Guys” y “Sip O’ Poison”, pero a la mitad de su set debimos partir para la cita con Whitney en Trees. 

La banda surgida de las cenizas de Smith Westerns se ha venido ganando al público de festivales con su placentero indie folk con sutiles elementos psicodélicos y orquestales, y es que su álbum Light Upon The Lake (otro de los favoritos del blog del año pasado) cuenta con los coros memorables y la vibra amena perfecta para un set de domingo por la tarde. De hecho la banda tocó este lanzamiento casi en su totalidad, solo alternando para un par de covers y un tema nuevo.

En cuanto a su show, el énfasis es claramente la música, pero de vez en cuando las inserciones comicas del vocalista y baterista Julien Ehrlich son agradecidas y las muestras de afecto entre miembros también. Aún así, claro está que el punto destacable sigue siendo “No Woman”, con su coro recitado al unísono por todos los presentes y esa inconfundible trompeta.

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Whitney encantando al público dominical. (buen cameo de cerveza Toña)

De Trees pasamos de vuelta a Lawn, en donde pudimos ver la segunda mitad del set de Chicano Batman.

La banda local fue uno de esos descubrimientos de último minuto que se suelen dar los días previos a un festival leyendo y conversando sobre el cartel, y es que en papel la propuesta de una banda chicana que mezcla tropicalia con soul psicodélico y una estética “oldie”  es algo que suena demasiado bueno para ser cierto, pero una vez que se escuchan los tres lanzamientos de Chicano Batman es fácil entender el creciente culto que tienen.

Si, el gimmick llama la atención a primera entrada, pero la propuesta es lo suficientemente fresca a nivel sonoro y se distingue sin caer nunca en pastiche. Canciones como “Black Lipstick” y “Cycles of Existential Rhyme” son amenos himnos de neo-psicodelia, mientras “La manzanita” y “Flecha al Sol” recontextualizan lo mejor de la canción mexicana.

La respuesta del público, en asistencia y emoción, fue bastante sorpresiva, y ya a una hora del show detectamos varias personas con camisas de la banda. Si Chicano Batman sigue creciendo en exposición este hecho podría convertirse en tendencia.

Terminado el set y evacuado un poco el público, aprovechamos para descansar un momento y luego agarrar buen espacio para el combo Ty SegallIggy Pop.

El set del prolifico californiano era un pendiente ( ya que el año pasado tuvimos que perdernoslo por razones de fuerza mayor, aka Grimes), y amparado en su gran nuevo álbum, logró superar con creces las expectativas.

El show no tiene nada particularmente estrafalario, sino que destaca por la energía sin filtro y el desenfreno primitivo que rige como enfasis.

Desde la suite de inicio de temas de su nuevo álbum homónimo hasta los extractos más disonantes de su discografía como “Feel”, “Candy Sam” y “Finger”, los mosh, el crowdsurf y los momentos de jam fueron constantes durante toda la presentación y dejaron la mesa servida para todo aquel que se quedaba para ver a Iggy (quienes naturalmente eran una mayoría).

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Ty Segall llevando el rock de vuelta a su esencia distorsionada

Luego de un rato de espera, una banda en traje entero entró a escena y creó una barrera de distorsión antes de tocar el legendario riff de “I Wanna Be Your Dog”. De inmediato el hombre con el torso más icónico del rocanrol salió al escenario. Su presencia frenética y su actitud desafiante tan vigentes como nunca, hecho que generó uno de los ambientes más llenos de energía de todo el fin de semana.

También es que el set de Iggy no da espacio para respirar. Seguido vinieron “Gimme Danger”, “The Passanger” y “Lust For Life”. Así, como si nada, en 20 minutos Iggy ya había recitado varios de los himnos más memorables de la historia del rock,  y a pesar de sus ya siete décadas, ni por un segundo dejó de saltar y bailar.

A pesar de que seguirle a ese inicio tan abrumador es tarea difícil, la segunda parte de su repertorio incluyó deep cuts apreciados por los fanáticos como “Some Weird Sin”, “Repo Man” y “I’m Sick of You” antes de finalmente incorporar un tema más pausado y contemporáneo en “Gardenia”, que aún así también fue coreado por la extasiada fanaticada.

Al considerar su recorrido y edad, para nadie es secreto que Iggy probablemente ya esté en el ocaso de su carrera, pero si juzgamos por su show en vivo esta idea jamás pasaría por nuestra cabeza. Su compromiso y talento innato para dar espectáculo son lo que han elevado a este padre del punk a su estatus de leyenda, y esto lo demostró con uno de los shows más intensos del fin de semana.

Hasta Henry Rollins, ex-Black Flag, quedó estupefacto con desde el lado del escenario con ese cierre “Search And Destroy” – “TV Eye” – “Mass Production”. No te nos vayas nunca Iggy.

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La leyenda viviente 

Aunque en papel suena desconcertante, la transición del ímpetu avasallador de Iggy Pop en Lawn a las amenas vibras hipnóticas de Solange en Main Stage fueron una experiencia bella.

La hermana menor Knowles lleva cautivando en la escena independiente desde su EP True en 2012, pero no fue hasta el año pasado con la maravillosa exploración racial de A Seat At The Table que su nombre realmente estalló en cuanto a reconocimiento crítico.

Su repertorio se basa sobre todo en el R&B atmosférico de este lanzamiento y el sonido ecléctico del antes mencionado EP producido por Dev Hynes, lo que muestra a Solange cómoda con una faceta artística que parece haber apropiado por completo. Esta confianza se extiende a su puesta en escena, que cuenta con escenografía y juegos de luces dignos de cualquier diva de talla mundial, además de coreografías intrincadas y hasta una banda de marcha entera en “F.U.B.U.”.

