Editorial: Happy Hour en el Poás, boca de carne en La Flota

Por Daniel Ortuño 

Foto por: Cami Naranjo (Chicheme)

Hace algunos años, por esta misma época, San José, para efectos prácticos se consideraba muerto. O por lo menos en coma hasta el año siguiente cuando eventualmente en algún momento entre febrero y marzo, el quehacer cultural se reactivaba. Era durante ese impasse que mi amigo Rodolfo y yo vagábamos a pie por una ciudad que poco a poco se desvestía de gente, compartiendo cervezas de cantina en cantina, elaborando teorías acerca de lo que nos rodeaba musicalmente. ¿Dónde estábamos?¿Hacia donde íbamos?

Al empezar este año yo tenía muchas expectativas. Creía que todos esos esfuerzos individuales y colectivos que se habían venido haciendo desde hacía algunos años por fin rendirían fruto de una manera palpable. Y no es como que de cierta forma no haya sucedido, pero lo que yo preveía como un ascenso constante de repente se empezó a ver como una onda sinusoidal.

El sábado pasado fue la última noche de El Steinvorth, bar que durante varios años fue pilar de la vida nocturna capitalina, incubadora de nuevos proyectos, desde la música electrónica de baile hasta bandas de rock. Unas semanas antes anunciaban su separación Florian Droids y Zopilot! dos bandas de trayectoria consolidada dentro del a escena alternativa. Monte también anunciaba una despedida temporal de tarimas.

Las escenas se suelen mover en ciclos históricamente. Es cuestión de buscar en cualquier espacio temporal, en cualquier parte del mundo, para detectar patrones de picos de actividad y creatividad, seguidos por momentos que talvez (por lo menos en el instante) palidezcan en comparación. Son inevitables. Son necesarios.

Ya me ha tocado presenciar uno de estos ciclos, sentir la desorientación momentánea y el posterior reagrupamiento. Pero por cada baja hay una persona nueva que está aprendiendo a tocar un instrumento y trae consigo energía e ideas nuevas. Cada banda que perdemos deja un campo para las que vienen detrás (o las que regresan).

También sirve para reevaluarnos. Conforme el movimiento inevitablemente crece, nos enfrentamos a situaciones que talvez no teníamos que cuestionarnos previamente. Encontramos valor en los pequeños gestos, en el demo de bandcamp, en el chivo de amplis.

Este fin de año está cargado de conciertos y ya hay anuncios para el mes de enero del 2016. El mismo fin de semana del cierre del Steinvorth había más de una docena de actividades. Todas vibrantes, todas imperdibles. Nos encontramos de repente sin algunos espacios pero no escatimamos en crear otros.

No estoy seguro de si estaremos frente a la nueva ola. De lo que si estoy seguro es que hemos desarrollado bases para enfrentarlo de una manera diferente. Esta vez vamos a darle la bienvenida.

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