Review: Zòpilot // “A LOT! of Fiesta”

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No existen palabras que logren describir el lenguaje de la música. Podemos leerla en gráficos dentro de un pentagrama, pero eso solo los músicos estudiados lograrán entender. Esa no es la intención de la música, es algo más universal. La música es para sentirla. Sentimientos que no tienen valor, que no tienen precio. Escuchar música es una experiencia, un evento de vida que bien se puede repetir todos los días escuchando una misma canción, pero no importa cuántas veces escuche esa canción, siempre la voy a disfrutar porque me genera “algo”, un sentimiento. La divinidad de lo intangible. Esas “cosas” que sentimos que son inexplicables, que no entendemos cómo llegaron ahí y que tienen un poder de control sobre nosotros. No tenemos el control. No podemos agarrar una nota que viaja a través del aire, y por dicha sino alguien intentaría apoderarse de esa nota, ponerle un precio y hacerla inaccesible a los que no gozan de dinero. Talvez no tengas plata, pero tienes oídos que no cobran derecho a los sonidos que entran en ellos. Tenemos libertad de apreciar y disfrutar la música porque es colectiva, todos nosotros tenemos la disponibilidad y accesibilidad a sentir. No importa si eres ciego, mudo o inclusive sordo, siempre vamos a lograr sentir la música, ya sea viendo a una persona bailar o oliendo el sudor del público dentro de un moshpit. Envidio a los cenestésicos, ellos logran sentir las intenciones de la música en su totalidad, en su esencia más pura y humilde. Los sonidos que ellos escuchan tienen un poder sobre todos sus sentidos. Control melódico. Debe ser hermoso.

Zòpilot para mi ya dejó de ser una banda. Ahora lo comprendo como un sentimiento. Un sentimiento de hermandad que Andrés, David, Franco y Marco vienen construyendo desde el colegio. Un sentimiento de amor que ellos no sueltan y que por algo siguen juntos haciendo lo que más les gusta. Un sentimiento de dedicación que se ve reflejado en sus composiciones y en los detalles de sus canciones. Un sentimiento de madurez que se ve expresado en sus presentaciones en vivo donde la comunicación visual entre ellos ya no es necesaria. Ellos se sienten unos a los otros para generar este sentimiento único, propio e unísono. Que va a ser un sentimiento que ninguno de nosotros va a lograr entender porque es propio de ellos. Nosotros no sentimos lo que ellos cuatro, juntos, sienten cuando se suben a una tarima. Podemos escuchar su música, bailar su música, apreciarla y compartirla, y eso va a hacer que ese sentimiento crezca entre ellos. Esas sensaciones que nosotros los espectadores sentimos van a ser canalizadas hacia ellos y los va a ayudar a crecer, a alimentarse del cariño de los demás. Solo eso va a impedir que dejen de darnos lo que nos gusta de ellos. Es tanto de ellos como de nosotros, es retroalimentativo. Zòpilot es el nombre de un sentimiento materializado entre cuatro amigos, un sentimiento que quieren compartir con nosotros para que también lo disfrutemos.

Démole comida y calor a esta bestia alada para que vuele y no muera.

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El pasado sábado nos invitaron al emblemático edificio Steinvorth para ser parte de una fiesta, un concierto, una exposición de arte, un show, un evento de vida: la presentación de la última parte de su trilogía discográfica, LOT!. Todo influenció en lo que fue la vivencia del suceso, tanto los detalles arquitectónicos a lo art nouveau del edificio que cautivan nuestra mirada y nos hace sentir cómodos dentro de ese espacio, como las enormes telas que iban de piso a techo donde se veían proyectadas las sombras de nuestros músicos, como la instalación de globos en el cielo, los juegos de luces, quienes fueron, amigos y desconocidos, y la actitud que llevaron consigo. Y por supuesto, insaciables horas de planeamiento. Había mucha energía contenida en un espacio muy especial gracias a la ayuda del maestro de obras Diego Navarro, el sonidista Popeye Noguera, el propietario Julián Mora y el equipo de trabajo tras bambalinas. En palabras de los mismos zopilotes: “Sin duda anoche fue el mejor concierto de nuestra historia.”

