Destacado: Kendrick Lamar | “DAMN.”

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Kendrick Lamar, DAMN.

Sello: Top Dawg / Aftermath / Interscope

-ÁLBUM DESTACADO-

Era el 31 de diciembre del 2009, el último día de la década de los 2000. Obama cumplia su primer año de presidencia, Lil Wayne era el rapero más grande del mundo y Michael Jackson acababa de morir. En este contexto, un joven de Compton, California decide lanzar su EP debut. Se trataba de un adolescente que había empezado a lanzar tapes bajo el seudónimo de K.Dot.

Esa producción rompía las preconcepciones hacia el formato de un EP. 15 temas, más de una hora de duración, y material osado que rebosaba confianza. Esto es notable desde sus primeros dos temas, en donde el energético rapero amateur menciona los Grammy que ganará, la dicotomía del concepto de Good Kid, M.A.A.D. City , y hasta tira un shout-out (anacrónico en retrospectiva) a Donald Trump. Más allá del estimulante carácter premonitorio con el que pueden leerse estos versos en la actualidad, la razón de su mención yace específicamente en un par de líneas donde expone de entrada lo que sería, desde ese entonces, la base de su visión artística.

En “Is It Love” se disculpa luego de preguntar sobre la naturaleza ambivalente del pecado, enfatizando lo que describe como una “simple búsqueda de respuestas”. Por su parte, en “Celebration” menciona que el “Touch The Sky” de Kanye West se queda corto, su misión es tocar a Dios. Esto era un rapero que daba sus primeros pasos en el 2009, pero a su vez, esto es también Kendrick Lamar hoy.

Lo que mencionaba en ese entonces no es una conceptualidad que se puede explorar por un par de canciones y luego superar. Aquello era la conciencia de su ser. Esa que vemos en la intrincada narrativa sobre la juventud y las drogas de Section.80, que sentimos en la transformación espiritual a través de la vida en Compton de Good Kid, M.A.A.D. City, y que nos maravilló en la revolucionaria exploración de la cultura afroamericana de To Pimp A Butterfly. Esta es también DAMN., pero en donde sus obras anteriores apropiaron esta búsqueda desde lo implícito y lo inferido, su más reciente álbum es confrontativo en su indagación.

El conflicto de DAMN. es una exploración que va más allá de lo vivencial y aspira a lo trascendental.

Es cuestión de escuchar la frase que da inicio a “BLOOD“, y que se repite a lo largo del material, para darse cuenta. “Is it wickedness? Is it weakness?“. Este juego de contraste y dualidad entre la malicia y la debilidad plantea la conceptualidad más íntima que ha construido Kendrick. El conflicto de DAMN. es una exploración que va más allá de lo vivencial y aspira a lo trascendental.

Este primer skit muestra a Lamar trabajando en su registro lírico más poético e indescifrable, cuando relata encontrar a una mujer ciega y ser asesinado por tratar de ayudarla. La parábola es recitada con un spoken-word y una instrumentación pausada que le añade a la atmósfera meditativa. Existe variedad de interpretaciones a la significancia del hecho, pero antes de poder reflexionar demasiado, “DNA” hace camino con su ímpetu avasallador.

El tema da inicio inmediatamente luego de escuchar el infame clip de Fox News en donde se le critica por su letra “agitadora”. Como si fuera una respuesta directa, Lamar enlista las cualidades que siente ha apropiado culturalmente en su ADN. Estas están llenas de contradicciones, como la de su crianza inmerso en la decadencia contrapuesta a su rol auto-percibido de profeta y salvador. La intensidad de su flow le añade urgencia a esa incuestionable proeza lírica, y en este caso el beat de Mike-Will-Made-It (el primero de muchos dentro del álbum) cautiva con pesados bajos y un beat hipnótico antes de la transformación de la canción en uno de los despliegues más bombasticos y demenciales de la memoria reciente.

Cuando Lamar menciona su nueva identidad como israelita (miembro del pueblo elegido de Dios), no se trata de dejar de lado su esencia afrodescendiente, sino de sobreponer su búsqueda espiritual a su agenda sociopolítica.

