Review: Beck // Morning Phase

Beck, Morning Phasebeck

Capitol Records, 2014

Puntuación: 70

Por: Marco Gölcher

Despertarse lentamente de un sueño profundo, estar confundido respecto a qué fue real y que no, y darse cuenta de que todas emociones, todos esos recuerdos, voces y caras, no fueron sino un sueño, y la realidad perezosamente se empieza  a asentar nuevamente, así que no queda más que levantarse y afrontarla. Con esta breve descripción se resume como empieza Morning Phase, el más reciente esfuerzo del polifacético Beck, después de casi 6 años de silencio. Es casi como si esos 6 años hubiesen sido un sueño, del que ahora nos estamos despertando para ver qué nos ofrece el día, para vivir la vida nuevamente, situación en la que Beck probablemente se ve a sí mismo, ya que su prolongado silencio se debió en parte a una herida en la espalda de la cual ya sanó, evidenciado en la fuerza en sus pulmones como nunca.

Un intenso movimiento de cuerdas rasgadas arranca el álbum creando inmediatamente la atmósfera somnolienta y envolvente de esta obra, que pasa de una vez a “Morning”, una pieza cálida y nostálgica con una simple y prominente melodía de piano en la que encontramos a Beck desprotegido, sincero, aceptando sus propias debilidades y buscando una “luz en la tormenta”. Un coro triunfante adorna esta canción, cuyo sonido no hace sino abrazar y crear un sentimiento de paz y de seguridad. Seguido está la canción “Heart is a Drum”, que junto con otras demás piezas del disco, es una inocente y algo esotérica canción de amor. En estas, Beck es un hombre maduro, cantándole al amor de su vida, como nunca jamás la rechazaría, tal y como canta elegantemente en “Blackbird Chain”. Influencias sutiles de artistas como Nick Drake se dan a relucir acá.

“Blue Moon”, el single del disco, presenta un enfoque diferente, con un sonido más triunfante y envolvente pero que igual se mantiene con los mismos temas líricos de vulnerabilidad y humildad.

Sin embargo, no todo el álbum consta de estas fórmulas musicales. “Wave”, la joya que adorna el centro de Morning Phase, es una clase de experimento atmosférico abrumador. Un denso mar de violines, cellos y violas se mecen imponentemente alrededor de la solitaria pero decidida voz de Beck, quien se intenta abrir paso entre las olas de sonido para dar un grito de ayuda, reconociendo su propia insignificancia dentro de la inmensidad.

Después de ese momento, el disco parece caerse un poco en términos de frescura y originalidad, con canciones como “Don’t Let it Go” y “Country Down”, que no parecen aportar mayor variabilidad al disco ni musical ni líricamente, aunque sí mantienen la cohesión en ese sentido. Un respiro de aire fresco viene con la última canción, “Waking Light”, que viene a ser un regreso al sonido tan psicodélico y cálido de la primera mitad del disco, y paradójicamente cierra con lo que parece ser el momento de despertarse, como si todo el disco hubiera sido el sueño. Voces escondidas y airadas, reverberaciones gigantes, pianos manipulados, teclados suaves, y violines prominentes acompañan a Beck y su guitarra en este hermoso disco, que si bien no es una obra maestra, es refrescante al oído y una nueva adición al impecable catálogo del músico californiano, recomendado para todos los que disfrutaron Sea Change y Mutations.

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