Una historia que todavía tiene mucho por contar.

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Fue un concierto maratónico de 2 horas muy bien ejecutado con diferentes picos de intensidad. Ellos nos generaban ambientes a través de su música, ambientes proyectados en quienes bailaban o quienes estaban en estado hipnótico. Era energía en constante cambio. Ya fueran canciones rápidas y pesadas o lentas y suaves, siempre el descontrol físico de nuestros movimientos estaba presente. Miraba al público y todos sentían lo mismo, y lo sabía porque lo veía en sus expresiones faciales y en sus danzas sincronizadas. Todos ahí adentro en ese momento estábamos compartiendo y viviendo el mismo sentimiento, ese sentimiento culturalmente llamado Zòpilot. 

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Franco malcriado.

Entre canciones se subió un hombre enmascarado con un pasamontañas. Nos dio un discurso y abiertamente lo escuchamos. Nos dijo que ese era un momento donde todos estábamos experimentando la misma vivencia y que fuéramos abiertos a expresar nuestras emociones sin vergüenza alguna porque no importa a quien tengas a la par porque esa persona está en las mismas que uno. Que todos junto a Zòpilot íbamos a pasarla bien. Que nos acompañáramos unos a los otros y que no importara si eran desconocidos, que lo importante era compartir el momento y que nos complementáramos con la banda. Y como si fuera un dictador, todos le hicimos caso.

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Que se hagan más presentes estos motivadores en los conciertos por favor. O a quienes asistimos, dejémonos de pendejadas y que no nos de pena expresar lo que sentimos cuando escuchamos una banda en vivo. No importa que nos hagan ojos si empezamos a bailar dentro de un público inmóvil. Es uno quien se está divirtiendo. No dejemos que el juicio de los demás nos detenga de hacer algo que nos hace sentir bien.

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Pana de Alphabetics junto a Guayo Mena de 424 disfrutando del show.
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También Beastie de Alphabetics y Diego Trika de The Great Wilderness se unieron a la fiesta.

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Horas previas al concierto, el guitarrista David Bolaños nos compartió un poco de su tiempo para una entrevista. Él nos cuenta cómo fue cuando decidieron dividir lo que iba a ser un primer LP y cómo se embarcan en un viaje donde buscan un sonido propio.

D: En nuestro primer disco teníamos 18 o 19 años y nada más nos metieron en un estudio, nos dijeron “Dele. Toque. Yo le doy aquí record” y ya, era eso. Me acuerdo cuando llegaba al estudio y me preguntaba “¿Nadie me va a ayudar? ¿Nadie me va a decir nada?” Yo era demasiado novato. Yo solo llegaba, conectaba, me ponían un click, le daba y ya. Hicimos un LP en ese momento de 10 o 12 canciones y cuando terminamos de grabar y empezamos a mezclar nos dijimos “Esto no está bien”. Lo que hicimos fue agarrar las piezas, irnos donde Automata y pedirle que nos las mezclara. Mezcló las primeras 4 y nos dijimos “Guardemos las otras, las vamos mezclando y hacemos 3 EPs, ZO-PI-LOT, con las mismas grabaciones”. Pero después llegamos a un punto donde nos dijimos “La verdad es que estas grabaciones no están bien. Hagámoslas de nuevo.” Y entonces ahí fue cuando empezó todo el ride…

DTTR: ¿Entonces el LOT sería como el sonido más afín que tendrían de la banda, el sonido más propio, puro y real?

D: Sí. Definitivamente. El PI ya está más cerca, es un avance grande desde el ZO. Pero sí le falta como… no sé. No sé qué le falta. Algo le falta.  Como que en el LOT ya todos los instrumentos tienen su espacio definido.

DTTR: ¿Y las piezas que están en el LOT son canciones que grabaron en el primer LP?

