Review: Monte | “El Otro Mundo”

Monte – El Otro Mundo

Independiente

Puntuación: 85 (Álbum destacado)

Por Pablo Acuña


Por ahí del 2008 en los ojos de Adrian Poveda, Continental, su banda en ese momento, entró a un estado de esterilidad. Fue ahí cuando Adrian, con un 4-track de casete decidió incursionar en algo siempre riesgoso como su proyecto en solitario. No pasó mucho tiempo para que Poveda se diera cuenta que era difícil hacerlo bajo sus propios términos y lo más lógico era integrar una batería. El elegido: Stefano Giustiniani. Ellos lanzaron su primera producción, el EP Monte producido, grabado y mezclado por Automata y masterizado por Russell Cottier en UK, en agosto de 2011. El debut encuentra al compositor explorando algunos sonidos musicales inéditos y entrando a una diversificación en el territorio más experimental que no se había escuchado mucho en ese momento. La cantidad de atmósfera que Poveda logra crear con este mínimo de herramientas es realmente impresionante y reafirma su posición como uno de los compositores de canciones pop lo-fi más prolíficos e innovadores en nuestra tierra. Bajo el escudo de que lo único que es permanente es que todo cambia, Monte fue presa de esa filosofía de la vida tan inevitable.

Más adelante Gustaniani tuvo que salir del grupo y su lugar lo tomó el baterista Franco Valenciano, en ese momento un Roberta, que llegó a impregnarle a Monte más personalidad y presencia. Esa forma de reflexionar ante la realidad evolucionó a una preocupación por su lugar en el mundo, su ciudad, San José. En varias ocasiones Franco fue el líder en salvar, restaurar o rescatar ciertas áreas y parques en nuestra capital, en eventos maratónicos que incluían arte y música. Pero mucho más que eso incluía concientización de que esa ciudad es como un armario de experiencias, obstáculos, vivencias muy personales, y que el intento de proteger ese ropero es un intento de aferrarse a esas memorias y no dejarlas ir nunca.

Con Pablo Rojas como su tercer adquisición del grupo, Monte se aleja un poco de su inicio. No hay mucha diferencia entre este nuevo álbum, El Otro Mundo y homónimo, aun así, cavan estrechas y sutiles modificaciones y emergen desarrollos periféricos. La mezcla es más densa. “La Luz” es vivo ejemplo de eso. “La Luz “presenta una lírica algo confusa, pero es el estándar de la banda, de su fácil transición de melodías dulces a algo más austeras. Se empieza a percibir una estética general de El Otro Mundo lejos de ser sorprendente pero completamente bienvenida.

“El Descenso de los Voladores”, la asombrosa pieza central de casi 3 minutos, demuestra que Monte son conscientes de sí mismos, tienen un sentido que coincide con su entorno. Hay dominio de la forma, la destreza instrumental, y en un track que se nutre de la imprevisibilidad. “El Descenso de los Voladores” provoca la respuesta más inesperada pero tan anticipada (por muchos de nosotros) del álbum. La versión 1 de “Cuevas” ofrece un interludio ya familiar para cualquier seguidor de la banda e introduce la montaña rusa de emociones que se aproxima.

Con dos niñas sampleadas diciendo “Hola”, la cuarta canción del EP no puede presentarse de manera más mágica y consoladora. Ahí radica su atractivo, la forma en que se siente acogedor y no planificado. El contraste viene en “Patrulla Reina para Siempre”, el track más memorable. Las palabras tan concisas y directas que no solo golpean con torpeza, sino que también lo hacen en voz alta. Líneas como “Nos sentamos a intentar no estar tristes”, “Necesitamos arriesgar no estar tan bien” y “Y cuando entierre mi cabeza estaré bien” proporcionan el mayor impacto, todo es demasiado agresivo para ser conmovedor. Y confuso para ser entendido. Pero duradero para poder sentirlo una y otra vez.

Las 5 pistas El Otro Mundo cuidadosamente dividen la diferencia entre la exquisita grandilocuencia y algo más humano. Todo esto es una prueba de talento de Poveda en la creación de un flujo interminable de mundos sonoros utilizando poco más que un 4-track, su guitarra/voz, adicionando la magia de Valenciano en baterías y teclados, Rojas en el bajo y demás en palmas, grabaciones, etc. Estas herramientas, junto al ligero re-alineamiento de las influencias culturales de cada elemento en el grupo, logran hacer un catálogo que casi podría existir en cualquier época.

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