Zòpilot!, la jauría que aprendió a volar sobre la ciudad

Fotografía por Diego Navarro

La prisa mata amigo

-La Prisa

Diciembre finalmente. El irremediable correteo de final de semestre, búsqueda excesiva de regalos, el degollamiento comercial post “Black Weekend” y la conclusión de once meses casi que a la vuelta de la esquina. Es bien sabido que la culminación de un ciclo trae consigo un arrastre de aventuras y hechos que en las personas puede significar en melancolía, miedo a un nuevo ciclo y finalmente júbilo. Es 13 de noviembre y la noticia nos toma desprevenidos, ingenuos de las consecuencias. El propósito de Zòpilot! se nos recuerda en un post en Facebook donde el sentir la música y experimentarla a través de la honestidad ha sido el mayor reto de la banda josefina. Una despedida por escrito que anuncia la culminación de las presentaciones en vivo que la joven banda procreó por siete años gracias a un experimento sonoro que le debe todo a la juventud.

En el comunicado de su despedida le acompaña un vídeo en tonalidad monocromática, fiel a la ocasión más que de luto, una ocasión que merece respeto hacia cuatro maes que “se dejaron de varas” e hicieron una parte de sus vidas lo que más querían. El desconcierto surgió mientras leíamos las líneas, la tristeza y hasta la furia nos golpearon pero al final la empatía sacó lo mejor de nosotros. Nos tranquilizó leer esas oraciones en las que la banda deja claro que: “[han] crecido, vivido y aprendido juntos y eso nunca se va a separar. Por eso Zópilot realmente nunca va a morir.” Y no lo dudamos, lo supimos desde la primera vez que experimentamos junto a ellos donde sea que los hayamos escuchado.

Zòpilot es una banda que tampoco se salvó de las garras de la crítica -no constructiva- durante el auge de proyectos musicales emergentes de los últimos cinco años. Al igual que bandas hermanas (Monte y Las Robertas como ejemplos clarísimos) el joven proyecto pasó por los comentarios de los haters e intolerantes al referirse a la nueva propuesta que el cuarteto gestaba desde su adolescencia. Pero ¿qué es una buena historia sin adversarios? Satisface por ejemplo ver la imagen del evento de despedida que se asemeja al acontecimiento por el que Zòpilot pasa ahora: un amanecer crudo tal en la espera de la llegada de la claridad del mañana, la promesa de infinidad que la banda nos deja. El ruido de una generación.

12234981_1105182069492465_487838210657822003_n

Es la primera semana de Diciembre y dos días antes de la última presentación de Andrés, David Marco y Franco juntos como jauría sobre un escenario. El peso de los once meses anteriores se siente, el tiempo parece sobrarnos a algunos que hemos concluido nuestras jornadas académicas mientras que otros como Marco, guitarra de Zòpilot, quien anda en la corredera de final de cuatrimestre y no puede ser partícipe del chat que organizo junto a Franco, batería de la banda. La facilidad con la que fluye la conversación inicial es la misma con la que se logra escuchar su música, sin tapujos. Me hablan de la complejidad con la que se pueden dar los ensayos antes de un evento como el del viernes 4; visuales, un músico invitado y las ganas de llevar la experiencia del espectador a otro nivel en sus presentaciones.

Por más tapizada de melancolía que esté la despedida de la banda de los escenarios, la compostura se da fácil en la banda quien ha estado ensayando desde hace días para dar un concierto que resulte ameno. Los ensayos se dan en la casa de la familia Valenciano, donde los Zòpilotes se reunían desde sus años juvenales. Pronto la “Zopi Cueva” quedará como un tesoro en la casa de Santa Ana en donde los mejores años de los jóvenes quedarán guardados allí.

La historia es relatada con un punto que no se puede obviar, La Salle. El colegio con toda su demencia y aventuras significa para la banda un recuerdo que se mantiene con cariño y el motor (o espacio) fundamental que le dio vida a Zòpilot. La sinergía como ellos la llaman, comienza cuando David Bolaños entró al colegio La Salle en sétimo año donde ya estudiaban Franco Valenciano (su primo), Marco Alfaro y Andrés Araya; quienes crearon su tribu “casi que geeks de música” –según dice David- al compartir y conversar hasta más no poder de artistas nuevas, preocupaciones con lo que fueron forjando su amistad que a los años aparecería como leyenda en su página de Bandcamp “Somos una hermandad (…) El sonido de Zòpilot es una manifestación de nuestra amistad y es el resultado de la constante exploración sonora de la banda”.

Sin embargo el simple hecho de tener un mismo hilo en sus conversaciones no fue suficiente para calmar la sed hacia lo desconocido y fresco. No fue hasta que decidieron ser parte del concurso de música realizada en el colegio durante la Semana Lasallista (SEMLAS) donde como impulso lógico los cuatro se reunieron para tratar de expresar ese afinamiento y respeto por la música. Sin mucha pretensión ni ambición decidieron armar una corpulencia sonora con la que la banda afirma: “le arrancamos la peluca a los profesores y compañeros porque nunca nadie había presentado música original”. “Chicken’s dust” conocía el mundo exterior fuera de la Zopi Cueva por primera vez.

Pasó el tiempo y la idea de una banda era bien recibida, más con el apoyo de sus papás. La primera oportunidad de grabar el experimento sonoro que creaban aparece pero la grabación no fue como imaginaban, decidieron acudir en aquel entonces a Autómata para dividir el material grabado en 3 capítulos: ZOPI LOT. Para ese tiempo el colegio había concluido, las cédulas falsas ya no eran necesarias para entrar a los bares y todo un nuevo mundo con personajes afines al arte comenzaba a abrazar a los Zòpilotes.