Sin ser vocal al respecto, su presentación denota una celebración de la cultura afro que va desde cantarle “F.U.BU.” directamente a una mujer negra en la primera fila, a twerkear esporádicamente.

Con un show deslumbrante, gran personalidad e himnos como “Cranes In The Sky”, “Mad” y “Losing You”, Solange no tiene que envidiarle a nadie, está ahí arriba dentro de los actos contemporáneos que no deben perderse, de tener la posibilidad.

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El show de Solange está a la altura de su música

Regresamos al Lawn para Run The Jewels, última presentación en este escenario que casi que fue nuestro hogar durante el fin de semana.

Como Thundercat, el duo de El-P y Killer Mike aparece en la mayoria de los carteles de festivales actuales, pero esto habla más de lo solido de su show y del cariño que le tienen sus fanático que de cualquier indicio de agotamiento.

Con un nuevo álbum lleno de material potente, y un catalogo ya de por si repleto de bangers, el set de Run The Jewels se siente como una fiesta constante con dos de los anfitriones más carismáticos que se podrían pedir.

La química entre los raperos a la hora de intercambiar versos se vuelve aún más sorprendente en vivo, y la forma en que se echan al bolsillo al público desde el inicio muestra una maestría envidiable. Era común ver jóvenes levantando bandanas y haciendo la icónica seña del puño y la pistola; más que un proyecto musical, Run The Jewels se ha convertido en todo un hito identitario para muchos, y eso por si solo es digno de reconocimiento.

“Legend Has It”, “Blockbuster Night Part 1” y “Oh My Darling Don’t Cry” dan una buena dosis de sencillos emocionantes para el inicio antes de pasar a los geniales deep cuts de RTJ3. Hacia el final,  el dúo sorpresivamente trajo a Gangsta Boo para “Love Again”, en un llamado contra el hostigamiento sexual, lo que se tornó uno de los momentos más aplaudidos de su set.

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Run The Jewels desatando el manicomio

Concluído Run The Jewels y con la última reserva de energía, nos movilizamos una vez más hacia el Main Stage, para darle cierre a FYF con Nine Inch Nails.

Durante el fin de semana era común distinguir al público de la banda, y es que la fanaticada de NIN es de las más fervientes de todo el rock moderno, y a esto había que añadirle el lanzamiento de su EP Add Violence tan solo un par de días antes (en aquel entonces).

El grupo liderado por Trent Reznor empezó con el pie en el acelerador y en una seguidilla impresionante de 10 temas en donde sonaba hit tras hit tras hit. Desde la brutal “Branches / Bones” del Not The Actual Events hasta “Something I Can Never Have”, “Wish” y, por supuesto, “Closer”.

La energía estaba a tal punto que fue imposible no preguntarse como la banda seguiría la segunda mitad del set, y la respuesta vino inmediatamente con un sentido homenaje a David Bowie en el cover de “I Can´t Give Everything Away” que bajó las revoluciones pero no desenganchó.

Luego de este tema el set perdió un poco de la potencia con tempos más mesurados como “The Lovers” , pero la presentación recupero la energía al cerrar con el infalible combo de “The Hand That Feeds” y “Head Like A Hole”.

Durante todo este rato, el énfasis fue en la música, y es que Reznor y compañía parecian estar determinados a dar un show directo y preciso, al punto que aquellos visuales estrafalarios que se suelen asociar con su show en vivo dieron lugar a una propuesta mucho más minimalista (lo que parece ser tendencia en este festival).

Cuando ya alguna gente empezaba a irse, una luz se puso sobre Reznor y los acordes iniciales de “Hurt” empezaron, concluyendo esta edición de FYF con un coro al unísono por parte de todos los asistentes. Una postal realmente conmovedora.

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Nine Inch Nails cerrando con intensidad el fin de semana

Si el año pasado fue la consagración del FYF dentro del circuito de festivales, esta edición fue su celebración.

Aún con artistas interesantes, es común ver algunos festivales darle un énfasis mayor a vender “la experiencia” que a cualquier otra cosa. Este no es el caso de FYF, que si bien ha crecido exponencialmente en cuanto a alcance y al renombre de los actos que logra conseguir, la esencia de curaduría y el énfasis en la música siguen siendo algo palpable que va desde los asistentes hasta el cartel mismo.

Aparte de año a año crear un lineup que sintetiza lo que está sucediendo en la música independiente, el festival tiene un agregado en la mera diversidad que suele ofrecer, no solo en vertientes musicales y ambientes, sino en género, orientación, raza y etnia, algo que lastimosamente aún en el 2017 no todos los festivales pueden alardear.

No sabemos que albergará el futuro para FYF, pero mientras siga pudiendo ofrecer la intimidad de un show de Cap’n Jazz en el mismo cartel que la grandilocuencia de Björk, todo estará bien.

Al que le interese, nuestro Top 5 de shows del festival:

Alonso

  1. Björk
  2. Cap’n Jazz
  3. Frank Ocean
  4. Iggy Pop
  5. Perfume Genius

Carlos

  1. Björk
  2. Frank Ocean
  3. Solange
  4. Anderson Paak
  5. Nine Inch Nails

José María

  1. Flying Lotus
  2. Björk
  3. Frank Ocean
  4. Solange
  5. Iggy Pop

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