Review: Kendrick Lamar | To Pimp A Butterfly

Kendrick Lamar, To Pimp A Butterfly

Top Dawg Entertainment/Aftermath Entertainment

Puntuación: 96 (Álbum Destacado)

Por: Alonso Aguilar 


En el 2012 un joven rapero llamado Kendrick Lamar captó la atención del mundo con un trabajo tan magnánimo, compuesto con tal maestría y dedicación, que este se forjó de manera instantánea como un clásico. Por supuesto estamos hablando de good kid, m.A.A.d city, la épica crónica de la cruda realidad de la vida en Compton, California. Claro, ese tema fue tocado múltiples veces por decenas de artistas décadas antes de Kendrick, pero nunca de tal manera.

La narración no-linear del trabajo cuenta con un aire cinematográfico que nos sumerge dentro de la historia, haciendo que cada situación y cada sentimiento sea genuinamente palpable, llegando a puntos de introspección en los que se siente hasta invasivo, esto complementándose con un Lamar en estado de gracia, sabiendo siempre cual flow dentro de su amplio rango se adapta mejor al tema y momento expuesto. La producción es simplemente inmaculada; desde la atmosfera sintética de la autorreferente “Swimming Pools” hasta la contemplativa tranquilidad de “Sing About Me” cada beat da vida a la temática de la canción, y de Drake hasta Dr. Dre, cada colaboración se siente justificada. Entonces, ¿cómo suceder tal obra? ¿Cómo seguir adelante cuando parece que se llegó a la cumbre? Por tres años todos aquellos que amamos ese disco nos hicimos esas preguntas, hasta que el domingo por la noche nos llegó la respuesta: innovando.

Cuando Kendrick lanzó la divisiva “i” a finales del año pasado, muchos pensamos que esta era la antesala de la búsqueda de un sonido más accesible para llegarle a un mayor público, pero la realidad es que no podíamos estar más equivocados. 

To Pimp A Butterfly es un álbum denso que demanda la completa atención del escucha. Acá no hay una cronología clara que nos guie, una narración tradicional, o un “Backseat Freestyle” o “Swimming Pools” que se pueda descontextualizar y cumplir otro propósito; esto es un ejercicio holístico y debe ser visto como tal.

Se podría decir que la experiencia quasi-cinematográfica de good kid, m.A.A.d city se ha perdido y dado lugar a una estructura más teatral en donde el protagonista evoluciona a través de un estado de conciencia que nos guía por diferentes viñetas, en donde lo que sucede en si no es tan importante como la manera en que esto le afecta y lo hace reaccionar (“Sing About Me” podría ser vista como un antecedente estilístico). Lo que termina de darle cohesión a la narrativa del álbum es la recurrencia de los temas que engloban los 79 minutos de duración del LP: el deseo, el poder, la fama, la raza, la responsabilidad del artista, por nombrar los más predominantes.

A pesar de los temas bastante serios que Kendrick toca, nunca se siente que se nos esté sermoneando o que haya un aire de prepotencia, problema que suele suceder cuando algunos raperos tratan de crear conciencia social. Estos temas son expuestos por medio de situaciones metafóricas y personajes alegóricos que se adaptan al tono lírico del material, haciendo visible la gran ambición del proyecto, pero nunca cayendo en la pretensión.  

La historia, bastante sintetizada, nos habla de cómo Lamar es seducido por la fama y sus excesos (Wesley’s Theory), a pesar de tratar de ejercer resistencia (For Free?), termina siendo corrompido por ese deseo de riqueza (Institutionalized) que lo lleva al borde de la autodestrucción (u) y lo aleja de lo que realmente importa, la gente que ama (For Sale?). Para renacer como persona, Kendrick vuelve al lugar que lo ve nacer (Momma & Hood Politics), pero incluso ahí se siente fuera de contexto. Es entonces cuando empieza a cuestionar el verdadero significado y valor de la fama, hasta que encuentra a Dios (How Much A Dollar Cost?) y se da cuenta que debe retribuirle algo a su gente, ya sea resaltando lo positivo (Complexion i), o sirviendo como su portavoz cuando hay que tomar acción y hacer autocrítica (The Blacker The Berry). La historia se desarrolla paralela a un poema que se va exponiendo en puntos clave de la narración, concluyendo en la épica y emotiva “Mortal Man”.

En esta canción  Kendrick comprende que su responsabilidad como artista es crear un cambio real, y para esto apela directamente al escucha, pidiendo su lealtad para lograrlo. Ya consciente de su lugar en el mundo, y el peso que eso conlleva, Lamar “conversa” sobre la realidad racial y el precio de la fama con quien fuera su gran inspiración, Tupac. To Pimp A Butterfly culmina apropiadamente con un último poema, en donde se explica el concepto detrás del título, algo en la vena del aclamado clásico literario de Harper Lee, To Kill A Mockingbird.

Más allá de la profunda temática, y de la probada calidad lírica y narrativa de Lamar, el álbum no funcionaría si esto no se complementara con música del mismo calibre; y ahí también el resultado es sobresaliente.

La convergencia de géneros con raíz afroamericana está presente en la totalidad del disco, en donde a pesar de solo producir el primer tema, se nota la influencia estilística de Flying Lotus; esto sin restarle merito a la excepcional labor de los colaboradores regulares de Kendrick, Sounwave y Terrace Martin, que realmente se lucen. Desde el sample de “Every Nigger is a Star” de Boris Gardiner con que abre el álbum, hasta la sutil instrumentación de jazz hacia el final de “Mortal Man”, se nota la dedicación por mantener esa cohesión conceptual.

Wesley’s Theory” ve al G-Funk revivir con el distinguidísimo bassline de Thundercat y la puntual pero efectiva colaboración de George Clinton. La producción de Martin en “For Free?” nos da una frenética ejecución de free jazz que en papel jamás hubiéramos pensado que funcionaria. “King Kunta” es una refrescante oda al Funk setentero de James Brown y compañía, en la que el groove se quedará en nuestra cabeza por días. La oscura y depresiva “u” se complementa con una densa atmosfera de free jazz y sintetizadores gruesos. “Hood Politics” convierte un sample de Sufjan Stevens en un nuevo himno de la costa Oeste. Hasta la alegre “i” nos sorprende con una versión en vivo cruda que encaja perfectamente dentro de la estética del álbum. Probablemente podríamos encontrar algo que destacar en cada una de las canciones de To Pimp A Buttefly, pero eso exigiría unas mil palabras más.

Una vez más Kendrick Lamar nos trae un trabajo inspirado, en donde se nota la dedicación con el proyecto final de cada una de las personas que estuvieron involucradas.

Mientras que en su trabajo anterior Lamar nos dio la obra esencial de lo que es vivir en Compton, ahora  nos da su perspectiva sobre algo mucho más universal, el mundo en el que vivimos como un todo, y los problemas con los que se convive día a día. Si bien es cierto que es inútil comparar experiencias auditivas tan distintas, podemos decir que con el paso del tiempo ambos proyectos serán vistos como clásicos. En donde good kid, m.A.A.d city perfeccionó lo que conocíamos como hip-hop contemporáneo, To Pimp A Butterfly optó por trascender el género. 

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