Review: Swans // To Be Kind

tbk Swans, To Be Kind

 Young God Records

 Puntuación: 90 (Álbum Destacado)

 Por Marco Gölcher


Así termina el mundo, no con una explosión, sino con un baile.

Uno pensaría que después de casi  40 años de cantar, gritar, aullar y contorsionar su voz y su música, Michael Gira, cabeza de la banda experimental neoyorquina Swans, estaría agotado y rendido. Pero con To Be Kind, el más reciente esfuerzo de la banda, es obvio que la situación es contraria, siendo el trabajo más agresivo e intimidante, pero a la vez accesible de la banda en un largo tiempo. “Screen Shot” inicia este baile apocalíptico, moviéndose lento, malicioso y seductor. La flexible y escurridiza voz de Gira aparece en escena con cánticos simples y susurrados, a lo cual se van añadiendo capas y capas de guitarras y pianos para crear una tensión palpable que explota en un climax de ruido en el que los susurros se vuelven gritos y es el momento a partir del cual la agresividad característica de la música de Swans hace su primera aparición en el disco, pero no la más intensa.

Piezas eclécticas como “A Little God in My Hands” y “Oxygen” con un sonido tan intimidante como accesible son la mejores muestras de progreso en este disco para Swans, un conjunto conocido por su sonido en constante metamorfosis, el cual ha superado la prueba del paso del tiempo al no estancarse y demostrar que una banda resucitada no tiene que ser un reciclaje de sus antiguas direcciones, sino un avance seguro e impredecible.

El monstruo a la mitad de este album, “Bring the Sun/Toussaint L’Ouverture”, es el epítome del reto a los sentidos que es este disco, 34 minutos de violencia ininterrumpida barnizada con los alaridos de Gira y texturas y ritmos contagiosos, con una estructura un tanto forzada, pero nada inefectiva gracias a su atención al detalle y dramáticos movimientos, características claves de la majestuosa belleza escondida tras la rabia y la disonancia de Swans.

Disonancia que se hace a un lado en “She Loves Us!”, una bestia de dos partes con ritmos y cánticos tribales y bajos crujientes que crean una atmósfera caótica y que parece sacada de un ritual religioso pagano de caníbales, con todo y unos cantos siniestros de “¡Aleluya!” en el fondo de la canción.

Un aura de melancólicas cacofonías seguida de los últimos suspiros explosivos de esta bestia que ya se va a dormir termina To Be Kind con su canción titular y una frase curiosamente poderosa: “There are millions and millions of stars in your eyes”. Algo positiva para Swans. To Be Kind es un paso delante de The Seer (2012), con mayor exploración sonora, mejor producción y con menos restricciones creativas que hacen que este disco se asemeje más a una presentación en vivo de Swans, una sobrecarga sensorial de la cual no puedo escribir mucho, ya que lamentablemente solo estaría hablando de anécdotas ajenas.

Y aunque líricamente el disco no es particularmente impresionante o diferente de otros trabajos de la banda, hay que considerar que esta música no se trata de la letra, aunque suene como una excusa barata. Se trata de la experiencia sonora, musical, de sentir emociones a partir de la música en sí y de todas las sensaciones y sentimientos detrás de ella. Se trata de traducir las ideas, no en palabras, sino en sonidos. En la historia de los comebacks de bandas con su trayectoria previa, ha habido incontables decepciones, pero Swans ha demostrado no ser una de esas, con tres sólidos álbumes desde su regreso y sin planes aparentes de retirarse. El gigante vive.

En una nota aparte, el percusionista de la banda se llama Thor. En serio.

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