El ritmo naturalmente baja en el siguiente tema, la pausada “YAH”. El beat de Sounwave y DJ Dahi sumerge en una vibra psicodélica sobre la que Kung-Fu Kenny (su más reciente seudónimo en una larga lista) habla sobre su conciencia ante la tentación y religiosidad con un enfoque vocal melodioso y un tanto desapegado, elemento sonoro que se volverá recurrente en otros temas.  Cuando Lamar menciona su nueva identidad como israelita (miembro del pueblo elegido de Dios), no se trata de dejar de lado su esencia afrodescendiente, sino de sobreponer su búsqueda espiritual a su agenda sociopolítica. Esto es algo que mencionó en una entrevista luego del lanzamiento de To Pimp A Butterfly, en donde decía estar harto de exponer los problemas del mundo, y que iba a dedicarse en adelante a la búsqueda de respuestas. Desde su tercer tema, DAMN. deja claro que para Kendrick esa respuesta es Dios.

No es coincidencia que inmediatamente luego de visibilizar esta iluminación divina venga “ELEMENT“, donde se expone el lado más engreído que le hemos visto al artista de Compton. En esencia, el tema es la conciencia de Lamar sobre el trono en el que se sienta, exaltando como se lo ha ganado y desafiando a su competencia a venir tras de él. Pero esta corona que porta es una que está llena de púas y su reino no podría estar más alejado de la pureza.

Ser un profeta es una labor desolada en donde la única lucha es contra las inseguridades que surgen de uno mismo. Esta confusión lleva al dolor inminente al que se llega a la hora de la realización de que los ideales que se defienden no necesariamente son algo que se ha podido apropiar. Este es Kendrick en su faceta más afligida, recitando de forma claramente afectada los introspectivos versos de “FEEL” y “PRIDE” sobre hermosas instrumentaciones de Sounwave y el joven prodigio Steve Lacy.

La contraparte sonora y emocional llega en el sonado adelanto “HUMBLE”. El Lamar agresivo y directo de “DNA” apropia la ostentosidad vista en “ELEMENT” y  vuelve con toda fuerza sobre el electrizante beat de Mike-Will-Made It. Esta es la versión de Kendrick del banger que domina los charts y emociona hasta al escucha casual, pero siempre concebido bajo sus propios términos y ejecutado con maestría.

De lo accesible a lo denso, el álbum mantiene su juego de dualidad con “LUST“. La producción del trío de jazz BADBADNOTGOOD forja una atmósfera misteriosa y reflexiva con oscuras progresiones de piano y percusión invertida que consolida el sentir de la canción. El rapero deconstruye los excesos mencionados en el tema anterior, exponiendo la banalidad e insignificancia de sentimientos carnales como la lujuria. La estética sonora aquí complementa a la perfección las cualidades de Kendrick, algo que lastimosamente no se puede decir del tema acompañante, “LOVE”.

Ya en “LOYALTY” Lamar había jugado con la intención de crear una canción Pop directa y digerible. En ese tema su ejecución vocal melódica tiene sentido, a la hora de considerar la aparición de Rihanna, y si bien su desempeño en este estilo deja que desear, el beat de Terrace Martin es suficientemente interesante con sus samples vocales alterados. En “LOVE”, el formato de balada y el beat meloso le exigen mucho más vocalmente, pero a pesar del claro sentimiento con el que canta, Kendrick simplemente se encuentra encasillado en un molde que no le permite ejercer sus fortalezas, y las inserciones a lo de The Weeknd de Zacari hacen poco para ayudar.

Más allá de lo musical, quizás lo más decepcionante de estos temas sea lo conceptualmente convencionales que son, hablando del amor y lealtad sin mucho aporte novedoso. Aún dentro de la gran narrativa de DAMN. estos se sienten como desviaciones aisladas y fuera de lugar.

