Review: Death Cab for Cutie| “Kintsugi”

Death Cab for Cutie, Kintsugi

Atlantic; 2015

Puntuación: 72

Por Marco Gölcher

“Kintsugi” es una práctica en las artesanías japonesas que consiste en tomar los fragmentos de algún objeto roto y formar algo nuevo a partir de estas, integrando la ruptura del objeto como un evento importante en su vida, en lugar de ignorarlo y esconderlo.

Esto es exactamente lo que Death Cab for Cutie ha hecho en su más reciente trabajo, titulado igualmente, Kintsugi. La reciente perdida del guitarrista Chris Walla (quién deja este disco como su carta de despedida), al igual que experiencias personales de los miembros de la banda relacionadas con pérdidas han sido integradas en un sólo disco, sincero y melancólico, lleno de la música pop más pura que Ben Gibbard pudo haber escrito a estas alturas de su carrera.

“No Room in Frame” abre el disco de forma segura, apegándose a la estética sencilla y limpia pero siempre con ese filtro de tristeza que Death Cab for Cutie con tanta frecuencia utiliza. A partir de ahí es un viaje cómodo, simple, es ir en el asiento del copiloto con la ventana semi-abierta mientras se piensa en todo lo que se dejó detrás. Por fortuna, el disco no cae en la monotonía, gozando de momentos de alta energía como The Ghosts of Beverly Drive” y Good Help” al igual que momentos en los que matices más tenues toman protagonismo, como en You’ve Haunted Me All my Life” y Little Wanderer”.

Como si fuera una intención pragmática, la nostalgia hacia discos como Transatlanticism y The Photo Album también se esconde tras los sonidos de Kintsugi, y magníficamente logran pasar sin causar que el disco se vea como un retroceso, al contrario, crea progreso. Materializa espléndidamente uno de los temas del disco: Seguir para adelante sin dejar de ver hacia atrás, porque no tiene caso esconder el camino recorrido sí gracias a este estamos donde estamos.

Si bien este disco no se perderá entre la discografía de Death Cab for Cutie gracias a sus logros temáticos y sonoros, algunos temas, principalmente en la segunda mitad del álbum, no logran crear mayor impresión en el oyente. Hold No Guns”, por ejemplo, se queda corta y hasta vacía a la hora de traducir la idea detrás de la canción. Binary Sea”, el cierre de Kintsugi, es una adorable melodía de piano a dueto con una voz, pero aunque sí le da al disco el sentimiento necesario de cierre, se estanca como sólo una idea repetida una y otra vez hasta crear cuatro minutos de música y se acabó, no es un uso inteligente de la repetición.

Kintsugi no va a pasar desapercibido entre fans y no fans de la banda sin duda alguna, es como un respiro de aire, un descanso que es bueno tomarse de vez en cuando, para pensar en las cosas y admirar la carretera mientras uno se prepara para seguir. No ofrece una experiencia sin igual, pero no tiene que hacerlo, es un trabajo sencillo, digerible y agradable a los sentidos, una pequeña obra de honestidad y melancolía hecha para ser disfrutada delicadamente y recordarnos que no está mal si de vez en cuando las cosas se rompen, siempre se pueden reparar y continuar la vida.

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