Si bien la banda recalca que ninguno de sus EPs alcanzó el reconocimiento, sino fue un crecimiento o “pegue” que se dio únicamente porque eran gente de 17-18 años haciendo cosas irreverentes, lo cual creen que fue el detonante de la ovación. Muchos no lo creemos así, ¿cuándo fue que nos sorprendimos con esta banda? Pareciera que siempre estuvieron allí. Muchos nos perdimos sus emblemáticos eventos en el Festival Imperial, en Rock en El Farolito o el más reciente A Lot of Party y hubieramos dado lo que fuera por asistir a los tres. Hay algo muy curioso en la readiografía histórica de esta banda, por más tiempo que haya pasado y momentos oscuros (que desconocemos) que de fijo tuvieron, parece que una especie de iluminación o bendición estuvo sobre ellos. La suerte de convivir con personas cuyas energías estén al mismo nivel es envidiable y eso se transmite en una distorsión sonora que nos permite hablar horas de su música e incluso escribir ene cantidad de párrafos.

Como un Basquiat en formato auditivo (y hasta gráfico en su portada) llegó ZO, primer capítulo de la trilogía ZOPI LOT. El lanzamiento de ZO se dio durante un emblemático concierto de disfraces en el mítico Bar Retrovisor con la actividad bajo el título de Freak Night Auuut (FNA) donde la gente podía llegar disfrazada. El concierto es recordado por la banda como algo épico y ¿cómo no serlo? Era la probada de un movimiento generacional pompeado en audiovisuales, y sonidos únicos. Un preámbulo a la festividad que Zòpilot celebraría con cada concierto.

Freak Night Auuut (FNA)

El proceso productivo de cada material ha sido tan sincero y arduo como la misma relación de los Zòpilotes durante estos siete años. Luego de su intento fallido de grabación en un comienzo que desembocó en la extensión de 3 Eps y el anuncio de un LP en camino, sabemos que las cosas están bien, y realmente nunca dudamos de la capacidad del cuarteto para fundirnos en su sonido. Sin embargo el logro que la banda ha tenido no es retribuido únicamente a los cuatro, como parte de la jauría se encuentra Popeye. Popeye ha sido el sonidista de la banda desde hace tiempo (antes guitarrista de Le Pop) y ha sido esencial en el desarrollo de la banda ya que fue una de las primeras personas que creyó en Zópilot. “es una cerda, entiende tanto la música como nuestra forma idiota de hacer y se apunta a hacer horrible igual que nosotros entonces todo fluye excelente.” Al igual que Popeye, Pietro Valenciano y Cristian Weddel relucen en la lista de nombres que le han dado el lugar a Zòpilot que tiene actualmente. Tanto Cristian como Pietro se han encargado de adéntranos al mundo de la banda entrando por nuestros ojos, por su parte Weddel ha tenido la tarea de los visuales y Valenciano ha sido parte del proceso gráfico en las portadas así como el resto de integrantes de la banda.

Hablamos con la banda del “final” del Steinvorth y las palabras “muerte” o “destrucción” no tienen validez en esa parte de la conversación. Al igual que ellos como banda, ven el fin del ciclo del bar como un cierre que le dará paso a nuevas cosas. Las oraciones desembocan en que el final de los ciclos (tanto el Stein como Zòpilot y otras expresiones) es una oportunidad para que haya creación, o mejor aún, un chance para los que vienen atrás de inventar y proponer.

En cuanto al legado que la banda deja para una generación la pregunta surge y con eso florecen nuevamente argumentos que solo pueden darse si se tiene una gran capacidad de honestidad. La banda asegura que no sienten ventaja ante otras bandas pero sí creen firmemente que formaron parte de un movimiento importante en la escena tica alternativa junto a otras bandas muy buenas y donde todos trataron de nutrirse mutuamente. Bien lo dicen ellos, como a mucha gente le pudo gustar la propuesta, hay otros tantos que la odiaron pero únicamente será el tiempo y la gente quienes definirán el papel que Zòpilot jugó con todo lo que hicieron.

“Siempre hemos querido liberar mentalmente a las personas con nuestra música, porque eso es lo que hemos intentado hacer nosotros mismos con la música”

-Franco Valenciano

No hay duda en todo lo que se ha dicho anteriormente, Zòpilot se ha consolidado sin querer queriendo en un pilar de la música nacional que concluye para darle aire a sus integrantes frente a las constantes oportunidades que la vida presenta. Nuestra conversación termina con muchos “gracias” y “tuanis” de ambas partes y con un par de links en Youtube de bandas que nos gustan, esos músicos que suenan en nuestras computadoras nos representan, nos moldean y llevan a inspirarnos pero ¿a qué? El claro ejemplo lo tenemos en una banda que surgió en el colegio que por más fuera de lugar que se sintieron, tienen el privilegio de presentarse en el emblemático Cine Magaly.

El Magaly recibirá hoy una cantidad inesperada de jóvenes y adultos para presenciar la última presentación de Zòpilot en vivo. Después de hoy quedarán grabaciones en vídeo y en canciones de una expresión honesta de amistad y de cariño hacia la música. No hace falta leer todo lo anterior para entender qué es Zòpilot, sinceramente son palabras que adornan pero que sobre todo intentan enfatizar muy subjetivo el efecto que el sonido de cuatro jóvenes ocasionó en gran parte de una población en un mismo momento. Aunque sea con un “adiós” disfrazado de “hasta luego”, viviremos una vez más a Zòpilot, lo digeriremos, seremos uno más de la jauría.

Fotografía por Diego Navarro
Fotografía por Diego Navarro

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s