Caso opuesto se da en “XXX”, la anticipada (y muy temida) colaboración con la banda U2. La ambición del tema es abrumadora. 5 productores, 3 cambios de beat, y un coro del mismísimo Bono, pero el resultado cumple con creces. La desolación de “PRIDE” se extiende al punto de pintar un panorama apocalíptico en donde rige el nihilismo y la decadencia. La forma de Kendrick de narrarlo liricamente es brutalmente devastadora, exponiendo la violencia cotidiana de forma directa y condenando la realidad actual estadounidense de forma poética. Conceptualmente remite al fabuloso “untitled 01” de untitled unmastered, y musicalmente juega con elementos similares de abrasividad.

El momento de inspiración de “XXX” se extiende durante todo el acto final de DAMN., empezando por “FEAR”. El beat melancolico y pausado, los samples de música soul, y hasta el desconcertante uso de rebobinado cimentan las bases de lo que es uno de los momentos estelares de Kendrick Lamar como narrador. La canción tiene como eje temático el sufrimiento y el miedo que se siente en distintas etapas de la vida, y expone esos momentos específicos en donde no queda más que cuestionar directamente a Dios.

Primero, a los 7 años, cuando el resguardo lo es todo, Lamar explora su miedo al rigor de su madre, recitando desde su perspectiva de autoridad las consecuencias de no hacerle caso. A los 17 años la incertidumbre se apodera de su ser, y en un contexto donde la muerte es algo normalizado, solo queda recitar de forma displicente las múltiples formas en que es posible perecer. Aún a los 27 años, ya consolidado y habiéndose sobrepuesto a la adversidad, el miedo es algo que lo carcome en su día a día. El miedo de perder todo lo que ha logrado, y de que la motivación para hacer arte se esfume. Hacia el final del tema se da cuenta que su miedo y arte co-existen y se nutren de sí mismos, y  llega a la conclusión de que para mantener ese balance Dios es necesario en su vida.

Esta idea queda clara dentro de la genialidad de “FEAR”, pero Kendrick decide resaltarlo aún más y de forma más directa en “GOD”. En una seguidilla tan destacada de temas como la que venía, la canción se siente un tanto redundante en cuanto a temática, y musicalmente expone los mismos problemas vocales y de composición antes mencionados en “LOYALTY”  y “LOVE”. Afortunadamente, el cierre recobra su fuerza con “DUCKWORTH“. 

DAMN. culmina con esta historia de vida callejera, narrada con la maestría descriptiva e inmersión detallista con la que Lamar nos tiene acostumbrados desde el 2012. El recuento relata la forma en que el productor Top Dawg casi mata al padre de Kendrick en un altercado, mucho antes de que ninguno supiera el destino del joven. La naturaleza casuística del episodio pone en perspectiva lo volátil que es la vida dentro del contexto de crianza urbano-marginal, y recontextualiza no solo las preocupaciones temáticas dentro del álbum, si no la trayectoria misma de Kendrick Lamar como artista. ¿Es quien narra el niño que se quedó sin padre y guía en un mundo de pandillas o el joven que superó la adversidad gracias al soporte espiritual? Su obra parece siempre explorar el diálogo entre ambos.

El arte de Kendrick Lamar parte de un lugar muy personal y de su experiencia de vida específica, pero su forma de retratarla evoca sentimientos universales.  Es esta misma dualidad que tanto marca a DAMN., el álbum más ambicioso y a la vez más directo de Kendrick. Su esfuerzo más desarticulado, pero también su narrativa más cohesiva. Es su celebración en la cima del mundo, pero nunca había estado más dolido. Aún luego de dos hitos inmensurables como lo son Good Kid, M.A.A.D. City y To Pimp A Butterfly, el rapero de Compton sigue encontrando nuevas maneras de hacernos maravillar, y si bien no todas sean igual de efectivas, ni aspiren a marcar la pauta de la misma manera, nunca alguien podrá decir que carecen de inspiración.

Quizás en su momento nadie lo asumió, pero es como si aquel 31 de diciembre con el que culminó la década pasada marcara un antes y un después en la historia de la música popular.

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