D: Son piezas viejas y nuevas. La idea original era agarrar las piezas viejas grabadas en el primer LP, volverlas a grabar y ya. Pero di, en el proceso unas se quedaron, aparecieron nuevas, y digamos, “Naranja”, es de esa época del primer disco. De hecho esa pieza la hicimos en el cole. Pero digamos, hay otras como “Zoo BBQ” que es de las más recientes pero igual es una pieza que tiene más de un año.

DTTR: Todo esto fue un proceso de más de 3 años donde experimentaron diferentes circunstancias, tanto en el espacio donde grabaron las canciones, quienes mezclaron los tracks y quienes masterizaron los ZO-PI-LOT, todo para llegar a lo que ustedes consideran que es el sonido característico de la banda. Un viaje con muchas experiencias donde trabajaron con muchas personas y situaciones diferentes. ¿Qué han aprendido y cómo canalizarán ese aprendizaje?

D: Hasta ahora sentimos que la música que está grabada está sonando a lo que nos imaginamos y a lo que escuchamos cuando tocamos. En los otros discos no fue tan así porque todavía nosotros no sabíamos cómo lograr plasmar esas ideas, entonces todo ese proceso, todas las personas con las que trabajamos nos ayudaron a descubrir exactamente como plasmar esa música y como trabajar con un ingeniero de sonido para sacar ese sonido en particular. Lo que queda es ese aprendizaje de cómo lograr plasmar esas ideas de una manera más real y que le haga justicia a nuestra música.

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DTTR: Luego de varios años de ser una banda instrumental ahora están introduciendo lo que es la parte vocal. En sus más nuevas canciones, fuera del LOT, Marco y usted están cantando. ¿Qué significa esto? ¿Es parte de la evolución de la banda? ¿O es una etapa de experimentación?

D: Que no hubiera voz nunca fue como “Mae, no vamos a tener voz”. La verdad nunca nos importó, nunca nos aferramos a la idea de que no hubiera voz. Simplemente no había voz porque ninguno cantaba. Al principio siempre buscamos cantante, buscábamos y buscábamos y no salió. Pero empezamos a chivear así y a la gente le gustó entonces seguimos así. Pero nunca fue como una decisión, nunca fue mandatorio. Lo que sucedió recientemente fue que ya empezamos a tener una necesidad de “Qué ganas, qué ganas de cantar”. Nada más lo empezamos a hacer y ya. Lo que pasó fue que Franco empezó a hacer voces ambientales, hizo  “Mathemasician”, y luego mientras grabábamos “Zoo BBQ” en el estudio, el mae le hizo una letra y ya, se mandó y la cantó. Pero también es medio ahí, como en el fondo. Lo que pasó después fue que a Marco se le metió la idea de que quería cantar e hizo una canción, “Las Sandalias del Diablo”. Y cuando Marco se mandó di yo también me mandé jajaja. Digamos, yo siempre he cantado mucho en el sentido de que canto todos los días porque a mí me encanta cantar, canto en el carro todo el tiempo, y yo siento que de tanto darle ya por lo menos estoy seguro de cómo hacerlo más o menos. Igual todos somos cantantes como “mediocres”, en ejecución somos muy novatos todavía pero por lo menos ya tenemos la confianza de mandarnos.

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DTTR: Lo que es el evento de presentación del disco, es más que solo ustedes dando un concierto, le están dando un espacio a diferentes diseñadores para que expongan su arte. Y quienes van a escuchar su música también tienen la posibilidad de conocer y apreciar diferentes talentos, aunque sea de artistas que no tienen relación con la banda o que su arte no tiene relación con Zòpilot. ¿Porqué decidieron hacer un evento así?

