Review: London Grammar // “If You Wait”

01. Hey Now

02. Stay Awake

03. Shyer

04. Wasting My Young Years

05. Sights

06. Strong

07. Nightcall

08. Metal & Dust

09. Interlude (Live)

10. Flickers

11. If You Wait

Puntuación: 9.6 (Mejor Música Nueva)

El año en que Daft Punk le da nueva vida e ideas a la música electrónica, expande las posibilidades de lo que un artista electrónico puede ser y hacer. Los primeros en habitar en este universo, los colonizadores por decirlo así son los hermanos Guy y Howard Lawrence; Disclosure. House-retro contemporáneo, uno de los mejores discos del año sin duda, pero su mayor aporte al mundo fue crear espacios sónicos y dejar a otro artista tomar el lugar de privilegio. Juntando a muchos de sus colegas ingleses asociados, crearon obras magistrales electrónicas donde nos introdujeron para finalizar su obra a un tal trío, London Grammar

Dándose a conocer lentamente a través las redes desde finales del año pasado, el trio sacó su primer EP a principios de año tentando y enamorando a cualquiera que escuchase la voz celestial de Hannah Reid. Así fue creciendo a poco la popularidad del grupo hasta la llegada del esperadísimo debut de Disclosure. “Help Me Lose My Mind”, la contribución de London Grammar al disco es la última pieza del mismo y marca una diferencia clarísima con el resto. Es una pausa a los beats insesantes y movidos del disco para darle todo el espacio necesario a la vocalista para hacernos pensar, reflexionar, y darnos cuenta lo vivos que estamos y la necesidad de relacionarnos en la vida y encontrar un lugar idóneo emocionalmente en alguien. 

If You Wait, llega a continuar todo eso que nos regalaron en ese track, y más. Pasividad, elgancia, sutileza, versatilidad, volatilidad vocal y mucha melancolía; son los puntos básicos de este disco. Los acordes en staccatto de Dan Rothman no dan ni un segundo para pensar en el pasado y mantienen una cohesión sumamente manejable para la estructura del disco. Por otro lado los arreglos de viento, percusión y teclados de Dot Major sientan el río por el cual navega navega Hannah Reid en una pequeña balsa mientras nos narra sus penurias. 

El disco abre con la fresquísima “Hey Now” y continua con “Stay Awake” que a los pocos segundos mete una batería muy a lo trip-hop noventero más movida y alejada, casi como no queriendo ser parte de la canción pero dándole un matiz increíble y fino. Si tuviera que ponerle a una etiqueta a esta música sería, trip-hop exclusivo para ser presentado en un teatro Victoriano. En cada una de sus composiciones conviven el minimalismo y el maximalismo, porque cuando te suena como mucho es poco y cuando suena mucho en realidad es poquísimo. Es simplemente complicado y complicadamente simple. 

Las letras, no hay palabras. En serio que uno solo quiere recoger los pedazos de la cantante y darles cariño. Toda canción es una expresión de dolor y esperanza perdida. Sus letras son descritas por ella misma como, la gente que entra y sale de su vida. Llenas de romanticismo pasado y tristeza épica, Reid nos adentra en su sufrimiento. Decir no, no es una opción. 

“Wasting My Young Years”, el primer sencillo del disco narra el final de una relación y como la reciprocidad es necesaria e importante. Los primeros catorce segundos se sienten como la llegada al cielo y a primera oída fue lo más hermoso que había oído en mi vida, hasta que entran los vocales y el piano, superan a la intro. La canción no solo cuestiona el desperdicio de tiempo en una relación, también qué se hace con la juventud en general. Podemos estudiar, buscar trabajo, intentar subsistir pero, ¿que nos asegura que la sociedad no va a dar espacio para no desperdiciar nuestra juventud?

Como ya mencioné reiteradamente, la voz es el punto central del disco. El enfoque vocal es la parte más importante del disco y la entrega de la misma ataca los nervios, nos jala los pelos, nos conmueve, eriza la piel, tribula a la mente, al corazón, a todo. Una Florence Welch más controlada y elegante desata un disco de dolor sobre todo ser que lo escuche. 

Si algo nos dejó claro If You Wait también, es que las canciones de Kavinsky están hechas para ser covereadas por London Grammar, no tengo mucho que decir de eso, es mejor dejar que la música hable. 

El debut más elegante del año es este. Convertir sentimientos tan oscuros en belleza es un don que muchos pueden intentar recrear, pero pocos hacerlo un sentimiento consumidor del alma y desgastante a los sentidos. No importa, se vuelve a oír, no cansa. If You Wait no solo nos enseña el dolor, nos hace sentirlo también por un rato y cuando nos damos cuenta el disco termina y al día siguiente lo queremos sentir otra vez solo para sentirnos vivos. El trío inglés ilustra la crisis del primer cuarto de vida, de enfrentar el mundo adulto, seguir viviendo, y que sufrimos porque somos humanos, que lloramos y reímos, pero, nunca se está tan vivo como cuando se sufre. Hay luz al final del camino, siempre. 

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