Editorial: Por una escena sin cédula – Fuzz Wax

Foto de portada: Julián Garita, Festival Nrmal Costa Rica (2015)

Eran los últimos meses del 2011. Aquellos eran tiempos más simples en donde las prioridades predominantes en mi vida eran  pasar el examen comprensivo de matemática  y encontrar bandas oscuras de metal con las que sorprender a mis compañeros.

Mi experiencia en conciertos había estado limitada casi exclusivamente a los estadios y grandes recintos donde se presentaban las bandas de rock legendarias que inundaron el país en ese periodo, y mi conocimiento de la escena nacional empezaba y terminaba con las agrupaciones que abrían estos conciertos o con aquellas que sonaban en la radio (de las que no era tan afín).

Todo esto cambió el 20 de noviembre de ese mismo año, cuando a última hora decidí asistir a la presentación de Pearl Jam. Mi duda siempre estuvo ligada al temido examen de matemática que tenía al dia siguiente, pero mi melómano juvenil puso las cosas en perspectiva.

No podía creer que esa música que estaba escuchando era de mi país y que me había pasado desapercibida.

A él siempre le agradeceré, ya que aparte del show de más de dos horas de mi banda favorita de la camada grunge, tuve mi primer acercamiento a Las Robertas.

Ya un amigo me había comentado sobre el valor de esta banda y también de  Zopilot!, pero no lo pude dimensionar hasta ver la puesta en escena de Meche, Monse y Franco en vivo, con camisas de OFF! y la descarga de energía indie más potente que aquellos oídos virginales habían experimentado.

Sobra decir que quedé enganchado de inmediato. No podía creer que esa música que estaba escuchando era de mi país y que me había pasado desapercibida.

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Las Robertas en Nasional Skateboards. Concierto con Los Blenders (2013). Foto: Gabriel Castro

Todo parecía calzar a la perfección, ya que tan solo dos semanas después salió Sí San José. The Tovver, Niño Koi, Monte, The Great Wilderness, Continental, Los Problemas y Polar fueron añadidas a mi lista de música que tenía que experimentar en vivo. Lastimosamente yo era un chamaco de 15 años, y la razón de porque me costó tanto conocer la escena empezaba a hacerse evidente.

era claro el sentimiento de que me estaba perdiendo de algo. De que no estaba realmente invitado a ser parte.

Trataba de mantenerme informado, pero con la mayoría de eventos siendo conciertos en bares de San José que terminaban cerca de la medianoche, de entrada  mi participación como menor de edad estaba bastante limitada.

Aproveché los conciertos que se daban en el FIA, en el Festival Imperial y en los Rock en el Farolito, y hasta logré colarme a un chivo de Ave Negra en el Teatro Laurence Olivier y a la presentación de La Pequeña Muerte de Niño Koi en el Latino Rock Café (todavía le debo una a Russell por prestarme la licencia), pero aún así era claro el sentimiento de que me estaba perdiendo de algo. De que no estaba realmente invitado a ser parte.

Pasó el tiempo.  Algunas bandas se disolvieron y otras comenzaron a surgir. Cumplí la mayoría de edad y empecé finalmente a vivir aquello que tanto anhelaba. Como ya podía entrar a los bares, no volví a pensar demasiado en todas aquellas trabas con las que tuve que lidiar antes. Claro, ya cuando el problema deja de afectarlo a uno es fácil olvidarlo, pero eso no significa que deje de existir.

Es un tema que tiene muchas aristas y que parte desde lo estructural, en donde no se cuenta con muchos recintos  pensados para conciertos en San José, dejando los bares con restricción de edad casi como la única opción que cuenta con las condiciones necesarias.

A pesar de esto, eventos como El Festival del Corazón de Colapso y espacios como Amon Solar han brindado propuestas inclusivas hacia la población menor de edad.

Que algunos menores puedan ver a esas bandas insignia y proyectos emergentes que tanto disfrutan es importante, pero la verdadera relevancia del hecho yace en la democratización de la escena y en el incentivar el diálogo entre los distintos agentes que la componen.

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Zopilot: El Último Concierto en el Cine Magaly (2015). Foto: Julián Garita

Que ese joven que ama a Dylan Thomas. pueda escuchar sobre Bruno Porter  de la boca de un veterano. Que esa banda de compas de antaño encuentre la pieza que le faltaba en un colegial muy fiebre de Los Waldners. Que ese mae de 15 años decida que quiere escribir sobre música luego de vivir la experiencia en vivo de Niño Koi.

Este sentir de comunidad transgeneracional es lo que motiva a Fuzz Wax. Un evento en donde Tierra Negra abre las puertas a cualquiera que quiera conocer la escena. 

La dosis de rock será proporcionada en diversidad de formas por Ave Negra, Las Robertas, Las Pyramides, Badsmoke and the Astral Haze y una banda sorpresa. A parte del chivo, se tendrá un mercadito de mercadería de bandas y un espacio de intercambio de artículos.

El evento es este domingo 16 de Julio en El Sótano / Amon Solar a partir de las 3pm, y es abierto a todo público.

El precio de la entrada es de ₡7000 el día del evento pero se puede conseguir por ₡5000 en la preventa en Twistin Bones (Sólo efectivo, 10-15 julio).

Entre aquellos que compartan la nota con alguna experiencia que tuvieron como menores de edad en chivos se rifará este deck cortesía de Nasional Skateboards (Modelo: El Cara E Tanda, grabado de Gabriel Dumani) y una entrada sencilla para el evento. 

No pierdan la oportunidad de ver a sus bandas favoritas mientras comparten con otra generación. Quizás se sorprendan por lo que tienen en común o complementen su visión a través de una perspectiva fresca. 

 

 

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