DTTR Presenta: The Wiesengrund Project

Por: Esteban Mora:

Muchos no saben que The Wiesengrund Project empezó como un trabajo de campo etnográfico: Sergio no solo hablaría o teorizaría sobre el ruido (es su tesis de sociología), sino que se sumergería haciéndola, participando de manera directa con quienes realizan ruido en el país, analizando sus ‘instituciones’, etc. Nosotros (lo digo como fan del ruido) somos como conejillos de indias de un juego perverso (está bien, por lo menos sádico) de cientificismo. La salida más fácil es la de decir que su trabajo (‘musical’) es trabajo para otro trabajo (teórico), pero esto no es lo más interesante: Sergio en ese sentido se vuelve sujeto y objeto de su propio análisis: cuando hace ruido se aliena, y cuando hace análisis se acerca a sí mismo; no hay momento de distanciamiento, frío y calculador, como comúnmente se habla de lo teórico, ni hay tampoco un momento romántico y fuerte de creación libre de inhibición. ¿Algo de esto importa? No. Pero es algo así como lo que dice Barthes de Brecht: la burguesía quiere olvidar que Brecht es teórico, no un organismo acéfalo y caótico; así lo hace tragar mejor.

 The Wiesengrund Project es paradójico todavía en otro sentido: la mayoría de su trabajo es una mezcla de música atonal y estructuras más tradicionales (especialmente en su último trabajo: Imago). En la escena de ruido o ‘noise’ internacional esto es algo así como una herejía actualmente: una serie de ruidistas (¿?) han empezado a incorporar elementos de ‘techno’ en su ruido. Para John Olson de Wolf Eyes esto significa (medio en broma, medio en serio) el fin de la escena: la muerte del ‘noise’. Pero además agrega otras cosas: allá el ruido parece estar decayendo en comparación a la década pasada; los lugares no se llenan, incluso cierran, los festivales no son tan grandes como antes, los proyectos se desarman o cesan por motivos familiares o personales, etc.

¿En cambio qué pasa aquí? Aquí estamos viviendo una explosión de ruido: se consolida el colectivo Extremos Sonoros; emergieron infinidad de proyectos nuevos (desde APF hasta Aracnophobia); aparecieron festivales alternos en Alajuela (me refiero a Delirio de Cordura y E.L.E., que son los que conozco); el compilado del Colectivo Experimental Sonoro donde aparecen grupos que no tengo idea de nada excepto del ruido; y por supuesto el ruido y el grindcore/noisecore (yo sé, algunos dicen que esos géneros no son iguales, pero dejémoslo ahí) de la gente de Cartago (Infanticidio, Exacerbación), etc. Lo que en EEUU es signo de decadencia, aquí en Costa Rica se convierte en lo otro. Y es que eso es lo gracioso y un poco lo que pone en duda Wiesengrund: hacer ‘post-techno’ dentro del ruido (¿y el ‘industrial’?) es prohibido dentro de los códigos del ruido, pero el ruido es a su vez prohibido por otros códigos musicales: hacer ‘post-techno’ como lo hace Wiesengrund (especialmente en vivo) se vuelve entonces la aberración de una aberración: no simplemente lo vuelve más acomodaticio a ciertos códigos culturales, sino que el solo hecho de criticar esto de Wiesengrund vuelve la crítica algo conservadora, como la ortodoxia de una heterodoxia. Ruidistas como Hijokaidan hacen J-pop, o William Bennett de Whitehouse ama la música pop: saben que el ruido se trata de retar los tabúes, y que el ruido puede muy bien morir (como teme Olson) una y otra vez.

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