D: Yo siento que estamos muy marcados por lo que vivimos en el colegio. En el colegio estábamos todos juntos y nosotros éramos como… como… no éramos como los “freaks” ahí raros o rechazados pero sí éramos como un grupo muy cerrado… no cerrado pero medio alienado por la música que oíamos y por cómo nos comportábamos en las fiestas. La vara en el cole era el reggaetón en las fiestas y las barras libres, y todo el mundo, por más que eran metaleros o lo que fueran, les tocaba ir a las fiestas y matizaban, bailaban y arrepellaban. Nosotros nunca pudimos hacer eso porque simplemente era inconcebible. ¡Era una traición! ¡Era una basura! Nosotros siempre quisimos ir como en contra de eso porque nos enojaba. Igual uno puede meterse una fiesta, y uno puede pasarla bien y todo pero es solo de meterle un poquito más de cabeza en las cosas. Eso se traduce en el evento, en querer decir “Bueno, OK, queremos hacer algo distinto. ¿Qué podemos hacer? ¿Qué tal si hacemos esto?”. Fue como una lluvia de ideas que luego se fueron materializando. La idea detrás de todo es hacer una noche increíble, una noche que la gente disfrute demasiado por el hecho de que nos encanta este último álbum. Queríamos lanzarlo y que fuera la noche más épica que se pudiera hacer.

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DTTR: Y ustedes invitan al público a documentar el evento por medio de fotos o videos para hacer una compilación historiográfica, o sea, recordar esta noche. No solo que ustedes la recuerden sino que el público también, y para esto los espectadores deben sentirse cómodos o interesados una vez dentro del evento. ¿Parte de la presentación del disco es entender esas vivencias del colegio, aprender de ellas y saber cómo proyectarlas en un show para que el público entienda la intención del evento y verse involucrada dentro de él?

D: La idea es que la gente nada más se sorprenda. No tienen que sentir nada en particular. Que sientan lo que vayan a sentir. Simplemente queremos hacer algo que se salga de la cotidianidad para sorprender a la gente y ver qué pasa, qué piensa, cómo reacciona. Nada más ponerlos en una situación en la que no están acostumbrados. Por eso las telas y las proyecciones. Es como cuando uno tiene un ratoncito y uno está jugando con él entonces lo cambia de lugares nada más para ver qué hace.

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LOT!

Puntuación 9.1 (Mejor Música Nueva)

¿Y cómo es éste álbum que amerita un evento tan especial? Pues, especial. Dejando de lado los datos generales de la producción del disco puedo decir que las percusiones de Franco son un trance, y que junto a las modulaciones del bajo de Andrés se crea un ancla, una fijación de una base bien fundamentada. Que los riffs de David son como hermosas praderas que dejan cabalgar libremente las particulares melodías de Marco. Que el inicio de “Ris Par” emula una abducción alienígena donde lentamente, parte por parte y a partir de loops se va construyendo una sensación astral. Que “Mathemasician” incuestionablemente es un paradigma matemático de tempos y que es un viaje escuchar los cánticos de Franco en “Zoo BBQ”. Cada arreglo y detalle está posicionado donde debe, a su debido tiempo y en su debido volumen.

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He visto a Zòpilot tocar por más de 4 años y desde un principio me cautivaron. Han evolucionado exponencialmente desde aquella primera vez que los escuché en el ahora inexistente bar Jam donde me enamoré inmediatamente de “Chicken’s Dust”. Y me impresiona que toda esa música que componen la hayan venido haciendo desde el colegio. ¿“Naranja”, una canción que hicieron en el colegio? ¡Inconcebible! Pero algunas bandas rompen las leyes de la naturaleza y los aplaudo eternamente por eso. Comparto con ellos el pensamiento de que LOT es, sin lugar a dudas, la esencia de Zòpilot. Es lo que escucho cuando voy a sus conciertos. Me hace sentir lo que realmente percibo en sus presentaciones en vivo. Eso sí, sin la experiencia visual. Pero eso se arregla fácil, es tan solo de cerrar los ojos. Se proyectan ondas, ráfagas de luz, imágenes difuminadas de geometrías orgánicas que predisponen sus sonidos. En serio, siéntanlo. Escuchen el disco y cierren los ojos. Tal vez vean lo que yo veo detrás de mis párpados.

Y si no lo logran pues aquí les dejo algo más simple y gráfico de ver:

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