El Archivo: Fiona Apple – Tidal

Soy pianista. O lo era. O lo fuí. O talvez sigo siendo pianista no-practicante, así como la religión que alguna vez nos inculcaron de niños pero dejamos de profesar: igualmente será siempre un filtro a través del cual se ven las situaciones.

El piano es el lente que me enseñó a escuchar; mi consuelo y mentor. En mi época de descubrimiento musical se oía en las radios Vanessa Carlton y Michelle Branch, chicas pop que no contaban con las curvas de la Britney o la voz de la Christina, pero que en ese presente era lo mejor a lo cual me podía aferrar. ¡Pero qué flacas me parecían sus canciones! Ni qué decir de sus voces. Fue ahí que me propuse mirar más atrás de “mi época” y di con la extrañeza de Tori Amos y la poesía de Fiona Apple. Entonces, se convirtieron en mis diosas de las teclas y me partía los dedos tratando de tocar sus piezas. De Little Earthquakes hablaré en su debido momento… pero, previo al lanzamiento de The Idler Wheel… y en la víspera de lo que pareciera ser una coyuntura decisiva en mi colección de Fiona Apple, el protagonista actual se llama Tidal, primera producción de la genialidad de esta niña.

Criminal” fue el primer sencillo del álbum que escuché por ahí del 2004, siete años después de su debut (claramente a mis diez años no hubiera prestado mucha atención a Fiona, lastimosamente). Narraba una historia que a mis casi 18 años ya se me hacía familiar, una que luego até a “Mistake”, canción del When the Pawn… y completé mi propia crónica. No es la canción que mejor representa al disco, pero si se convirtió en su emblema. Lleva un ritmo más acelerado, el piano queda relegado, y su tono claramente es uno comercial, mas conserva la genialidad de hacer afín estos elementos con las demás piezas del disco. Lo que dice lo hemos sentido todas, tanto las femmes fatales como las goody-good girls, “and it’s a sad sad world when a girl will break a boy just because she can.”

Sullen Girl” podría considerarse una pieza más apta para llegar a comprender de lo que se compone Tidal. Si quisieran conocer a quien escribe simplemente escuchen la letra de esta canción y empezarán a entender el misterio. Es por esto que a partir de ahí, Fiona fue mi hermana. En una época en la cual todo parecía estar en movimiento, sentía lo que me narraba cuando decía “And there’s too much going on/ But it’s calm under the waves, in the blue of my oblivion”. Igualmente, quizás hasta tocando una fibra más profunda, sucedió con “The Child is Gone”, una manera tan sensual de cantar esa pérdida de la inocencia con la cual muchas batallamos al vernos consumidas en el limbo entre ser niña y ser mujer. Entonces inevitablemente nos damos cuenta de que “as the darkness turns into the dawn/ the child is gone”.

Ambas piezas, al igual que “Pale September” y “Slow Like Honey”, por ejemplo, acarrean esa fuerte influencia del jazz y el blues. Lo idóneo es lo que logra el álbum al mezclar estos ritmos con un pop alternativo que está tan finamente diluido entre estas líneas que casi podría pasar por desapercibido, y sin embargo le agrega la particularidad que define a Fiona Apple como cantautora. Es suave, pero habla claro y fuerte. El amargo enojo del despecho se hace presente no solo en los mensajes idóneos que logran articular las letras de Apple, sino en el tono de su profunda voz y en los acordes casi disonantes de su piano.

Si tuviera que escoger la canción que condensa todos estos elementos a la perfección, no dudaría en destacar el que en su momento fuera el primer sencillo que se promocionó de este disco. Aún después de innumerables veces de escucharla, esa introducción de piano a “Shadowboxer” todavía la siento casi como una apoteosis. Es una progresión de acordes graves que se repiten a través de todo el track (característica clave en las composiciones de Apple) pero que mantienen a flote el dolor presente en el. Luego viene la voz profunda de Fiona; “Once my lover now my friend”, un espacio de silencio para asimilar la gravedad del asunto, y luego “ what a cruel thing to pretend”. Es una voz que a veces deja entrever una dulzura tosca pero amorosa, y en otras grita su desesperación, extendiendo el dolor de una pieza que nos hace oscilar entre la lentitud del recato y el enojo de la impotencia. En corto, es la narración misma de la letra, pero hecha música, pues esa aceleración y ese subibaja de la historia se materializa tanto en la voz de Apple como en el ritmo que traza la canción. Genialidad pura cuando los elementos comparecen, es casi imposible de (d)escribir, solo se puede sentir al escuchar.

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