Review: The xx – Coexist


01 Angels
02 Chained
03 Fiction
04 Try
05 Reunion
06 Sunset
07 Missing
08 Tides
09 Unfold
10 Swept Away
11 Our Song

Puntuación: 8

Escrito por: Manfred Vargas.

La leyenda cuenta que The xx grabó su disco debut en un pequeño garaje adyacente a su compañía discográfica, usualmente de noche y madrugada. Esa leyenda –que aparentemente es verdad- calza muy bien como punto de partida para un disco que, sin ser exactamente revolucionario ni nada por el estilo, sorprendió por la fluida forma en que logró unir ciertas tendencias dentro de la música indie y la electrónica inglesa del momento, creando un sonido nocturno, frágil, sensual y hasta conmovedor.

The xx no fue la primera banda inglesa contemporánea que intentó mezclar influencias electrónicas dance con indie rock (ni va a ser la última. Hola Muse). Pero el interés de The xx suele centrarse en géneros electrónicos más sutiles, notándose la influencia del minimal house, el techno, el trip-hop y el post-dubstep de artistas recientes como Burial y Four Tet, cuyos sonidos inquietantes, melancólicos, evocativos y espaciosos parecen haber limpiado el camino que bandas como The xx han atravesado para explorar su marca particular de miserabilismo urbano.

Y toda esta introducción es para decir que en este, su segundo disco, The xx ha realizado un trabajo todavía más minimalista y electrónico. Si bien el disco debut era bastante “callado” y “nocturno”, también es cierto que muchas de sus canciones tenían una estructura pop más tradicional, coros con los que podíamos cantar y ritmos con los que nos podíamos menear.

Coexist, en cambio, reduce todas esas características a un mínimo. En vez de buscar una evolución en su sonido (o de hacerlo más bailable), The xx idiosincráticamente buscó una especie de devolución. La guitarra de Romy Croft, antes tan presente, se reduce notablemente, lo cual provoca que sus breves apariciones sean más que bienvenidas. El bajo de Oliver Sim, por otro lado, toma un papel protagónico, al igual que las beats de Jamie Smith, las cuáles cargan con el peso estructural de todas estas canciones –llegando incluso en algunas ocasiones a asemejarse a beats de música dance, particularmente el house. Las vocales, de tanto Croft como de Sim, son igual de discretas que en el disco anterior, con la particularidad de que los hooks esta vez desaparecen casi del todo.

En esa línea, The xx profundiza una de las características más notorias de su primer disco: el uso de los silencios y de espacios vacíos. La música electrónica británica siempre ha tenido un sentido del espacio muy importante (sin duda bajo la influencia del dub jamaiquino) y The xx continúa con esa tradición. En este disco esos vacíos se hacen más comunes y la mayoría de canciones tienen uno o dos momentos en los que todos los -ya de por sí mínimos- instrumentos desaparecen de la pista (esto queda más que claro en Angels, el primer single).

Por último, en el departamento de líricas, la temática se torna tanto más oscura como vaga. En entrevistas, los miembros de The xx han dicho que, debido a la juventud con la que realizaron su primer disco, muchas de las líricas de sus primeras canciones fueron escritas desde un punto de vista ficticio o imaginado. Con este disco, y ya con algunas experiencias más de vida bajo la faja, pudieron escribir de una forma más sincera y concreta. Curiosamente, entonces, las líricas resultaron ser todavía menos detallistas y específicas, usualmente expresando alguna vaga expresión de desamor y anhelo que hasta roza con el cliché.

Pero, más allá de todo esto, al final de cuentas lo que siempre importó más de The xx es su capacidad para transmitir una atmosfera y un sentimiento particular. Nocturna, seductora, cautivante, urbana, subterránea; como lo que quieran decir, esa atmósfera se mantiene intacta en Coexist. Las canciones podrán ser menos pegajosas, las líricas más vaporosas, los vacíos más comunes y los momentos conmovedores más irregulares, pero The xx sigue transmitiendo esa extraña y apagada energía que los hizo sobresalir en su momento. Mientras no la pierdan, observar su crecimiento musical siempre será un proceso interesante y satisfactorio. Aún cuando esto implique reducir su sonido a lo mínimo.


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